Mesa 2: Las relaciones entre las mujeres en la cultura, los medios de comunicación y la política

Mesa 2: Las relaciones entre las mujeres en la cultura, los medios de comunicación y la política


Las relaciones entre mujeres en la ficción audiovisual

Tradicionalmente, la ficción audiovisual ha reflejado poco y mal las relaciones entre mujeres. Son muy escasos (escandalosamente escasos si tenemos en cuenta que somos la mitad de la humanidad) los films que recogen y muestran con interés y complejidad relaciones entre amigas, primas, vecinas, hermanas, madres e hijas, amantes….

Esto se debe, en primer lugar, a que la ficción audiovisual ha estado (y sigue estando) protagonizada por hombres en un altísimo porcentaje.

Es decir, las historias les suceden a ellos. Los personajes masculinos viven hazañas y aventuras tanto físicas como simbólicas, ellos portan el relato, el significado, la acción y, en ese devenir narrativo, se alían o se enfrentan unos con otros.

¿Cuál es el papel del personaje femenino en la mayoría de los films? Pues ser “la chica” de él. Ese rol se suele configurar de diversas maneras. Estas dos, por ejemplo:
1. Ella es el pretexto (un mero pretexto) para que él, a fin de “salvarla y protegerla”, se enfrente a “los malos”. 2. Si el enfrentamiento o la alianza entre varones es por otro motivo, entonces ella, en medio de esas apasionantes aventuras, aporta el “momento relax-erótico-amoroso”.

En ese esquema, no hay lugar para que las mujeres tengan historia propia e independiente. Y si no la tienen ¿cómo van a relacionarse unas con otras?

En consecuencia hay muchísimas películas donde no vemos ninguna escena donde dos personajes femeninos se interpelen mutuamente y, si lo hacen, su intercambio girará en torno a la relación con un hombre.

En este segundo supuesto, es probable que su relación sea de rivalidad. Por el amor de un hombre “la buena chica” se enfrenta a “la mala” (o a la menos buena). Así pasa en Mogambo (John Ford, 1953): Eloise (Ava Gardner) y Linda (Grace Kelly) se disputan el interés de Vic (Clark Gable). Nota curiosa: cuando este film se rodó, Gable tenía 52 (no especialmente bien llevados) mientras que Ava Gardner lucía unos esplendorosos 31 (21 años menos) y Grace Kelly, 24 (28 años menos).

Pero, aunque esta haya sido y siga siendo la representación mayoritaria, también siempre ha habido films rupturistas.

Así, y por seguir con el cine clásico, en Los caballeros las prefieren rubias (que se rodó exactamente el mismo año que la anterior, dirigida por Howard Hawks aunque basada en la novela de una mujer, Anita Loos, Dorothy (Jane Russell) y Lorelei (Marilyn Monroe) son las protagonistas. Ambas se quieren y se ayudan en todo y de ninguna manera están dispuestas a subordinar su cariño y lealtad mutuas a otras exigencias espurias.

Films que muestran relaciones entre mujeres

Empecemos señalando que hay muchísimas más probabilidades de que las películas o series protagonizadas por mujeres también estén realizadas por mujeres directoras y guionistas. *1

Pero, atención, aunque crucial, tampoco podemos creer que el protagonismo, sin más, resuelve todo.

En efecto, el mensaje de un film protagonizado por mujeres puede ser detestable. Verbi gratia: Princesas (León de Aranoa, 2005) que es un canto idealista a la prostitución o, más recientemente, 50 sombras de Grey (Sam Taylor-Johnson, 2015) o Elle (Paul Verhoeven, 2016) que son loas propagandísticas al masoquismo femenino.

No basta con que haya solo una.

Tampoco es suficiente con que se admita que puede existir UNA mujer excepcional. UNA sola entre un tropel de hombres. Caso extremo y emblemático de tal deformación: Ágora (Amenábar, 2009) donde la protagonista, Hipatia, no tiene condiscípulas, ni hermanas, ni amigas, ni primas, ni madre (padre sí), ni sirvientas… Caso similar: Lara, la protagonista de la saga Tomb Rider. Otro caso (bastante más aceptable pero insatisfactorio) Wonder Woman (Patty Jenkins, 2017) donde originariamente ella vive entre mujeres, las amazonas, pero, en cuando llega al mundo “normal”, solo se rodea de varones y no parece que tal cosa le escandalice.


«Históricamente, a las mujeres no se nos ha permitido autodefinirnos ni representarnos. Pero esto ya está cambiando (y aún ha de cambiar mucho más). Es esencial que dejemos de ser el objeto mirado para convertirnos en sujeto de la mirada, que nos adueñemos del relato socialmente compartido para narrarnos a nosotras mismas.»


Relaciones interesantes

Como ya dijimos, son las directoras y guionistas femeninas quienes dan protagonismo a las mujeres en muchísima mayor proporción de lo que lo hacen directores y guionistas hombres. También son ellas las que suelen mostrar relaciones diversas, complejas y de enjundia entre personajes femeninos. *2 Vamos a aludir a algunos films (no exclusivamente dirigidos por mujeres) donde las relaciones entre personajes femeninos resultan interesantes.

-Madres e hijas

La ficción audiovisual nunca ha tratado con el interés que se merece la maternidad. Y las madres, cuando aparecen, suelen ser figuras secundarias que forman parte -y parte no especialmente atrayentede las vidas de los hijos (varones); están vistas, pues, desde ellos. Pero, aunque escasos, sí hay films que muestran relaciones madres-hijas. Curiosamente tienden a reflejar conflictos, incomprensiones o, como poco, tensiones entre ellas. Pensemos en Solas (Benito Zambrano, 1999), Lady Bird (Greta Gerwig, (2017) o Mamma Mia! (Phyllida Lloyd, 2008). Aunque no siempre los conflictos son dramáticos y producto del rencor. Así, en Viaje al cuarto de una madre (Celia Rico, 2018) el conflicto (que no es violento ni desagradable) surge como consecuencia de los cambios vitales que se producen en la vida de la hija, pero ese conflicto nunca toma tintes agresivos sino que, por el contrario, preserva una relación de mutuo cariño y respeto.

En La bicicleta verde (Haifaa al-Mansour, 2012), la madre intenta educar en la sumisión femenina a su hija. Esta es una tensión que muchas hemos vivido con nuestra propia madre, no porque ella fuera una malvada sino porque era la encargada de convertirnos en “mujeres aceptables” para nuestro entorno. Y es importante que haya relatos que lo narren y nos ayuden a elaborarlo.

-La amistad

Cientos de films hablan de amistad y solidaridad entre parejas o grupos de hombres, poquísimos muestran lo mismo entre mujeres.

Thelma y Louise (Ridley Scott, 1991) fue un ilustre precedente.

La buena noticia es que van en aumento. Ahora, más películas nos muestran en relaciones de amistad, de apoyo, de comprensión mutua. Así, por poner algunos ejemplos: Aurore, 50 primaveras (Blandine Lenoir, 2017), Hidden Figures, figuras ocultas (Theodore Melfi, 2017), el documental Les optimistes (Gunhild Westhagen Magnor, 2015), etc. Junto con las amigas se trazan planes para salir de la miseria –como ocurre en El palo (Eva Lesmes, 2001). En caso de necesitar cobijo y ayuda, se recurre a las amigas como en Sé quién eres (Patricia Ferreira, 2000). O ellas te apoyan y ayudan para escapar de un marido maltratador, como vemos en Te doy mis ojos (Icíar Bollaín, 2004), etc.

-Las alianzas y apoyos entre mujeres

Las alianzas y apoyos entre mujeres van más allá incluso de las relaciones de amistad. En caso apurado, no es necesario ser amigas para buscar y encontrar auxilio en otra mujer. Así ocurre en Las inocentes (Anne Fontaine, 2016). El film transcurre a finales de la Segunda Guerra Mundial en un convento de Polonia donde, como consecuencia de las violaciones masivas que las monjas han sufrido a cuenta de las sucesivas tandas de soldados que por allí han ido pasando, varias están embarazadas. Recurren a la que saben será su única tabla de salvación: una médica del ejército francés.

Otros films narran como las mujeres se alían para conseguir fines políticos y objetivos feministas. Así nos lo muestran Ángeles con garras de acero (Katja von Garnier, 2004) o Sufragistas (Sarah Gavron, 2015). Ambos films evocan las luchas por el sufragio femenino.

-Amantes

Como bien sabemos, la ficción audiovisual mayoritaria da por supuesto que el amor de una mujer solo puede estar dirigido a un hombre. Pero, afortunadamente, ya hay films de gran calidad e interés que cuentan el enamoramiento entre mujeres. Estos tres, por ejemplo, se desarrollan en épocas, lugares, situaciones sociales y edades de las protagonistas muy diferentes: Fucking Amal (Lukas Moodysson, 2000), Carol (Tod Haynes, 2015) y Un amor de verano (Catherine Corsini, 2015).

El primero transcurre en los años 2000, en un país nórdico y entre adolescentes. Se trata de una preciosa e interesante película que debería proyectarse obligatoriamente en los centros de enseñanza. Muestra con gran finura e inteligencia, sin dramatismos innecesarios, y con mucho sentido de humor, el despertar de un amor lésbico.

El segundo, Carol, transcurre en EEUU en los años cincuenta y narra el enamoramiento que surge entre, por un lado, una señora burguesa, casada y madre y, por otro, una chica joven que está empezando su andadura en la vida, tanto desde el punto de vista profesional como del erótico-amoroso.

El tercero, Un amor de verano, trascurre en Francia, en los setenta. Nos relata la pasión amorosa de dos mujeres que (igual que en Carol) se encuentran por azar sin que, en principio, nada las una. El telón de fondo de la historia lo constituyen las luchas del movimiento feminista de aquellos años, por lo que resulta una película muy ilustrativa e interesante.

-De todo un poco

Aunque aquí, en pro de una mayor claridad expositiva, hayamos clasificado los films por grupos, lo cierto es que, a menudo, las películas no son monotemáticas y, aun centrándose en un aspecto, lo habitual es que muestren la riqueza y diversidad de las relaciones que pueden darse entre mujeres. Eso ocurre en Antonia’s line (Marleen Gorris, 1995) donde vemos relaciones madres-hijas, relaciones de amistad y apoyo y relaciones lésbicas.

También Flores de otro mundo (Icíar Bollaín, 1999), muestra la variedad de relaciones entre mujeres y muestra cómo no siempre son idílicas ni están exentas de tensiones. Tiene el interés añadido de que nos enseña cómo la incomprensión y los conflictos no tienen por qué ser forzosamente irresolubles sino que, por el contrario, pueden encontrar salidas enriquecedoras.

Carmina y amén (Paco León, 2014) es otro film donde vemos relaciones variadas entre mujeres: amigas, vecinas, madre-hija…

-Concluyendo

Aunque yo me he referido al cine, invito a cada cual a reflexionar sobre las series televisivas y aplicar a ellas lo expuesto aquí.

Vivimos en un mundo dominado por la imagen donde lo que no vemos, no existe. Dada su relevancia, lo que muestre la ficción audiovisual importa porque abre caminos y normaliza actuaciones y posicionamientos que, a veces, ya se dan en la vida real pero solo adquieren peso y legitimidad cuando los relatos socialmente compartidos los exponen y avalan.

Por eso, reconociendo que hemos avanzado, no debemos resignarnos con lo ya conseguido. Queremos “la mitad de todo”.

Acabo como empecé: la base, la condición sine qua non para que la ficción audiovisual muestre con profundidad, interés y diversidad las relaciones que se dan entre nosotras, es conquistar el protagonismo femenino. Si en las series o las películas las mujeres son solo figuras secundarias que no tienen historia propia sino que aparecen y desaparecen en función de otros, difícilmente reflejarán nuestra vida.

Y estas no son cuestiones nimias o irrelevantes. Para construir nuevas realidades necesitamos nuevos relatos que nos acompañen.


*1. Como yo misma demostré en el trabajo de investigación de 2010 “La representación de las mujeres en las películas españolas: un análisis de contenido” en Fátima Arranz (Dir.), Género y cine en España, Madrid: Cátedra, pág. 211-274.

*2. Trabajo anteriormente citado.


Pilar Aguilar-Ensayista, investigadora, escritora y crítica de cine y televisión feminista


Las relaciones entre las mujeres en los medios de comunicación

Las relaciones entre las mujeres periodistas en los medios de comunicación, como en cualquier otro escenario, vendrán determinadas por su posición respecto al feminismo y sus exigencias. Aquellas mujeres que se hayan aproximado al feminismo serán conscientes de que el patriarcado ha estado, y está, muy interesado en que las mujeres no se constituyan en un sujeto político y, así, construyan relaciones entre iguales, basadas en el respeto, la confianza, la camaradería y el apoyo; si no se definen como feministas, no habrán puesto en tela de juicio los estereotipos patriarcales, y estarán inmersas en relaciones de competitividad, desconfianza, recelo, incluso odio entre ellas.

De manera que, sobre una muestra no representativa de periodistas en activo, hoy, en 2019, varias periodistas respondieron sobre las relaciones entre ellas en los medios. Las encuestadas, con posiciones no feministas, ofrecieron respuestas muy contradictorias: mientras unas hablan de malas relaciones, de rivalidad y competencia, que las aproximan a mantener mejores relaciones, incluso, con algunos compañeros, otras afirman lo contrario, las relaciones son correctas y generosas.

Las periodistas que se declaran feministas se posicionan de manera diferente; “se alegran de que las demás tengan éxito”, es decir, no existe la llamada “rivalidad femenina”; y son conscientes del papel que juegan en las redacciones los estereotipos construidos por el patriarcado y, por tanto, entienden las tradicionales relaciones que, a veces ven, de ‘competencia y rivalidad’, de manera que las enfocan y, a veces, pueden ser capaces, incluso, de desactivarlas. En televisión, algunas ven que hay situaciones de ‘celos’ sobre quien hace más directos, quien sale más en imagen, o recelos cuando periodistas jóvenes se incorporan a la redacción y las más mayores temen ser desplazadas, situación que, por otra parte, también se da entre los hombres, pero no hay que olvidar que las jefaturas siguen primando las caras femeninas, añaden. En general, afirman, “nos alegramos con nuestros logros y sufrimos con nuestros traspiés”. “Porque entendemos las contradicciones, reconocemos el trabajo de nuestras compañeras, aunque la relación no sea la mejor”.

Las periodistas con años de inmersión en el feminismo reconocen el avance del feminismo en las redacciones: “Somos una lluvia fina y persistente que, con buen humor, va superando estereotipos. Se nos pide opinión en casos que los jefes-varones no saben cómo resolver sin herir sensibilidades y, esto lo tengo muy claro, a ellos no les vale por igual la opinión de una feminista que la de una mujer no reflexiva”.

Las periodistas feministas se reconocen entre ellas y valoran la labor en el día a día de ‘domesticación’ de los compañeros hacia sus postulados, que valoran positivamente porque, en general, las feministas de las redacciones leen más, son más reflexivas, tienen más argumentos para defender sus posiciones, añaden. La cruz de lo afirmado antes es que, precisamente, las mujeres con más preparación no son, precisamente, las elegidas para ascender u ocupar puestos de responsabilidad, sino las otras, más manejables, más dispuestas a “mirar con adoración a los jefes”.

Resumimos señalando que, después de los dos últimos 8M, en general, podemos afirmar que en las redacciones las posiciones que defienden los intereses estratégicos de las mujeres han avanzado muchísimo porque están presentes, directa o indirectamente en un número importante de redacciones. En algunas redacciones (no olvidemos el importante número de asociaciones de mujeres periodistas, incluso feministas, que se han puesto en marcha en muchos medios) nos señalan que “hay dos bloques de mujeres: las muy concienciadas con el feminismo y las nada concienciadas con él”. Bien; sabemos que la contradicción existe en todo proceso y, también, que impulsa su desarrollo.

Los estereotipos hay que desafiarlos para mejorar las relaciones entre mujeres

Desafiar, deconstruir los estereotipos, esas construcciones ideológicas, interesadas y elaboradas por quienes detentan el poder patriarcal para mantener su situación de dominación y control sobre las mujeres, debería ser el objetivo principalhoy, de las periodistas que quieren construir una sociedad libre de machismo, también cuando informan de la violencia de género. La profesión periodística, en cada noticia, en cada reportaje o en cada artículo de opinión que elabora, debería preguntarse si está desafiando los estereotipos, roles, comportamientos, habilidades y competencias, emociones, y apariencia física de las mujeres y de los hombres. Si desafían o fomentan las ideas interesadas de que las mujeres son quejicas, sensibles, mentirosas, dulces, delicadas, bellas, presumidas, maternales, cuidadoras, masoquistas, modestas, recatadas, frágiles, charlatanas, atentas, emocionables, etc. etc. Si, en sus piezas, no aparecen por ningún lado estas ideas, estarán elaborando información desde la perspectiva de género.

Hay periodistas que creen que hacer información desde la perspectiva de género es elaborar noticias que tengan como protagonistas a mujeres. Y no es así. En este breve resumen, quedémonos con que la perspectiva de género exige, en primera instancia, desafiar los propios estereotipos que anidan en todas las personas, mujeres y hombres, sean periodistas o gente de la abogacía o cualquier otra profesión. Todo el mundo ha sido educado en rendir pleitesía, en aceptar los estereotipos machistas; si no los desafiamos, construyendo relatos alternativos que no conduzcan a fomentarlos, seguiremos contando 1001, 1002, … mujeres asesinadas por criminales que basan su poder en mantener dominadas y controladas a las mujeres con las que se relacionan.


Las relaciones entre las mujeres periodistas pueden ser tan buenas y malas como en cualquier otro escenario, público o privado. Pero sí serían cualitativamente mejores si los medios de comunicación desafiaran los estereotipos de género.


Resumen

Desde las movilizaciones feministas masivas de los últimos años, especialmente los 8M, uno de los sectores en donde las reivindicaciones por la igualdad de las mujeres han tenido más influencia es en el periodismo. Después de años y años de lucha individual de las pioneras feministas en las redacciones, la necesidad de elaborar un periodismo que incluya las reivindicaciones liberadoras de las mujeres ha aflorado definitivamente. La larga experiencia de construir representaciones de la realidad, que es el trabajo periodístico, junto con las reivindicaciones y movilizaciones por la igualdad, ha traído como consecuencia la toma de conciencia de las periodistas para elaborar un periodismo más justo, inclusivo, que definimos como “periodismo desde la perspectiva de género” que ha llegado para quedarse, aprendiendo a mejorarlo y colaborar activamente en el logro de las reivindicaciones feministas de las mujeres. En este contexto, desafiar ya los estereotipos de género en el contenido de los medios es la labor ingente en la que deberían enfocar ya su trabajo, y comprometerse a llevarla a la práctica por parte de quienes quieran conseguir una sociedad más igualitaria entre mujeres y hombres.

Pilar López Díez-Doctora en Ciencia de la Información, es experta en género y medios de comunicación


Mujeres en partidos políticos

Es bien conocida la afirmación de Michelle Bachelet, ex Presidenta de Chile, respecto a este asunto: “Cuando una mujer entra en política, cambia la mujer; cuando muchas mujeres entran en política, cambia la política”. Pues bien, ahora
que entran muchas más mujeres creo que no hemos cambiado la política, aunque sí el discurso, porque ya no hay ningún partido que no se reclame feminista. Sin embargo, tal vez se note más la impronta feminista en las políticas de proximidad, como ayuntamientos.

La práctica de mujeres en los partidos tiene poco recorrido, pues hasta hace poco las mujeres no podíamos ni siquiera votar. Sin embargo, la participación en los partidos era posible, pero minoritaria. La colaboración y amistad de Rosa Luxemburgo y Clara Zetkin hicieron posible la creación de la Liga Spartakista y el Partido Socialdemócrata alemán (USPD) como protesta con la Primera Guerra Mundial. También crearon el periódico ‘La Bandera roja’. Clara fue la que propuso el día 8 de marzo como día de la mujer trabajadora, más interesada por el feminismo que su compañera. La primera fue hecha presa en 1919, asesinada y lanzada a un canal de Berlín. La segunda se hizo comunista y murió en Moscú en 1933.

Emily Davies y Elizabeth Garret Anderson se unieron para presentar la primera petición de las sufragistas por los derechos de las mujeres al Parlamento Británico, a través de los comunes John Stuart Mill y Henry Fawcet. La primera había luchado por el derecho a que las mujeres pudieran entrar en la universidad, y Elizabeth fue la primera mujer médica británica, aunque se le había negado el ingreso en la Universidad, lo que hizo que estudiara en distintos hospitales.

Bien conocido es el caso de Clara Campoamor, cuyas compañeras en el Parlamento fueron más bien un obstáculo que un apoyo para conseguir el voto para las mujeres en España. Finalmente, Campoamor tuvo que exiliarse de su país por aquel que fue “su pecado mortal”, el voto femenino. Este es un claro ejemplo de cómo si las mujeres que entran en política son pocas no hacen más que seguir las directrices de sus partidos, como fue el caso de Victoria Kent. Sin embargo, el de Campoamor es el de una luchadora solitaria, que incluso se opuso a su propio partido.

En los años 70 en EE.UU., en la segunda ola, el feminismo se vivió como rechazo al poder, pero ya en los 80 las feministas comenzaron a entrar en política con una perspectiva de género. En un primer momento, el feminismo se consideró como una lucha de clases y, por tanto, un apéndice de la utopía comunista. Luego el feminismo se cerró a lo político y se abrió a lo social; hoy es un movimiento social y político que alcanza su masa crítica, pero tal vez ahora lo que falta es definir el sujeto político del feminismo, que ha sido sustituido por el ambiguo término de diversidad. Estamos entrando en la cuarta ola y se hace urgente definir los objetivos y el sujeto del Movimiento.

No obstante, supongo que me habéis llamado aquí para que hable desde mí misma, desde mi experiencia, que la puedo resumir así.

-No soy mujer de partido: Mi talante es muy ácrata y no me es fácil someterme a jefes. Pero este partido de Podemos me pareció más un movimiento social que un partido político al uso. Para mí era un movimiento heredero del 15 M. Sin embargo, Podemos tenía dos almas, con dos partidos dentro y un movimiento social popular. Podemos nació como una necesidad histórica que ha devenido en una oportunidad perdida.

-Por supuesto que para mí ha sido en todo momento más importante el feminismo que cualquier partido político. Primero me integré en el círculo territorial de la ciudad donde vivo. Más que integrarme, luché con todas mis fuerzas para que el círculo respondiera al espíritu originario de Podemos. Al principio los círculos tenían una gran fuerza, pero poco a poco Podemos los fue dejando caer, porque en el fondo había otro proyecto de Partido.

-También me integré en un círculo feminista de mujeres mayores de 50 años en Madrid. Me eligieron para representar a los círculos sectoriales y salí elegida, contra todo pronóstico, en Vistalegre II para formar parte del CCE. En el grupo de Madrid encontré algunas antiguas amigas del feminismo, lo que nos unió mucho, pero, no obstante, había tremendas guerras internas, según las facciones. No fue una buena experiencia. Pero hemos sobrevivido un grupo que hicimos una asociación.


Los partidos políticos pueden conseguir cambios muy significativos en democracia, pero el feminismo y el ecologismo están llamados a liderar un cambio radical de paradigma.


-Mi experiencia con las feministas de Podemos no ha sido excelente. Primero por las facciones, en las que se prima la tendencia partidaria, y luego por la división entre las regulacionistas y las abolicionistas respecto a la prostitución y los vientres de alquiler. Soy absolutamente abolicionista y eso hace que me sienta mucho más próxima a las amigas del PSOE, por ejemplo, que son feministas desde hace mucho tiempo. Es lo que más une, al margen de los partidos, lo que une es el ser feminista, que creo que supone políticamente una fuerza mucho mayor que cualquier partido político. El feminismo, junto al ecologismo son movimientos que trazan caminos de progreso en la civilización. Los partidos mucho menos. Y a veces lo dificultan.

-Los partidos políticos pueden conseguir avances y cambios muy importantes dentro del régimen democrático, pero sólo el feminismo y el ecologismo están llamados a liderar un cambio de paradigma social, político y cultural.

Tenemos que hacernos conscientes de todo lo que podemos lograr las mujeres feministas unidas, dentro o fuera de partidos políticos. Uno de los ejemplos más paradigmático es lo que consiguieron las mujeres islandesas cuando la debacle financiera de 2008. Ellas se unieron en torno al Partido Socialdemócrata de Islandia, mientras los hombres, causantes de semejante desastre, se agrupaban en el Partido de la Independencia. Las mujeres fundamentalmente consiguieron llevar al banquillo a los políticos que habían consentido y propiciado la quiebra del país y convocar nuevas elecciones, en las que salió elegida Jóhanna Sigurdadóttir del Partido Socialista.

Conclusiones

1. Los Partidos que tienen diversas tendencias en su interior dificultan mucho la complicidad feminista entre las mujeres, pues todavía tienen más fuerza el poder estructural y las cotas de poder que el feminismo.

2. Que el movimiento feminista tiene que ser autónomo respecto a los partidos, por más que muchas mujeres de partido se sientan más vinculadas al propio movimiento que a sus partidos.

3. Que no hay feminismo de derechas ni feminismo liberal. Pero sí hay mujeres conservadoras que tienen un fuerte sentimiento feminista.

4. Que considerando el tiempo histórico de grandes ciclos, el feminismo es más definitivo e influyente política y socialmente que todos los partidos políticos juntos. Por eso ahora todos se reclaman feministas, aunque no lo sean.

5.De todos modos, el feminismo está en peligro porque ante grandes movimientos, grandes reacciones, como actualmente estamos comprobando desde la política.

6. Que el Patriarcado va a seguir defendiendo sus privilegios y el capitalismo sus intereses. Esto augura una gran lucha frente a la prostitución, la trata y el lobby proxeneta, así como frente a las agencias de los vientres de alquiler o gestación subrogada.

7. Tal vez el futuro y situaciones extremas nos reclamen históricamente crear un gran partido ecofeminista, en el que las mujeres encontremos nuestro lugar político.

Victoria Sendón-Filósofa, escritora y activista feminista

2025-04-07T10:40:02+02:00
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