De nuevo amanece

Cuando estás mal, pero ya has remontado algo y quieres salir adelante, empiezas a buscar ayuda
donde sea; ya no quieres lamentarte, buscas soluciones. Pierdes vergüenzas y entras en cualquier parte.
Aunque aún queda mucho.

Así vine aquí, sin saber a quién iba a encontrar, ni lo que iba a hacer.

Lo primero que encontré fue una psicóloga (Nirvana) muy inteligente y sutil, nada melosa, pero
manejando la situación, muy a la escucha. Notaba su acero a la vez que su intención de ayuda. No esperé
lo suficiente a que me llamaran ya os dije lo despistada que me encontraba.

Y tuvo que ser la segunda vez. En esta ocasión, fue una chiquita llena de dulzura y encanto (llevo
cuatro días intentando encontrar su nombre, estuvo un par de años con vosotras), que me acunó desde un
principio y me dejó bien claro que estaba dentro. Y esta vez sí que esperé.

Fue curioso, me aconsejó suavemente ¡Pasea! Fue el primer regalo que recibí; mi cuerpo debía
necesitarlo, porque inmediatamente empecé a hacerlo. Lo poco que salía de casa y andaba, lo hacía con
rabia, miedo y envarada, desfilando. Ella me dio permiso con una palabrita en un tono preciso para
relajarme y empezar a respirar suavemente, “sólo para mí” en medio del espacio, del mundo a mi
alcance.

Luego, aquí con todas vosotras, como ya sabéis, dejé de sentirme un bicho raro y entré a ser
consciente de nuestra condición.

Con Marisol y Pilar a la cabeza, espoleándonos sabiamente, empezó el trabajo, el cambio. No había críticas, ni sentencias, sólo escucha, identificación, nuevas soluciones ante las mismas cosas con
las ideas de otras. Era un tobogán sugerente.

Entre mimos, confesiones desgarradas, confianza y escucha, vas haciéndote con el mensaje, las tácticas; comprendiendo los porqués, analizando tu vida: como única y en comparación con la de las
demás.

Poco a poco vas levantándote. Y el ambiente interior cambia. Pero toda moneda tiene su cara y su cruz.

Las ganas de cariño y comprensión, de ser buenas las unas con las otras (lo que tanto nos han
enseñado desde niñas en casa y luego la sociedad que también nos lo demanda) se calman. Surge el resto
de la vida que hay en cada persona, queramos o no; nos embadurna esta civilización, la propia especie,
la distorsión personal del sometimiento.

Has terminado el taller de depresión y se supone que estás un poco “recolocada” en general.
Ahora pasas a matizar. Yo el siguiente que hice fue el de Pareja. Llegó a mi vida el ciclón de
Ana (una revolución no se puede hacer sin vehemencia, y a Dios gracias, la tenemos con nosotras)
para equilibrar (así lo siento yo) la tolerancia e inteligencia de Marisol seguía también con nosotras.
Éramos menos pero la mayoría conocidas.

Y empiezas a encontrar roces y malentendidos, suspicacias y temores, envidias, mentiras,
es decir, vida. Continúa el código que te proponen y suscribes nada más llegar, pero no somos un
espacio extraterrenal. Yo lo veo como un remanso de cura, descanso, cariño y superación; de todo
y con todo lo que la vida nos da. Somos un grupo especial, con miras de futuro, de cambio; a través
de un trabajo personal, en compañía, con respeto entre nosotras, tolerancia ante nuestras deficiencias
y diferencias, en busca de soluciones, soluciones personales, que a la fuerza formarán un
espacio común porque somos mujeres todas ante la misma problemática, a pesar de las diferencias
culturales. Nos enfrentamos todas a la inercia de miles de años asumiendo los mismos roles.

Y continúas viviendo, has asumido el cambio y ya no hay vuelta atrás. Has empezado a abrir un camino nuevo, ni fácil ni difícil, sigue siendo vida. Pero más consciente, más crítico, más personal. El centro eres tú. Y desde TI MISMA, has de manejar y jugar con el mundo.

Si seguimos aquí es porque no estamos de acuerdo con las estructuras que están establecidas.
Desde nuestra singularidad, podemos ir transformando nuestras vidas, ante el resto de la
población, con el ejemplo y la autodeterminación. NOS HEMOS VUELTO TRASCENDENTES.
Necesitamos unión y darnos mutuos ánimos, compartir errores y logros, mantener un diálogo
constante. Seguir dándonos los mimos que tanto escasean por ahí fuera, reírnos y llorar
juntas y celebrar nuestro despertar y nuestros logros. Abiertas a todas, que sigan viniendo más.

Marisol, que el Universo te ayude a seguir manteniendo el Centro abierto.

Besos

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