Yo diría que mi paso por AMS ha sido una transición de la teoría a la práctica feminista; y digo esto porque cuando llegué aquí, yo ya tenía incorporado un discurso feminista; así se lo hice saber a la terapeuta que me hizo la primera entrevista de evaluación, y recuerdo su cara de “¡ya… ya… ya… verás tú la lista!”. Sabía que la sociedad en la que vivía era machista; pero no había aterrizado como ese contexto social había impactado en mi salud emocional, ni de dónde venía el enfado, la ansiedad y el estrés. Tampoco había relacionado lo que me pasaba a mí a nivel emocional con lo que le pasa a la mayoría de las mujeres de mi alrededor. Puedes tener el marco teórico claro, pero luego hay que sentirlo en carnes propias, y eso es lo que he logrado hacer a través del espacio de salud entre nosotras. Eso, y desarrollar y probar estrategias y herramientas que neutralicen o me protejan de ese impacto negativo.

Vivo en un contexto social donde hay mandatos claros sobre el deber ser de las mujeres, qué se espera de nosotras y qué no es adecuado para una mujer; ese contexto también nos dice cómo nos relacionamos las mujeres entre nosotras: como parejas somos retorcidas y controladoras; como hijas egoístas y rebeldes, y como madres, manipuladoras y chantajistas; como suegras puñeteras “revientanueras” y como nueras perversas “matasuegras”; en el trabajo, trepas y obstaculizadoras de las carreras de nuestras compañeras; como amigas, bichas malas, envidiosas y falsas… Insolidarias y complicadas en general cuando se trata de relacionarnos con “otras de nuestra especie”. La alternativa a estos estereotipos es ser el ángel de la guarda de tu universo, aunque eso te cueste la vida, porque ya se sabe lo de “cómo ser mujer y no morir en el intento”.

Si rompemos el molde que la sociedad ha tallado para nosotras, la culpa se adueña de nuestras vidas; pero si no sacamos el pie del tiesto, entonces es la tristeza, la ansiedad o el enfado el que apodera de nosotras, viviendo para otros en lugar de por y para nosotras.

Estos y otros muchos mensajes y mandatos me trajeron al espacio de AMS, aunque yo entonces no lo sabía; me senté en el silloncito de mi rincón de sentir y expresar, donde mi terapeuta y yo hemos ido desembrollando cómo todos esos mensajes han determinado mi forma de estar en el mundo y mi forma de relacionarme; las consecuencias que ha tenido para mi salud; y cómo cambiar mi forma de gestión de lo que hay.

Por primera vez me he encontrado con un sitio y una persona que me ha llevado una y otra vez a pensar sobre qué quería yo hacer, cómo quería relacionarme, y hacia dónde quería llevar mi vida, desde el deseo individual y no desde las expectativas de mi entorno. Y ha sido muy muy difícil intentar dar respuesta a todo eso. Me he enfrentado al vacío, y todavía sigo intentando buscar respuestas dentro de mí, porque hay capas y capas de socialización diferenciada que han sepultado mi deseo en todos los sentidos posibles. Pero además, el explorar en mi propio deseo me ha cambiado la perspectiva y la forma de relacionarme con las mujeres de mi entorno.

Antes de llegar a este espacio, el discurso social sobre la maldad de las mujeres del mundo ya me chirriaba, porque no se correspondía con mi experiencia personal, donde mi red de apoyo y cuidado estaba formada por las mujeres de mi vida. Y sin embargo, muchas de esas mujeres sostenían esas ideas sobre lo malas que somos unas con otras, a pesar de que en la práctica eso no fuera cierto. Y claro, los estereotipos negativos calan tan profundamente que es imposible dejar de adoptar el discurso si no haces un trabajo previo.

En mi caso, aunque las relaciones con las mujeres de mi entorno gozaban de una salud más que aceptable, mi trabajo terapéutico en AMS ha pasado por entender mis malestares y su origen, saber de dónde vengo como mujer, y ser más benevolente conmigo misma; y creo que todo ese trabajo ha tenido una proyección en las mujeres de mi entorno, y ha hecho que sea mucho más empática con ellas: ahora me cuesta más juzgar las decisiones de “las otras”; mi relación con ellas es más fluida porque me siento más libre para poner límites y al mismo tiempo soy menos exigente con ellas. Y en definitiva valoro mucho más sus logros, sus aciertos, sus talentos, sus triunfos y sus éxitos; y también entiendo más sus desaciertos y sus elecciones diferentes a las mías, porque conozco los obstáculos que deben superar para marcarse un camino, y la lucha externa e interna que eso supone.

¡Y en esas y en otras estoy! con un trabajo inacabado que durará creo por siempre jamás! Para escucharme, aceptarme y quererme más; para sentirme libre de tener deseos; para elegir desde la responsabilidad pero no desde la culpa; y para establecer relaciones sanas que me generen bienestar. ¡Y, desde luego, sororidad amigas!

Gracias ESEN por ponerme en ruta y darme herramientas. Seguiré confiando en que otra forma de estar es posible y trabajando para poder lograrlo.

Isabel