El pasado 28 de octubre, Soledad Muruaga, presidenta y cofundadora de Mujeres para la Salud, participó en la Jornada Género e Inclusión Social organizada por la Fundación Atenea y celebrada en CentroCentro Cibeles (Madrid). Una jornada en la que, con motivo del 30 Aniversario de la Fundación, profesionales de diferentes disciplinas profundizaron en los factores de exclusión y el eje de la desigualdad de género, analizando las desigualdades que sufrimos las mujeres desde una perspectiva de empoderamiento y superación en torno a nueve ámbitos sociales: residencial, laboral, socio-sanitario, formativo, socio-relacional, económico, de participación y ciudadanía, macro social y personal.

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Factores de exclusión social. Mandatos y roles

Soledad Muruaga estuvo encargada de hacer hincapié en los factores de exclusión que se producen en el ámbito social y de las relaciones. En su presentación realizó un repaso por los factores de exclusión social que afectan a las mujeres y cómo nos afectan las relaciones patriarcales tradicionales, generándonos los malestares de género que sustentan la metodología que utilizamos desde hace más de treinta años en el espacio de salud Entre Nosotras y enseñamos a diferentes profesionales en la Escuela ESEN.

Asimismo, ahondó en cómo todas las mujeres sentimos la obligación de cumplir con los roles y mandatos impuestos desde prácticamente nuestro nacimiento, y cómo si bien estos son diferentes en función de la generación a la que pertenezcamos, no por ello dejan de generarnos los malestares de género que pueden acabar en depresiones o en síndromes.

Factores de exclusión en el ámbito de las relaciones

Dentro del ámbito de las relaciones, Soledad Muruaga afirma que el mayor factor de riesgo, vulnerabilidad, desigualdad y violencia en las relaciones humanas es ser mujer en una sociedad patriarcal. Así, si bien socialmente las mujeres estamos expuestas a varios factores de desigualdad (edad, religión, etnicidad o lugar de procedencia, opción sexual…) existe uno divergente que atraviesa a todos los demás: el género.

El género implica para las mujeres una socialización diferencial que nos adjudica responsabilidades en las relaciones afectivas y de los cuidados, y que se suma al deterioro en el ámbito de las redes sociales, familiares y de pareja afectando a nuestra salud integral. Por este motivo, las mujeres padecemos las depresiones no biológicas o situacionales en un mayor número que los hombres. Según los datos de la Organización Mundial de la Salud, las depresiones situacionales afectan a 2.240.000 mujeres y 960.000 hombres.

Las consecuencias de la exclusión social-relacional de las mujeres: la Depresión de Género

Pero ¿qué son las depresiones situacionales y qué las provoca? Son un tipo de depresiones que no tienen causa biológica, sino que su origen se encuentra en situaciones difíciles de las vidas de las personas, como muertes, enfermedades, accidentes, pérdida de trabajo o situaciones de desempleo, adicciones… Dentro de estas depresiones situacionales existe una concreta que sólo afecta a las mujeres debido a las desigualdades estructurales de género entre ambos sexos, y que en la Asociación Mujeres para la Salud englobamos dentro de nuestra metodología Psicoterapia de Equidad Feminista bajo el epígrafe “Depresión de género”.

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Soledad Muruaga define la Depresión de Género como un «conjunto de sufrimientos y malestares físicos y psicológicos que experimentamos las mujeres por soportar las numerosas desigualdades estructurales de género y la exclusión social que recibimos dentro de la sociedad patriarcal en la que vivimos». Los roles y mandatos de género, la acumulación de micromachismos y microviolencias (que a pesar del prefijo micro son machismos y violencias en estado puro) y, a veces, por la experiencia de algún suceso traumático, en cuyo caso se produce el Síndrome de Género.

Dentro de estos Síndromes de Género bajo nuestra Psicoterapia de Equidad Feminista hemos englobado tres que son frecuentes en las vidas de muchas mujeres:

  1. Aquellos que se producen por las secuelas de los abusos sexuales vividos en la infancia
  2. Los que se producen como consecuencia de una separación de pareja traumática (en la que no es necesario que él la haya dejado a ella, sino que ante los aprendizajes que tomamos desde nuestra infancia las mujeres asumimos como un fracaso personal, aunque él fuera una pareja tóxica o maltratadora)
  3. Y por último los que atraviesan las mujeres que han sufrido violencia por parte de su pareja o ex – pareja.

Volviendo a la Depresión de Género, sus síntomas son similares a los de cualquier otra depresión: en algunos casos son psíquicos, como la tristeza, la apatía, la falta de interés o de concentración, la ansiedad, la irritabilidad, el pesimismo, la culpabilidad… En otros casos son somáticos o físicos, como insomnio o exceso de sueño, problemas alimentarios (ya sea por exceso o por defecto), disfunciones sexuales, dolores y molestias diversas… Por último, en otros casos las mujeres que atraviesan una Depresión de Género pueden padecer ciertos malestares y sufrimientos característicos de nuestra socialización de género, como un malestar difuso e irritabilidad crónica, un descontento permanente de la relación de pareja (del que muchas veces se sienten culpables), un retroceso o paralización de su desarrollo personal, la limitación de su libertad y autonomía, falta de confianza en ella misma y baja autoestima…

Cada una de nosotras, en función de la etapa generacional en la que nos encontremos, tenemos unos factores de vulnerabilidad u otros marcados por nuestras vivencias concretas. Así, si bien la Depresión de Género y los factores de exclusión son comunes a todas las mujeres, cada uno de estos grupos generacionales tenemos características concretas. Sin embargo, todos nuestros malestares tienen su origen en esa exclusión de la que somos objeto las mujeres.

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