Para delimitar si se está realmente produciendo una cuarta ola feminista, tendremos que preguntarnos tres cosas: qué la impulsa, cómo se expresa y quiénes la protagonizan.
En cuanto al qué, después de las grandes conquistas feministas, lo que hoy está sacando al feminismo a las calles y haciéndolo un movimiento de masas yo diría que es, no sólo pero sí fundamentalmente, una auténtica insurrección contra la violencia sexual. Se ha producido un movimiento de masas contra la persistencia e, incluso, el recrudecimiento de esa violencia.
En cuanto al cómo se expresa, el feminismo ha aglutinado a muchos sectores sociales en sus masivas manifestaciones y a muchas mujeres jóvenes que se levantan contra esa violencia sexual.
Pero el feminismo tiene que crear en ellas no sólo rechazo, sino conciencia crítica. Es decir, que no se queden en condenar los efectos de esa violencia, como los asesinatos de mujeres, sino que visibilicen sus causas y que tomen conciencia de que esa la violencia es estructural al sistema patriarcal. En la cuarta ola hay que decir que el feminismo vuelve a reclamar en estas luchas contra la violencia patriarcal la reclamación de igualdad de las mujeres.
«Las mujeres tenemos que empoderarnos como sujeto político prioritario del feminismo, porque las mujeres tenemos objetivos comunes ya que padecemos dominaciones también comunes.»
Este paradigma de la igualdad resurge hoy, después de que, como lo ha señalado la filósofa Nancy Fraser, a partir de los 80 fuera desplazado en el feminismo contemporáneo por el paradigma del reconocimiento de las diferencias entre mujeres. Efectivamente, el feminismo en esos años asumió la diversidad entre mujeres – culturales, raciales, de clase, de preferencia sexual, etc.y esto ocurrió fundamentalmente cuando el feminismo lesbiano, negro y chicano criticó al feminismo hegemónico por no contemplar sus diferencias y no sentirse representadas en un feminismo centrado en la mujer blanca, occidental, heterosexual y de clase media.
A partir del este predominio del reconocimiento de las diferencias entre mujeres se plantea un problema en el feminismo: ¿cómo pensar las identidades que se reconocen como diversas? ¿Cómo evaluar las diferencias?
El debate abierto acerca de qué hacer con las identidades diversas, qué hacer si reconocemos las diferencias entre mujeres, abre también el debate de qué hacemos con el sujeto político del feminismo: es decir, abre el debate del quiénes de esta cuarta ola.
Hay quien defiende que estaríamos ante una cuarta ola que se caracteriza por que el sujeto político del feminismo habría cambiado: de ahí viene las propuestas del denominado transfeminismo y de la teoría queer. Estas propuestas postmodernas se vinculan directamente con la filósofa norteamericana Judith Butler. Butler propone deconstruir las identidades por normativas y excluyentes. En este sentido, también habrá que deconstruir la identidad “mujeres” que, como toda identidad, es normativa y excluyente. Porque, dice Butler, que el “nosotros feminista”, la identidad “mujeres” siempre sería una construcción que deja fuera a una gran parte del grupo que pretende representar.
Pero, hay quien ve un peligro para el feminismo en estas propuestas postmodernas. Así la feminista norteamericana Seyla Benhabib le contesta a Butler que, si deconstruimos la identidad mujeres, el “nosotros feminista”, nos quedamos sin sujeto político que pueda llevar adelante el proyecto de emancipación que el feminismo es.
En este debate no cerrado, a mi juicio el feminismo tiene que mantener el sujeto “mujeres”, si no como identidad esencial, sí como identidad estratégica.
¿Qué quiero decir con “identidad estratégica?: lo que decía la filósofa Rosa María Rodríguez Magda ya en 1999: la identidad estratégica “mujeres” consistiría en ser varias y diversas cuando se nos quiere asimilar a una misma identidad de género desde fuera, cuando se nos quiere estereotipar, pero ser una y la misma cuando se nos quiere anular. Creo que hoy hay que pensar el sujeto feminista en alianza con otras identidades que se crean en su resistencia al orden heteropatriarcal: con colectivos gays, lesbianas, transexuales, bisexuales…Pero a mi juicio de lo que no se trata es de disolver el sujeto del feminismo en esas otras colectividades.
Lo que sí me parece urgente es que hoy, con las masivas movilizaciones feministas en la calle, con esta cuarta ola en puertas, repensemos y estabilicemos el sujeto político del feminismo. Porque no podemos dejar que se nos quiera usurpar el sujeto a las mujeres precisamente ahora, cuando la lucha feminista más necesita de un sujeto fuerte. Un sujeto que tiene que llevar adelante un proyecto feminista tan fácil de enunciar y tan difícil de hacer como es erradicar el patriarcado. Y hacerlo además a escala transnacional, a escala planetaria, reconociendo desde luego las diferencias entre mujeres culturales, locales, raciales, de clase, de orientación sexual. Pero reconocer esas diferencias no significa que se pueda hablar hoy de un postfeminismo, o incluso hablar de la postmujer (como hacen discursos actuales). Y no cabe hacerlo, no cabe hablar de postfeminismo cuando, como lo decía Fraser, todavía no estamos ni mucho menos en condiciones de hablar de un postpatriarcado.
Luisa Posada-Profesora titular de Filosofía en la UCM
