Marco teórico del Espacio de Salud Entre Nosotras

Para entender nuestro modelo de intervención es imprescindible hablar, en primer lugar, de la filosofía de AMS: una filosofía feminista y sororaria. Una filosofía que sostiene que las mujeres tienen carencias por su educación de género y que, a través de la intervención, podrán superarlas por sí mismas. Es un beneficio de ida y vuelta, nosotras ofrecemos las herramientas terapéuticas y ellas nos devuelven su fuerza y valentía de superación.

Para las profesionales las mujeres que participan en nuestras terapias son nuestras iguales, rechazamos un modelo de intervención basado en el tutelaje o la victimización, y fomentamos un modelo basado en la independencia, la responsabilidad y la toma de decisiones. No les decimos lo que tienen que hacer, no las juzgamos, ni tomamos decisiones por ellas. Este punto de vista permite que la relación terapéutica sea cercana, se base en el buen trato, el profundo respeto, la empatía y el sentido del humor.

Esta filosofía impregna todos los pasos que se dan en el Espacio de Salud Entre Nosotras desde el primero. La cita para la entrevista de valoración sólo se la damos a la mujer interesada en recibir el tratamiento. Llaman muchas personas para informarse y pedir citas para otras personas, familiares preocupados/as, amigas o profesionales, entonces les explicamos cómo trabajamos, para que entiendan que sólo la propia interesada es la que puede concertar la cita.

El cuidado del espacio es también parte de nuestra filosofía, intentamos crear un clima acogedor y de confianza, por ello pretendemos que el centro esté bonito y agradable. Cuenta con una sala de espera-bar donde se puede entablar conversaciones con otras mujeres, mientras se toma algo y se espera a la terapeuta. El centro Entre Nosotras, como su nombre indica, está dedicado a las mujeres para facilitar un espacio de reflexión solo para ellas.

Cuando llega el día de la cita, y la mujer llega al centro por primera vez, nuestro trabajo consiste en averiguar tras el motivo de consulta, cuál es la causa del malestar y cuáles son sus expectativas. Así valoramos si nuestra intervención puede encajar con sus necesidades. Para realizar esta primera valoración, la mujer rellena distintos cuestionarios sobre sus datos sociobiográficos, y sobre diferentes síntomas como ansiedad y depresión. A continuación, una psicóloga realiza una entrevista terapéutica donde se recoge información, además del malestar concreto, sobre las grandes áreas de la vida de la mujer (educación familiar recibida, experiencias traumáticas, relaciones de pareja, maternidad, trabajo, relaciones sociales, …) También en este primer encuentro la psicóloga explica el modelo terapéutico que seguimos y nuestra forma de intervenir, primero en sesiones individuales y después en talleres de grupo, de este modo la mujer con todos los elementos puede tomar libremente la decisión de comenzar su tratamiento.

Toda esta información que nos proporciona la mujer nos permite sacar una primera conclusión o hipótesis de lo qué le puede estar pasando y ver si podemos ofrecerle una alternativa adecuada. En el caso de que la problemática se ajuste a nuestros tratamientos y la mujer exprese su deseo de continuar con nosotras, la psicóloga propone el itinerario de talleres grupales que parecen convenirle más según su momento, y que llevará a cabo después de las sesiones individuales. Esta primera hipótesis se irá contrastando y modificando en función de las siguientes sesiones y de la evolución de la mujer.

¿Cómo empezamos a establecer hipótesis y vías de tratamiento? ¿Cuál es nuestro modelo de intervención teórico?

En este articulo daré unas pinceladas de este modelo, aunque asumo que cada uno de los puntos que voy a señalar son dignos de una explicación más exhaustiva, el objetivo de este texto es hacer una pequeña aproximación que facilite entender cómo trabajamos.

Nuestro modelo se rige por dos grandes conceptos:

El primero sería el concepto de malestar/es de género: es un conjunto de síntomas que coinciden con un cuadro ansioso depresivo o de desbordamiento emocional que se sufre cuando la persona no tiene una vida autónoma o propia, cuando se está centrada en la vida de las personas que te rodean, en hacer lo que “se supone” que se tiene que hacer. Es decir, en cumplir con los mandatos o roles de género que se nos exigen, impuestos por la educación sexista. En el centro trabajamos estos malestares adecuándonos al momento generacional de la mujer y a su situación concreta. De ahí que tengamos diferentes talleres, o terapias de grupo, para trabajarlo.

El segundo gran concepto base de nuestro modelo es el de salud integral (frente al de salud mental/trastorno mental). Para ser feliz es necesario tener salud integral. Y para tener salud integral es imprescindible concebirse de forma global. Es necesario desarrollar nuestras capacidades y fortalezas para mantener cuidadas y en equilibrio todas las áreas vitales de una persona adulta. Es muy importante que las mujeres, en particular, entendamos que la felicidad se obtiene de forma global, no compartimentada o prestando toda la atención a un área concreta, como la pareja o la familia, por ejemplo, algo muy común en el caso de las mujeres.

¿Cuáles son estas áreas?… muchas se relacionan entre sí

  • Tener un buen autoconcepto y un buen nivel de autoestima; o sea una opinión ajustada de sí misma, de lo que se es/tiene, y una buena valoración de esta opinión. Para ello hay que aprender a diferenciar lo que se es de lo que se espera de ti (los deberías).
  • La autorregulación emocional: es necesario escuchar el cuerpo, entender lo que transmite a través de los síntomas y los bloqueos, saber lo que ocurre para poder darle lo que necesita. Aprender a identificar la culpa, el miedo, la vergüenza o la angustia cuando no se satisfacen las necesidades individuales.
  • La asertividad: la habilidad para defender cada postura, los derechos o necesidades sin agredir las de las otras personas. Poner límites, decir que no, son algunas de las más difíciles para las mujeres por su educación.
  • El autocuidado: el hacer deporte, ir a revisiones médicas periódicas, comer sano, descansar lo suficiente, por ejemplo. Ya que las féminas tienden a centrarse en el cuidado del cuerpo estético, en estar guapas, jóvenes y delgadas y no en estar sanas.
  • La sexualidad: entendida como la relación con nuestro cuerpo, con nuestros afectos, y la capacidad de sentir placer a través de él. Está muy ligada tanto a la autoescucha y al autocuidado como a la regulación emocional o a las vinculaciones y a la asertividad (en el caso de desear una sexualidad compartida). Pero nos parece una dimensión de la personalidad tan importante y tan moldeada por los mandatos de género y sociales en función de la edad de cada mujer, que creemos que es digna de un área específica.
  • Tener buenas vinculaciones: ser capaz de relacionarse en niveles de intimidad/ profundidad muy distintos. Sentirse merecedora de amor sin pagar ningún precio a cambio (como cuidar o sobrefuncionar). Además de entender que es importante tener relaciones elegidas tanto con amigas/ os, como con la familia, la pareja (si se quiere tener pareja), las/os compañeras/os de trabajo, etc. Tener diferentes tipos de relaciones con gente distinta.
  • Tener autonomía: tener un trabajo gratificante y donde sentirse recompensada (tanto económica como profesionalmente), tener una red social gestionada de forma autónoma, tener una rutina diaria ajustada a cada edad y un uso del tiempo personal enriquecedor.
  • Ser capaz de asumir retos: de salir del área de confort de los quehaceres del día a día, y emprender proyectos personales que “obliguen” a conocerse en otras facetas; a crecer personalmente tras medirse en habilidades o dificultades que de otra forma no necesitaría poner en marcha.

Estas áreas son ejes transversales en nuestra intervención, de ahí que se trabajen en todos los pasos del itinerario de cada mujer, en unos casos de una forma más extensa y en otros de forma introductoria, dependiendo de la problemática individual.

¿Qué hace que podamos atender a todas las áreas? Desarrollarse, crecer y vivir en contextos que lo faciliten

No se puede entender el sufrimiento y el malestar de las mujeres si no se tiene en cuenta el contexto en el que se produce. Nos referimos a si el ambiente en el que se ha educado, en el que crece y en el que vive en la actualidad, le permiten el desarrollo de las competencias necesarias para que atienda las áreas vitales que le aseguren una buena salud integral. Si permite los aprendizajes para el desarrollo, para satisfacer las necesidades humanas y cubrir las áreas anteriormente mencionadas. Y en la medida en la que favorezca o dificulte se tendrán unas secuelas y unos síntomas.

¿A qué contextos nos referimos?

El principal y el común a todas las mujeres es el contexto social sexista: donde se potencia el “Ser para otros/as”, la dependencia emocional y la baja autoestima (por mandatos de género imposibles de satisfacer). Hemos comprobado que el cuestionamiento de la influencia de los mandatos de género repercute directamente sobre la salud individual. De ahí que digamos que nuestra intervención tiene perspectiva de género, y que afirmemos que es beneficiosa para todas las mujeres en general.

Aun así, consideramos que es necesario avanzar en una sociedad igualitaria, no sexista, para que tanto hombres como mujeres no se desarrollen en el marco de unas carencias predeterminadas por el género que les impiden el bienestar integral ya comentado.

Pueden, además de sexistas, ser contextos que fomenta una sociedad patriarcal-violenta contra las mujeres:

  • No favorecedores: nos referimos a crecer en una familia que no permite/fomenta el desarrollo de las capacidades o aprendizajes mencionados anteriormente. Puede ser porque está centrada en la sobreprotección (no permite que la niña tome decisiones, asuma esas consecuencias y se mida así misma), o en la endogamia (fomenta exclusivamente las relaciones con miembros/as de la propia familia, y castiga las conductas exploratorias o la relación entre iguales) o que exige asumir responsabilidades prematuras (encargarse del peso de la casa o de la crianza de hermanas/os porque la madre o el padre no puede o no sabe asumir su papel de adulta/o).
  • Traumáticos en la infancia: como aquellos en los que se vive violencia en la infancia (de un progenitor a otro, generalmente del padre a la madre, y/o de un progenitor a la menor); abuso sexual o incesto (si el abusador es el padre o alguien muy cercano en la familia) y/o abandono emocional (si se crece en un contexto en el que no hay afecto, ni expresión emocional).
  • Traumáticos en la edad adulta: como el vivir violencia de la pareja, maltrato de hijas/ os (violencia ascendente) o ser víctima de una agresión sexual y/o violación.

Muchas de las mujeres que atendemos, además del contexto social sexista, han vivido o crecido en varios de estos contextos no favorecedores y/o traumáticos. Es por ello necesario realizar una intervención integral, consensuando y priorizando con la mujer, los diferentes objetivos de trabajo y diseñando un itinerario específico adaptado a sus necesidades.

La terapia individual y los talleres específicos

… Y después de la entrevista de valoración comienza nuestra intervención con las sesiones de terapia individual, para luego continuar con los talleres de grupo.

En la terapia individual, nuestros objetivos están orientados a disminuir el malestar de género y trabajar los problemas urgentes que desbordan emocionalmente a la mujer y que la impiden centrarse en su proceso terapéutico. A la vez, de forma trasversal, proponemos el cuestionamiento de las ideas que todas nosotras hemos ido asumiendo por la educación y que tienen mucho con que ver con “nuestros malestares”.

Una vez completada la terapia individual, la mujer está en “disposición” de iniciar el proceso grupal, que es muy importante dentro del itinerario, porque además de permitir un análisis compartido del origen social de los problemas, es la forma más eficaz de posibilitar cambios a nivel cognitivo, emocional y conductual a través de la reflexión conjunta y el autoconocimiento que permite el grupo.

Centramos nuestra intervención en los talleres porque resulta muy ventajoso ver como las mujeres evolucionan en su proceso al percibir que no son las únicas en experimentar el problema, y que tienen muchas cosas en común con otras mujeres. Esto las hace sentirse más comprendidas y apoyarse mutuamente, así como adquirir un compromiso público de cambio, como poderosa motivación para aumentar la implicación en su proceso.

Otra de las ventajas del grupo es lo positivo que resulta para ellas enfrentarse a distintas situaciones a partir de modelos de personas similares. En el trabajo de taller aprenden a desarrollar un mejor nivel de autonomía personal, ya que se aumenta la confianza en los propios recursos y se disminuye la dependencia de la terapeuta. También en muchos casos posibilita conocer a otras mujeres, favoreciendo el aumento de su red social en algunos casos, o salir del aislamiento en otros.

Los grupos de mujeres con los que trabajamos son cerrados porque el número de participantes (oscila entre 12-14 mujeres) que inician el taller se espera que sean las mismas que las que lo finalicen. Excepto las incorporaciones en las primeras sesiones (se da un margen de 2 o 3 sesiones) o los abandonos que pudieran surgir, no se pueden ir incorporando mujeres a lo largo del taller.

La duración viene determinada por el tipo de taller, puede ser de cuatro a ocho meses (aunque en ocasiones se pueden añadir algunas sesiones, teniendo en cuenta las necesidades concretas de cada grupo) con una frecuencia de una vez a la semana en sesiones de 2 horas.

Las sesiones de los talleres tienen una estructura similar, por lo general cuentan con:

  • Dinámicas de grupo que dependiendo de los objetivos de la sesión podrán ser de presentación o animación, analizar un tema (grupos de discusión, tormenta de ideas, barómetro de valores…), roleplaying (dramatización), corporales (auto sensibilización, relajación-visualización…), análisis de información audiovisual (película, documental, filmación durante la sesión de ejercicios concretos) …
  • Los contenidos están preestablecidos, corresponden al bloque en el que se esté trabajando (socialización, familia, pareja, sexualidad…). Lo que es común en todos los talleres es el trabajo sobre la violencia hacia las mujeres “de forma directa o de forma trasversal”, para prevenir, cuestionar o analizar nuestro rol en las relaciones de pareja actuales, pasadas o futuras.
  • Las mujeres tienen que hacer tareas en casa, al finalizar cada sesión se recogen las que traen para la sesión y se reparten las tareas para la próxima. Estas tareas sirven para profundizar en primera persona sobre los contenidos que hemos visto o que vamos a trabajar en la siguiente sesión (lo que nos permite hacer un seguimiento individual de cada mujer). Se trata de tareas de lectura y reflexión, de escritura, de análisis de contenidos audiovisuales. A veces son puntuales, otras veces transversales porque las mujeres analizan procesos que comienzan en un momento determinado y acaban varias sesiones después.
  • En todas las sesiones de taller hacemos una evaluación que nos permite analizar la marcha general del grupo y a su vez no perder de vista el proceso individual de cada mujer, así como adaptar los contenidos al grupo. Todo ello lo llevamos a cabo a través de:
  1. Evaluación individual al finalizar la sesión. Las participantes la evalúan contestando a una serie de aspectos que nos irán facilitando información sobre su proceso individual y en grupo.
  2. Evaluación formal de la sesión en cuanto a consecución de objetivos específicos y metodológicos, adecuación de los tiempos y de las dinámicas, propuestas de mejora para el próximo taller…
  3. Evaluación grupal en la que se valora la actitud general del grupo a través de distintos indicadores (participación, cohesión, implicación, comunicación, cooperación…) También se recogen las incidencias significativas.

Desde que la mujer inicia el proceso terapéutico, ya en la entrevista, la psicóloga elabora el itinerario que considere más adecuado para ella, y plantea el taller que la mujer tiene que hacer acorde a sus necesidades. Existen distintos itinerarios terapéuticos, el que una mujer haga uno u otro vendrá determinado por la problemática específica que manifieste y el momento personal en el que se encuentre. Puede necesitar hacer primero uno de los talleres de Síndrome de Género (taller ruptura de pareja, taller para superar los efectos de la violencia de pareja y taller para superar los efectos de los abusos sexuales sufridos en la infancia/adolescencia) o necesitar hacer primero uno de los talleres de Depresión de Género (taller de mujeres jóvenes, taller de mujeres en pareja y con hijos dependientes (mediana edad), taller de mujeres mayores (en pareja y con hijos independientes), taller para mujeres que desean tener pareja).

Los talleres descritos a continuación serían los más específicos, lo que nosotras denominamos Talleres de Síndromes de Género y están diseñados (dentro de nuestro itinerario) para paliar las consecuencias de vivir o haber vivido distintos hechos traumáticos. Estos serían:

1. Taller para superar los efectos de la violencia de pareja

En este taller participan mujeres que son conscientes de la situación traumática que han vivido y demandan ayuda para afrontar el problema de la violencia trabajamos con mujeres que están en distintos momentos del proceso, desde las violencias más sutiles e invisibles (que habitualmente tienen que ver con algunas manifestaciones de violencia psicológica), hasta las más manifiestas.

Uno de los objetivos trasversales más importantes que nos planteamos en el taller, es el que tiene que ver con como las mujeres hemos sido socializadas en el amor y como esto nos lleva a entender las relaciones de pareja desde el desequilibrio en vez desde la igualdad. A partir de cuestionarnos este punto, entre todas las componentes del grupo pueden identificar como en su caso ha ido evolucionando la relación de desequilibrio y los mecanismos que ha utilizado para mantenerse dentro de la relación, así como las secuelas derivadas de esta vivencia.

Cuando finaliza el taller las mujeres han realizado algunos cambios relativos a la forma de verse a sí misma, y a la forma de entender las relaciones con los/as otros/as, por lo tanto, estarán más preparadas para identificar y prevenir futuras relaciones de desigualdad o abusivas y podrán plantearse la posibilidad de tener relaciones de pareja saludables.

2. Taller para superar los efectos de los abusos sexuales sufridos en la infancia/ adolescencia

Este taller está destinado a mujeres que en su infancia/adolescencia han sido víctimas de abuso sexual o incesto, que tienen secuelas y que en mayor o menor grado recuerdan el hecho.
Para entender todo el proceso del abuso sexual/incesto durante el taller, es necesario empezar por situarlo en el entorno social en el que se produjo, entender su origen y las causas, definir los distintos roles acordes con el nivel de responsabilidad, así como el desequilibrio de poder del que parten las relaciones abusivas (niña/adulto).

Es muy importante que se sitúen en su infancia y que comprendan a la niña que fueron. Como la experiencia del abuso/incesto tuvo unos efectos traumáticos en la forma de construirse que antes no entendían, ahora, al conocer las consecuencias y ver a otras mujeres en el taller que manifiestan síntomas similares, obtienen nuevos datos para “analizarse, comprenderse y aceptarse”.

Después de hacer este proceso a las mujeres las resulta más sencillo entender, en la actualidad, las consecuencias de la experiencia de abusos sexuales y/o incesto y los mecanismos de supervivencia que en el pasado le ayudaron a sobrevivir y que ahora son conductas desadaptativas que no les permiten tener una vida saludable. Será necesario sustituirlas por otras conductas alternativas más adaptativas y beneficiosas para ellas.

El taller finaliza con mujeres que después de ocho meses de proceso se aceptan y se entienden más a sí mismas, es decir, han superado el trauma, se sienten con la capacidad y las estrategias suficientes para enfrentarse a su vida actual.

3. Taller para mujeres en proceso de separación de pareja

Es un taller dirigido a mujeres que han tomado la decisión de separarse o que han tenido que asumir la decisión de su pareja de romper con la relación, y dicha situación les genera dificultades psicológicas, emocionales, sociales o de adaptación a su nueva vida. Es más aconsejable que las mujeres no estén en el proceso de la separación, sino que ya se haya separado de sus parejas antes de iniciar este taller.

Desde el inicio del taller y de forma trasversal se trabaja el origen social de las causas del malestar en las mujeres “separadas” desde la perspectiva de género, y cómo se manifiesta. Para ello se comparte la historia de su relación, se analiza el rol que desempeñaban, el modelo de relación, el mantenimiento… y principalmente las necesidades personales que cubrían a través de esa relación. Es decir, cada mujer analiza el tipo de enganches emocionales o formas no saludables de relación que mantenía con su pareja para, a partir de aquí, aprender a desvincularse afectivamente de forma más adaptativa con su situación actual.

En este grupo, a menudo, surge la necesidad de poner normas y límites a la expareja cuando esta se resiste a perder poder sobre la mujer y/o a impedirle su autonomía; en otros casos las dificultades surgen con los/las hijos/as a la hora ejercer el rol maternal en la nueva realidad.

Lo más relevante en este taller es cómo las mujeres aprenden a elaborar su proyecto de vida personal. Al final del taller, se hace balance de las metas conseguidas a nivel cognitivo, emocional y conductual y también de las que quedan pendientes por conseguir, y así poder planificar nuevos objetivos dentro de la búsqueda de su bienestar personal futuro de mujer independiente y

autónoma.
Después de finalizar cualquiera de estos Talleres de Síndromes de Género, se plantea la continuación del itinerario propuesto para cada mujer a través de los Talleres de Depresión de Género o de los Talleres de Crecimiento Personal.

Itinerario básico en la terapia grupal del espacio de salud entre nosotras

El itinerario básico de nuestra metodología grupal se refiere al conjunto de talleres que proponemos hacer a las mujeres, independientemente de que tengan que elaborar y afrontar algún tipo de violencia de género en otros talleres (como se explica en el artículo anterior).

En primer lugar, proponemos que las mujeres hagan un taller con otras compañeras de su misma generación, para afrontar un trastorno psicosocial por razón de género que denominamos Depresión de género. En este tipo de talleres básicamente se va deconstruyendo el aprendizaje relacionado con lo que significa ser mujer en nuestra sociedad, lo cual interfiere, de manera más o menos evidente, en la salud integral de las mujeres. El objetivo general sería afrontar los cambios necesarios para equilibrar la importancia y el desarrollo de todas las áreas que componen un proyecto personal, para que sea autónomo y satisfactorio.

Una vez elaborado este proceso, planteamos una serie de talleres de crecimiento personal, cuya finalidad es fortalecer y potenciar nuestro empoderamiento individual y colectivo como mujeres.

Depresión de género: trastorno psicosocial

Consideramos que la Depresión de género no es una enfermedad mental ni biológica, sino de tipo psicosocial. Su definición está basada en el alto porcentaje de depresiones exógenas que sufrimos las mujeres, lo cual está relacionado con el tipo de vida que llevamos las mujeres. Podríamos desmenuzar estos factores psicosociales de la siguiente manera:

Sociedad patriarcal: en las sociedades “avanzadas” estamos en la época del postmachismo, que implica que las desigualdades de género están más difuminadas y cuesta más verlas, pero no por eso son menos dañinas, porque sigue habiendo una presión social para que cumplamos el rol de género asociado a la femineidad, que se centra en ser y estar para las demás personas, en el rol de cuidadoras.

Socialización de género femenina: aunque con formas más sutiles, se nos sigue infravalorando respecto a los hombres, lo cual provoca problemas de autoestima y conflicto para asumir y defender los derechos propios; se nos sigue infraestimulando, lo cual aumenta la dificultad para desarrollar un proyecto de vida autónomo; y también se nos sigue sobreprotegiendo, lo que fomenta la dependencia emocional de otras figuras de autoridad, porque dificulta validar el propio criterio y la autoconfianza para tomar decisiones autónomas.

Sincretismo de género: es el conflicto entre los mandatos sociales tradicionales que nos presionan para ser para los demás, y los mandatos modernos que nos presionan para ser para una misma. Este conflicto es la causa más frecuente de malestar en la actualidad, porque intentamos satisfacer una demanda externa imposible de cumplir.

Experiencias de violencia de género: van desde un nivel “micro” en la vida cotidiana, que tenemos normalizado e invisibilizado, hasta lo “macro” en experiencias traumáticas.

Una vivencia continuada de este tipo provoca un nivel de estrés crónico que tiene consecuencias en nuestro organismo, porque afecta al sistema nervioso, que interacciona con otros sistemas como el inmunológico, endocrino, y hormonal, lo cual puede provocar síntomas psicosomáticos, y aumenta la vulnerabilidad para desarrollar problemáticas relacionadas a nivel integral.

Taller de Depresión de género:

La duración de los talleres puede variar dependiendo de las necesidades que tenga cada grupo concreto. Teniendo en cuenta la generación de pertenencia, y la etapa vital asociada a una presión de género y a un sincretismo específico, hemos dividido los talleres de Depresión de Género en cuatro modalidades de intervención:

  • Taller para Mujeres jóvenas: son mujeres entre 18 y 35 años que no conviven en pareja. Son las que mayor sincretismo sufren por su generación.
  • Taller para Mujeres de Media edad: están entre 30 y 55 años y conviven en pareja, por lo que su proyecto de vida está centrado en su relación de pareja y el desarrollo de su maternidad.
  • Taller para Mujeres a partir de los 50: también conviven en pareja, pero son más mayores, por lo que es probable que tengan hijas/os independizadas/os, incluso nietas/os
  • Taller para Mujeres de media edad sin pareja: una modalidad que se ha ido haciendo más frecuente en los últimos años por la evolución social. Son mujeres entre 35 y 55 años, que pueden estar divorciadas con y sin hijas/os, o estar solteras sin pareja estable.

Bloques de intervención del taller:

Análisis de la construcción identidad de género: ¿quién soy yo?

Analizamos las causas de su malestar para entender cómo están originadas en el desarrollo de la identidad de género femenino. Los valores y creencias aprendidos configuran los mandatos de género, que se pueden agrupar en un código de ética femenina que exalta la bondad mal entendida; los cuales exigen el sacrificio del “Yo” individual, fomentando la sumisión y la dependencia emocional de satisfacer las necesidades ajenas.

El método de aprendizaje está basado principalmente en el refuerzo y/o castigo en relación a la necesidad humana de afecto, y en un mecanismo de control social internalizado, la culpa, que presiona para cumplir con el deber, y ser coherente con los valores aprendidos. Al elaborar todo este proceso, pretendemos ser conscientes de las consecuencias que tiene para nosotras, y plantear alternativas saludables dentro de un modelo más flexible y autónomo.

Área de la familia de origen: ¿de dónde vengo?

Aquí nos detenemos en la etapa de la infancia para pasar luego a la relación familiar actual. Se analiza qué tipo de modelo familiar se ha tenido, y cómo ha condicionado en el desarrollo personal de cada una. También se cuestionan los mitos sociales que idealizan la familia e impiden afrontar realidades que no encajan en ese estereotipo. En la relación actual, se plantea el equilibrio entre derechos y responsabilidades en relación con sus necesidades personales respecto a las de sus padres. Se hace especial hincapié en la relación madre- hija, puesto que suele ser el modelo de referencia social, y es fácil que surja conflicto para poder crear un modelo propio, validando a la vez el modelo del que se parte.

Análisis áreas proyecto de vida:

Por último, vamos desarrollando otras áreas del proyecto de vida, centrándonos en las que suelen estar más afectadas por la socialización femenina, pero profundizando en lo más relevante en función de cada modalidad de taller.

Las áreas trabajadas van, desde cómo nos vinculamos en las relaciones de pareja, cómo es nuestra vivencia de la sexualidad, hasta qué punto elegimos libremente ser madres, y cómo nos planteamos nuestra realización personal y/o profesional. Para entender mejor las diferencias de intervención según la modalidad de Taller de Depresión de Género, podemos comparar dónde focalizamos la atención. Por ejemplo, en el área de pareja:

En el caso de las “jóvenas”, nos centramos en desmontar las creencias relacionadas con un ideal de amor romántico que fomenta un modelo de fusión en el cual no cabe el espacio individual, y en prevenir a la vez la violencia de género.

En el caso de las “medianas”, lo prioritario es fomentar el equilibrio entre derechos y responsabilidades en su vida familiar; tanto entre el espacio individual y compartido con la pareja, como entre la libertad individual y una seguridad afectiva sana.

En cambio, en el caso de las “maduras sin pareja”, lo más importante es elaborar y afrontar el miedo a la soledad, que está basado en la necesidad de tener pareja para ser feliz, generada a su vez por la presión social y la baja autoestima creada por la socialización femenina. Pero a veces, cuando estamos sin pareja, y tenemos un deseo sano de vivir experiencias de pareja, también nos condiciona otro tipo de miedos, relacionados con no querer arriesgarnos a sufrir otra vez, con no soportar equivocarnos de nuevo…, y en este caso, trabajamos la confianza en nosotras mismas para explorar nuevas posibilidades de crecimiento y para asumir el riesgo implícito en las decisiones adultas.

En definitiva, en cada área del proyecto de vida, vamos desmontando los mitos y planteando habilidades de afrontamiento psicosocial, para llevar a cabo un proceso de cambio en función de las necesidades de crecimiento personal de cada mujer.

A partir de aquí se puede continuar el itinerario haciendo talleres de crecimiento personal, cuyo orden tiene la siguiente lógica:

Después de toda la revolución que supone descolocar las piezas de nuestro “puzzle” personal aprendido, en el taller de Depresión de género, seguimos con un Taller de Autoestima en el cual hacemos un proceso de introspección para conectar otra vez con nosotras mismas y empezar a construir la autoestima en positivo. Primero analizamos qué factores han configurado nuestra autoestima, hacemos un recorrido desde el pasado hasta el presente, en el que vemos como nos influye la autoestima familiar y especialmente la de nuestras ancestras. Vemos como se ha construido nuestra autoestima y nuestro autoconcepto en nuestra historia de vida, dando especial atención a la autoestima corporal. Y por último nos centramos en que factores facilitan o dificultan el desarrollo de la autoestima en nuestra vida cotidiana.

A continuación, planteamos hacer un Taller de Habilidades Sociales. Volvemos la mirada hacia el exterior, y planteamos entrenar una serie de habilidades para desarrollar formas más sanas de relacionarnos con las demás. Le damos mucha importancia a escuchar y respetar nuestras necesidades y las ajenas en una interacción, como ingrediente básico de la comunicación auténtica. Y le prestamos especial atención a cómo expresar la emoción del enfado, que está bastante reprimida por nuestra socialización.

Finalizamos con un Taller de Desarrollo Afectivo-Sexual, porque creemos que se puede aprovechar mucho más al final del proceso, cuando ya hemos conseguido un nivel adecuado de empoderamiento. El objetivo transversal es sentirse más dueñas de su cuerpo y sexualidad, y para eso primero nos centramos en que se conozcan mejor y puedan estar bien consigo mismas, antes de pasar a decidir cómo y con quién quieren compartir su sexualidad.