El domingo 25 de Febrero de 2001, el
diario El País publica un reportaje de Empar
Moliner, escritora y periodista, en el que cuenta
su experiencia como inmigrante en Barcelona.

Para que el reportaje fuera real, la autora
se crea una nueva identidad. Sólo tiene que
esconder su cuerpo en una chilaba, taparse la
cabeza con un pañuelo y adoptar una expresión
corporal de mujer sumisa. Con eso y hablando
español con dificultad se convierte en
una mujer musulmana para todos los que se
cruzan con ella. Y se dispone a buscar trabajo
y alojamiento, dos necesidades básicas. Utiliza
una revista que publica las demandas de empleo
de forma gratuita. Este es el texto de su
anuncio, que aparece en la sección de Servicio
Doméstico: “Chica extranjera se ofrece para
trabajar como interina. Económico. Malika”.

Y empieza a recibir llamadas. Un tal
Carlos es el primero que responde al anuncio.
Al saber que es turca, el bueno de Carlos se
lleva una desilusión: hubiera preferido que fuese
rusa, pero aún así, le hace una oferta de trabajo,
cien mil al mes por ser su criada y por
tener una amistad como marido y mujer”.
¡Qué ideal! Después de hacer su oferta, nuestro
Carlos se interesa por su aspecto, aunque es
tan maduro y tan liberal que su aspecto no le
parece demasiado importante, pero aún así, no
puede por menos que preguntar si es gorda o
delgada, si tiene buenas piernas y cuál es la talla
de sujetador que usa.

Pero lo auténticamente importante para
él, con toda lógica, es confirmar que ella tiene
experiencia suficiente como para poder realizar
su trabajo a total satisfacción. “¿Has trabajado
en el servicio doméstico?” “¿Has hecho
el amor alguna vez?”

En nueve días, “Malika” recibió doce
llamadas, todas ellas de hombres, incluyendo
un anciano de 72 años. Todos ellos, como un
solo hombre, pretendían cumplir su sueño: Disponer
de una criada para todo. Absolutamente
para todo.Y justifican su petición muy razonablemente
ya que no le están pidiendo que se
prostituya, sólo que se acueste con ellos. Nada
en plan industrial, “sólo conmigo”.

¿Te imaginas la que se liaría si a los
hombres cuando fueran a pedir trabajo en la
obra o en el campo, les exigieran como parte
del trabajo que se dejaran meter cualquier cosa
por cualquier sitio? ¡Y además por el mismo
precio!

Parece que algunos hombres aún andan
luchando por conseguir la relación ideal. Realmente
persistentes, llevan con el mismo sueño
desde que la historia es historia. Sueñan con
tener algo así como una muñeca hinchable, con
piel y carne en lugar de plástico y aire, y que
además de tener una gran docilidad sexual, sepa
lavar, fregar, planchar y cocinar. Y si encima
es muda o no habla ni una palabra en su idioma,
mejor que mejor, porque lo más importante,
lo realmente fundamental, es que sea sumisa
y no se pase el día tocándole las narices con
reivindicaciones de derechos. Porque ¿qué más
puede desear una mujer que servir y complacer
a un hombre? ¿Acaso no están en este mundo
para eso?

Así que ahora la terrible situación de
las mujeres que vienen a nuestro país buscando
una forma de sobrevivir, dispuestas a hacer
cualquier tipo de trabajo para poder enviar dinero
a su familia, o simplemente para poder
vivir con una mínima dignidad, ofrece a estos
hombres, (que merecerían ocupar la mejor caverna
disponible), un nuevo camino para llegar
a cumplir su sueño eterno: disponer de una
esclava sólo mientras así lo deseen. El día que
ya no disfruten con su cuerpo, que pierde interés
con la rutina, o que encuentren a otra inmigrante
más maciza, con un cuerpo más joven y
prieto, pues simplemente la pueden echar de
su caverna y empezar de nuevo. Sin quebraderos
de cabeza. Como debe ser.

Share and Enjoy !

0Shares
0 0