Campaña para conmemorar el 28 de mayo, Salud y mujer! 

Cómo afecta el estado de alerta y la emergencia sanitaria provocada por el coronavirus

Soledad Muruaga y Pilar Pascual

Este texto sobre las desigualdades de salud junto una serie de medidas paliativas fue la aportación de la AMS al documento que las organizaciones pertenecientes al Consejo de Participación de la Mujer han enviado al gobierno de España como reflexión ante la urgencia sanitaria y de salud pública que está provocando el coronavirus en nuestro país acompañado de las medidas que consideramos esenciales para abordar esta crisis, desde la perspectiva de género e interseccionalidad de los colectivos de mujeres en situación de mayor vulnerabilidad.

Los procesos y resultados de salud y enfermedad, y de su atención desde los servicios de salud, son en gran medida distintos en mujeres y hombres.

Estas diferencias, cuando son injustas y evitables, se convierten en desigualdades. La mayoría de ellas no se pueden explicar por las diferencias ligadas al sexo biológico, sino que se relacionan con los roles y estereotipos de género.

Las mujeres tienen una mayor esperanza de vida, pero su vida con buena salud y sin enfermedad crónica es más corta que para los hombres.

Los patrones de vida tienen una clara distribución por género. Las segregaciones horizontal y vertical dan lugar a que hombres y mujeres estén expuestos a diferentes riesgos físicos y psicosociales, y también a que obtengan diferentes salarios (un 22% menos las mujeres). Respecto al trabajo reproductivo, la situación actual de inequidad en el reparto de los tiempos para los trabajos y para los cuidados – tanto en el entorno privado como en el público-, supone una sobrecarga física y emocional y un impacto negativo en la salud de las mujeres, que son las cuidadoras principales. Es evidente la falta de equidad en la distribución de los tiempos de trabajos reproductivos y productivos y de ocio y descanso entre hombres y mujeres.

En los últimos años, se está empezando a visibilizar las condiciones en que las mujeres realizan estos trabajos, peor remunerados, peor valorados, con dobles y triples jornadas, y siendo las cuidadoras principales, formales e informales, de las personas dependientes, de la niñez, de las personas mayores, de las enfermas y de las que tienen discapacidades. Todo ello repercute muy negativamente en su salud y sufren lo que se denomina “Síndrome de la Cuidadora”.

También la violencia, tiene un claro patrón de género. El componente de la masculinidad hegemónica, por un lado, repercute negativamente en la salud de los hombres, produciéndoles lesiones y discapacidades. Pero, sobre todo, tiene consecuencias traumáticas en la salud de las mujeres. La violencia de género, tanto en su magnitud, como por su impacto sobre la salud física y mental de las afectadas y de sus hijas e hijos, debe ser considerada un tema prioritario de Salud Pública. También las injusticias de género, derivadas de la concepción sexual falocrática patriarcal, como son: el abuso sexual infantil, la prostitución, las agresiones sexuales, las ETS, etc, producen graves daños físicos y mentales a las mujeres y niñas de todo el mundo (el 90% de las víctimas pertenecen al género femenino)

Partiendo de estas desigualdades de género, la pandemia del COVID-19 está impactando a las mujeres de forma muy dramática y el confinamiento ha tenido consecuencias aún peores para su salud física y mental.

Una de las primeras decisiones que se tomó al inicio de la crisis fue cerrar todos los centros educativos, incluidas las escuelas infantiles y de primaria. También se cerraron los centros de día para la atención a personas dependientes. Se redujo sustancialmente la ayuda a domicilio. Muchas personas optaron por acoger en casa a sus familiares que antes estaban en las residencias.

Las mujeres están teniendo problemas con el reparto de responsabilidades y siguen siendo ellas las que tienen que multiplicarse para compaginar el teletrabajo, estar pendiente de las hijas y los hijos, supervisar sus clases y las tareas domésticas… Muchas de ellas se han visto obligadas a teletrabajar de madrugada o por las noches, muchas se sienten culpables porque no pueden “estar a todo”. Las mujeres no tienen Habitación propia, tampoco en lo que se refiere al espacio. No tienen un lugar para trabajar, para estar a solas, un espacio de intimidad para estar consigo mismas… Como consecuencia de ello el estrés aumenta y los conflictos son más frecuentes. Han aumentado sustancialmente los abusos sexuales y las demás formas de violencia machista contra mujeres y niñas, como se ha comentado en el apartado correspondiente a este tema.

Muchas han sufrido pérdidas, no han podido despedirse de sus progenitores o allegados, el dolor, las culpas, los miedos crecen.

Es decir, por un lado, se ha desmontado el ya precario sistema de cuidados, recayendo aún más sobre las mujeres en el hogar, y por otro, se han perdido muchos puestos de trabajo dejando sin ingresos a muchísimas mujeres con hijas e hijos, la incertidumbre, las dudas y el miedo al futuro también aumenta.

Además, el futuro no es más esperanzador puesto que ya se está anunciando que si las escuelas abren en septiembre será para la mitad del alumnado, en días alternos. El resto de días tendrán que quedarse en casa y seguir allí la formación. La pregunta es quién les cuidará, las madres, las abuelas… Es urgente exigir que se propongan medidas en este sentido, porque si no, la fuerza de la naturalización de los cuidados va a volver a recaer en las mujeres, perdiendo así todos los derechos alcanzados hasta este momento.

Otra realidad a tener en cuenta, es el número de mujeres que han estado en primera línea de intervención, en los servicios esenciales, que ha sido masivo en la mayoría de ámbitos como enfermería hospitalaria, auxiliares de clínica, limpiadoras, también la médicas superan a las médicos; en enfermería y otros puestos de las residencias de la tercera edad; en comercios, cajeras y reponedoras; en farmacias; lavanderías; empresas de limpieza,… y por supuesto en el cuidado de personas dependientes en las que se han visto obligadas a seguir cuidando, poniendo en riesgo su salud y la de sus familias.

Con respecto al empleo no se puede olvidar que las mujeres ya ocupaban los puestos de trabajo y tipos de contratos más precarios antes de la pandemia. El sector servicios uno de los más afectados es mayoritariamente femenino. La economía sumergida, también femenina en su mayoría, no puede tener ningún tipo de medida. Las incipientes emprendedoras pueden verse abocadas a cerrar sus negocios.

En época de normalidad, son las mujeres las que se toman excedencias o reducen su jornada por cuidados en la inmensa mayoría de los casos, como la consiguiente reducción o pérdida de salario, durante esta crisis habrán sido muchísimas más.

En cuanto a la violencia de género, en estos momentos de reclusión, tenemos información de que están aumentando los malos tratos a mujeres, niñas y niños. También durante el confinamiento, han aumentado las agresiones sexuales y abusos sexuales infantiles dentro del hogar, con el consiguiente impacto en la salud de estas víctimas y los futuros traumas que sufrirán.

Medidas propuestas

Es urgente y necesario, proponer medidas para restituir todas estas desigualdades y el impacto que está ocasionando en la salud mental de muchísimas mujeres que ya se está expresando en forma de dolor emocional, estrés, miedos, ataques de ansiedad, depresión, sensación de aislamiento, soledad… la necesidad de atención psicológica se está acentuando.

Asimismo, es urgente y necesario abrir las escuelas infantiles y los colegios cuanto antes, revertir todas las deficiencias de las residencias para la tercera edad y dotar de recursos suficientes el desarrollo de la ley de dependencia.

  • Atención psicológica especializada en género, para paliar los efectos traumáticos en la salud mental de las mujeres, ocasionados por la crisis y el aumento de a violencia de género en el confinamiento. Con el objetivo de fomentar el empoderamiento personal necesario para enfrentar de forma más adecuada a las desigualdades tanto en el ámbito del hogar como el laboral.
  • Atención psicológica especializada en género, para tratar los traumas de las profesionales sanitarias y trabajadoras de primera línea, ocasionados por esta pandemia.
  • Proponer medidas de apoyo económico hasta que los servicios públicos educativos y de cuidados estén al 100%, garantizando el puesto de trabajo en las mismas condiciones.
  • Reivindicar un cambio radical del sistema de cuidados para que sea justo e igualitario.
  • Desarrollar legislativamente la corresponsabilidad entre hombres y mujeres, como propone la PPIINA para que ninguna persona de la familia tenga que renunciar a su empleo.
  • Extender los servicios públicos de educación infantil de calidad y de acceso universal y gratuito a toda la población.
  • Extender y dignificar el sistema de atención a la dependencia por parte de los servicios públicos para que ninguna persona de la familia tenga que renunciar a su empleo.
  • Exigir un empleo estable con horarios fijos y jornadas completas para las mujeres que no ponga en riesgo la independencia económica ni el empobrecimiento en la jubilación.

Referencias:

 

 

 

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