Nirvana González. Coordinadora general de la Red de Salud de Mujeres Latinoamericanas y del Caribe en Chile

La presencia de los fundamentalismos la percibimos más explícitamente en un discurso religioso monolítico que se impone como verdad única en sociedades que son diversas y en Estados supuestamente laicos, o más difusamente, como ocurre con imposiciones sociales opresivas y a menudo violentas que se esconden tras la pantalla de la “cultura” o la “tradición”.

En todas las Américas, la ofensiva fundamentalista católica para el control de la sexualidad de las mujeres parece seguir, todavía hoy, las orientaciones del Malleus Maleficarum, que hace más de 500 años “alertó” y sirvió de guía a los inquisidores durante la Edad Media sobre la necesidad de mantener este control estricto, sin el que la “humanidad” estaría sujeta a todo tipo de males.

En América Latina y el Caribe, y en tantas otras regiones del mundo, en pleno siglo XXI, vemos como expresiones fundamentalistas como el asesinato de mujeres por hombres bajo el alegato de “legítima defensa de la honra” y los autodenominados “pro-vidas” (nosotras les llamamos “anti-derechos”), amenazan de muerte y golpean a mujeres que recurren a abortos, como en Estados Unidos, donde es legal hace más de tres décadas, aún son tolerados.

Y ni hablar de los fundamentalismos del mercado, que nos “bombardean” con directrices sobre cómo vivir, cómo amar, cómo consumir, e incluso cómo debemos morir.

La capacidad de dominación del fundamentalismo de mercado toma dimensiones impresionantes dado su unión indisoluble con la Iglesia Católica, los poderes de los Estados y con instituciones globales (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional). Los nefastos efectos que ese tipo de unión ha promovido son viejos y muy conocidos, como, por ejemplo, la tortura y el asesinato de las mujeres en las hogueras de la Santa Inquisición no hubieran tomado proporción de matanza, sin la alianza duradera de la Iglesia Católica con la nobleza. La esclavitud de los pueblos de origen africano y el genocidio de los pueblos indígenas en el Nuevo Mundo tampoco hubieran sido posibles sin la unión inquebrantable de la Iglesia con los poderes imperiales de entonces, así como las dictaduras de Occidente del siglo XX que también fueron avaladas por la alta jerarquía del Vaticano.

Independientemente de los objetivos de cada fundamentalismo hay un punto de convergencia entre todos ellos: todos quieren dominar, controlar, sujetar violentamente los cuerpos, las sexualidades, las subjetividades y las vidas de las mujeres. (1)

La historia reciente y pasada de América Latina y el Caribe está plena de ejemplos del accionar fundamentalista religioso, político, económico, cultural, pero también nos habla de ejemplos de rebelión. Los grupos humanos sobre los cuales autoritariamente se pretende ejercer hegemonía, ya no están dispuestos a seguir siendo sometidos. Los discursos monolíticos se desafían, las verdades únicas se contrarrestan, los dogmas se cuestionan, las tiranías morales se confrontan. (2)

¿Por qué nos tenemos que organizar las mujeres contra los Fundamentalismos?

Porque atentan al desarrollo de los derechos humanos y de forma específica contra los derechos y libertades de las mujeres. Porque aumentan las situaciones de vulnerabilidad en las que vivimos las mujeres; además inciden directamente en la consolidación del sistema patriarcal; afectan a la toma de decisiones sobre nuestro cuerpo, nuestra sexualidad y nuestra vida, al mismo tiempo que debilitan y fragmentan las estructuras sociales que alimentan los movimientos emancipatorios.

El resurgimiento de los fundamentalismos en nuestra región constituye un tema de particular importancia, actúan principalmente en el campo de los derechos sexuales y los derechos reproductivos tratando de frenar políticas públicas que garanticen el derecho de las mujeres a decidir sobre sus propios cuerpos, vivir una sexualidad placentera y segura.

El siglo XXI encuentra al movimiento feminista y de mujeres con logros que se expresan en avances y reconocimientos concretos de sus derechos como ciudadanas. Sin embargo, las mujeres continúan teniendo ante sí el desafío más básico de los derechos que la sociedad patriarcal resiste. Dicho derecho, es el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos, a su salud sexual, a que la maternidad no es el único destino y que la reproducción y el placer no están indisolublemente unidos.

Seminario Internacional “Estrategias y Acciones Proactivas frente a los Fundamentalismos en la Región”, Córdoba, Argentina, 2004.

En este sentido, los movimientos feministas y de mujeres, los movimientos de derechos humanos, deben unir esfuerzos para poder comprender la manera en la que operan los fundamentalismos religiosos y su vinculación con los fundamentalismos económicos y políticos, de manera que se puedan subvertir los mismos.

I. Desnaturalizar las prácticas de los grupos fundamentalistas.

En su reflexión sobre fundamentalismos, Marta Alanís se refirió a ellos como grupos antimodernos, antiseculares, que quieren imponer sus valores tradicionales al conjunto de la sociedad y que pretenden que la “ley religiosa” sea la “ley de la nación”. Entre sus características principales está el “intento de imposición de la propia perspectiva como la única aceptable, rechazo al pluralismo, desconocimiento de la evolución en todos los ámbitos, aferramiento a formas de autoridad acentuadamente impositivas, rechazo a toda novedad”. (4)

Según Susana Chiarotti, para que un Estado sea realmente laico, democrático y soberano, no pueden usarse fondos del Estado para financiar sueldos de pastores o funcionarios de ninguna religión, ni tampoco pueden pasar dichos fondos a manos de ninguna iglesia para que implemente acciones de ayuda social. Además, el Estado Laico no debe reconocer a ninguna religión, de lo contrario viola la igualdad que debe haber entre los distintos cultos, al poner a uno de ellos en posición privilegiada. (4)

II. Organizarse y articularse con nuevos discursos

Frances Kissling, de EEUU y precursora de las Católicas por el Derecho a Decidir hace referencia a las estrategias del fundamentalismo religioso y su vinculación con el nacionalismo, los Estados y los poderes públicos al señalar que:

El fundamentalismo religioso es la reacción ante los peores temores de la gente respecto de la modernización, a medida que las mujeres avanzan en el terreno de los derechos humanos y civiles, esos temores se orientan con creciente intensidad a controlarlas. Una expresión de ello son los esfuerzos por dirigir la vida sexual y reproductiva de las mujeres.

Roxana Vásquez, de Perú, señaló que:

Las organizaciones de mujeres tenemos la preocupación de lograr una verdadera democracia, es decir una democracia radical, a veces la radicalidad se confunde con dogmatismo pero para nosotras no, ya que consideramos a la radicalidad como la posibilidad de enfrentarnos a los problemas de raíz, entonces consideramos que los asuntos que les competen a las mujeres, en particular los que tienen que ver con sexualidad y reproductividad no entran dentro de la visión común de un régimen de democracia. Desde nuestro punto de vista los sujetos somos sujetos con sexo que a su vez es parte del proceso histórico donde esos ámbitos han sido considerados privados, no se ha querido dar la centralidad que tienen.

En síntesis, exigimos una democracia laica, pluralista y participativa donde los Estados deben legislar para el conjunto de todas las ciudadanas y ciudadanos.

El feminismo contra los fundamentalismos

En el marco del XI Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, (México 2009) se debatieron algunas ideas que fueron propuestas desde el movimiento feminista latinoamericano, entre otros:

  • A pesar de la llegada de gobiernos progresistas en América Latina, los Estados en la práctica no son laicos (ejemplos: Pdte. Tavaré en Uruguay, al vetar el proyecto de SSR; Pdte. Lula en Brasil, al firmar concordato con el Vaticano y Dilma Rouseff se retracta de sus expresiones a favor del aborto y actualmente se está ventilando un proyecto para crear un estatuto del no-nacido o Nascituro; Pdte. Ortega hace alianzas con la Iglesia Católica para penalizar el aborto en Nicaragua, a cambio de votos; Pdte. Correa se ha expresado enfáticamente en contra del aborto).
  • Es un desafío la necesaria consolidación de la laicidad en nuestros estados como alternativa para debilitar las redes de poder que giran alrededor de la religión y el trabajo por una agenda común, que nos permita dialogar con otros sectores de mujeres y con otros sectores del movimiento democrático.
  • El fundamentalismo está cambiando a la luz del avance de la globalización y sus procesos unificadores, totalizadores y excluyentes, por una parte, pero por otra, está el hecho, la contraparte, de que la diversidad ha adquirido carta de ciudadanía plena.
  • Facilitar nuestra articulación con otros movimientos sociales, entre otras: trabajando por la plena ciudadanía de las mujeres, construir el poder de las mujeres organizadas, la necesidad del trabajo comunitario y la necesidad del regreso al trabajo de base, al acercamiento y al diálogo con las realidades que viven las mujeres diversas en nuestra región.
  • La resignificación de la democracia.
  • La necesidad de seguir visibilizando la diversidad entre las mujeres.

Uno de los elementos vitales para que los fundamentalismos sobrevivan, resuciten o revitalicen, es la existencia de condiciones propicias a la aceptación de la dominación. Por eso, es preciso deshacer los condicionamientos que nos llevan a aceptar – desde las relaciones más íntimas hasta aquellas que se desarrollan en la esfera pública – como natural el dominio por la coerción, que se funda en la relación más elemental entre los seres humanos, basada en la sujeción de la mujer por el hombre.

Es necesario, es urgente, denunciar cualquier expresión del fundamentalismo, en cualquier parte y en todo momento que observemos su expresión, más bien su imposición. Además, hay que combatir “el pequeño e indeseable fundamentalista” que persiste en cada uno y cada una de nosotras. Los fundamentalismos sólo pueden ser superados con la transformación de los individuos, de los ciudadanos y las ciudadanas, de los sujetos políticos. Esto significa limpiar el terreno y sembrar el campo para que puedan germinar relaciones políticas y económicas igualitarias, ecuánimes, solidarias y éticas. Cuidar para que se desarrolle una sociedad más motivadora y excitante, más justa, donde las diversidades sexuales, raciales, religiosas, étnicas y de todo tipo, puedan de hecho ser valoradas.

Referencias
  1. Campaña contra los Fundamentalismos, Articulación Feminista Marcosur, 2003.
  2. Liliana Rainero (CISCSA – Red Mujer y Hábitat) y Liliana Vázquez (Católicas por el Derecho a Decidir), Seminario Internacional “Estrategias y Acciones Proactivas frente a los Fundamentalismos en la Región”, Córdoba, Argentina, 2004.
  3. Seminario Internacional “Estrategias y Acciones Proactivas frente a los Fundamentalismos en la Región”, Córdoba, Argentina, 2004.
  4. Memorias XI Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, México, noviembre, 2009.

 

Nirvana González Rosa. Coordinadora General de la red de Salud de Mujeres Latinoamericanas y del Caribe en Chile.

Activista del feminismo por la salud y los derechos de las mujeres desde el 1978, especialmente en los temas de las violencias contra las mujeres. En el Gobierno de Puerto Rico- Centro de Ayuda a Víctimas de Violación, Comisión para los Asuntos de la Mujer y la Oficina de la Procuradora de las Mujeres. Integrante de redes regionales y globales tales como, CAFRA (Asociación Caribeña de Investigación y Acción Feminista), AWID (Asociación de Mujeres por el Desarrollo), RMMDR (Red Mundial de Mujeres por los Derechos Reproductivos), entre otras.