por Pilar Pascual

Este artículo trata sobre la necesidad de la existencia de espacios terapéuticos exclusivos para mujeres y sobre las ventajas e inconvenientes que tienen frente a los espacios mixtos. Además, explica por qué entendemos que la formación en género exclusiva de mujeres es una herramienta de empoderamiento colectivo extraordinaria por su efecto multiplicador.

A lo largo de todos los artículos se han barajado tres ideas que necesitamos tener en cuenta como punto de partida:

• Las mujeres somos socializadas de forma diferente a los hombres, es decir aprendemos cosas distintas, se esperan cosas diferentes de nosotras, además nosotras ocupamos la posición de subordinación, y aprendemos que ser hombre tiene más valor y, por tanto, tienen que tener más oportunidades. Las mujeres enfermamos de distinta manera y nuestros malestares son diferentes a los de los hombres.
• La esencia de la socialización de las mujeres es ser para los demás, para ello tenemos que aprender a ser sumisas, dependientes del amor de los otros y no desarrollar al cien por cien nuestras capacidades, lo que nos hace dudar, tener falta de seguridad y confianza en nosotras mismas. Aprendemos y naturalizamos un desequilibrio de base en la relación de hombres y mujeres. Nuestra educación no nos prepara para ser seres autónomos e independientes capaces de defender nuestros derechos asertivamente.
• Vivimos y asumimos que la sociedad es violenta contra las mujeres de forma estructural, lo que ahonda en la dependencia y la inseguridad en todas nosotras. Algunas de nosotras, además hemos sufrido la violencia de forma directa. Todos los tipos de violencia de género provocan efectos directos en la salud física y mental de todas las mujeres.
Una vez que tenemos claras estas premisas hay que describir qué tipo de profesional es el más adecuado para trabajar la salud mental de las mujeres, qué necesidades y características propias de las mujeres hay que tener en cuenta y, por último, qué tipo de espacios terapéuticos son los más convenientes para responder debidamente a sus necesidades.

Profesionales

Teniendo en cuenta que estas realidades afectan por igual a todas las personas, las/os profesionales están socializados de la misma forma que sus posibles usuarias/os y que, por tanto, se verán igual de afectados por los sesgos de género que el resto de las personas que tienen que atender. En una misma cultura –patriarcal- todas las personas construyen su identidad de género, de hombre o mujer, de la misma manera. Madurar, aprender e incluso formase académicamente como psicólogas/os, por ejemplo, no significa cuestionar esa parte esencial de una/o misma/o.

Por lo tanto, es conveniente que las/os profesionales que atienden terapéuticamente a las mujeres incorporen la perspectiva de género al ejercicio de su profesión. En España esta perspectiva no está incorporada en los programas curriculares que ofrecen las universidades, a pesar de que existen multitud de trabajos que indican que este tipo de psicología es muy eficaz. Solo hay algunos intentos, posgrados o masters que no son obligatorios para todo el alumnado.

Por otro lado, para que un/a buen profesional garantice la atención más adecuada a las necesidades y características de las mujeres debería someterse a un proceso de deconstrucción de su propia socialización, una introspección profunda sobre su propia “mochila” de género. En la actualidad, es muy escaso el número de mujeres profesionales que lo hayan llevado a cabo, aunque infinitamente menor en el caso de los varones. En este sentido, es importante tener en cuenta que los objetivos de la introspección son diferentes para los hombres y las mujeres. En el caso de los hombres profesionales, consistiría en deconstruir su posición de poder y privilegio con respecto a las mujeres, reconocer y expresar emociones, reconocer las carencias en la empatía y la necesidad de cuidar a los otros…. (por ejemplo, dejar de ser paternalistas con las mujeres). Sin embargo, en el caso de las mujeres profesionales, uno de los objetivos seria cuestionarse la sumisión y la dependencia (necesidad de que me quieran), para aprender a ocupar posiciones de igualdad y asertividad en las relaciones y así adquirir la seguridad y confianza necesarias para confiar en el propio criterio (por ejemplo, dejar de ceder el espacio a los hombres).
Resaltado: Lamentablemente la perspectiva de género, no forma parte del curriculum de la mayoría de las/os profesionales.

Necesidades de las mujeres

Es necesario “comprender” a las mujeres, entender qué significa socializarse como mujer, saber qué y cómo les enferma vivir en un sociedad desigual y discriminante, lo que en AMS hemos denominado conocer los malestares de género y sus efectos sobre la salud. Además, es necesario tener una postura clara y objetiva sobre la violencia de los hombres contra las mujeres, sus causas y sus efectos sobre su salud psicofísica. De esta forma, se aceptaría, por ejemplo, el rechazo de las mujeres a hablar con un terapeuta masculino sobre la violencia provocada por otro hombre.

Asimismo, ante la evidencia de la correlación mujeres atendidas por problemas de salud mental y haber sufrido abuso sexual y/o violencia de género en la infancia, en comparación con la población en general, será necesario conocer la sintomatología para diagnosticar las secuelas que experiencias traumáticas de este tipo ocasionan en las mujeres. En el caso de los abusos sexuales sufridos en la infancia (ASI), en muchas ocasiones, las mujeres que piden ayuda terapéutica no expresan aquel hecho violento bien por mecanismos de supervivencia, bien porque no saben relacionar sus conflictos actuales con los que les sucedió en la infancia o bien porque no encuentran la intimidad necesaria cuando el terapeuta es varón. En consecuencia, deambulan de un recurso a otro, son mal diagnosticadas, etiquetadas de múltiples trastornos, tachadas de locas e incluso desahuciadas terapéuticamente hablando, cuando, si se sabe apreciar, su sintomatología lo indica con claridad. Existe un gran desconociendo y la falta de formación específica en la mayoría de los/as profesionales sobre los efectos de los ASI en las mujeres adultas, que además presentan sintomatología entremezclada de los malestares de género por ser criada en un contexto patriarcal, además de violento.

Entre nosotras nos entendemos mucho mejor y tenemos que apoyarnos las unas a las otras. Teniendo el apoyo de miembros de nuestro propio sexo, nos podemos empoderar. No sabría explicar por qué, pero siento más empatía, confianza y seguridad para poder expresar lo que me pasa.

No; para empezar, no creo que haya muchos terapeutas hombres especializados en terapia de género; y aunque entiendo que la psicología es ciencia, creo que la experiencia de las profesionales es un valor añadido a sus conocimientos y su profesionalidad porque han estado de alguna manera en el lugar donde yo estoy. Y un hombre no.

Hace años acudí a terapia por primera vez, a pesar de que el terapeuta sí me ayudó con algunos conflictos de aquella época y salí adelante, hubo algunos temas, especialmente en relación a la sexualidad o relaciones con hombres, de los que me hubiese gustado hablar y no pude, ya que intenté plantearlos y me sentí cuestionada.

Espacios terapéuticos

Cuando pensamos en los espacios que necesitan las mujeres para ser bien tratadas diseñamos un espacio con las siguientes características:

  • Un espacio en el que prime la seguridad, la confianza y la tranquilidad, sin tensiones y/o violencias.
  • Dónde se sientan únicas, bien tratadas desde que entran por la puerta, donde se sientan respetadas, no juzgadas y comprendidas.
  • Dónde no tengan que ocultarse porque se sienten inferiores.
  • Espacios que sientan suyos, que potencien las relaciones con otras mujeres con experiencias comunes como fuentes de apoyo (no una amenaza) que les ayuden a no sentirse solas y a empoderarse.
  • Espacios donde se potencie la autonomía y el empoderamiento desde el primer día, incluso en las pequeñas decisiones.
  • Espacios cuidados, cálidos, que satisfagan otras necesidades (básicas y de relación).
  • En una palabra, espacios de sororidad.

En los espacios terapéuticos mixtos, el clima puede no ser el más adecuado para las mujeres e implicar, incluso, riesgos de re-traumatización para aquellas cuyos problemas de salud mental están relacionados con el abuso sexual y la violencia ejercida por hombres.

Son necesarios espacios exclusivos de mujeres que ofrezcan la seguridad e intimidad suficientes para revelar aspectos traumáticos de los que no es sencillo hablar en entorno mixtos o con terapeutas hombres.

El Espacio de Salud Entre Nosotras recoge todas estas características, es un espacio físico cuidado y confortable en el que las mujeres se sienten como en casa. No tiene ningún aspecto clínico porque queremos romper, desde el primer momento, las relaciones jerárquicas y de poder que se suelen generar entre paciente/terapeuta, de ahí su nombre Entre Nosotras. Llamamos a las mujeres usuarias, no pacientes, porque todas las mujeres tenemos malestares de género.

La recepción es un bar, un lugar de encuentro entre las mujeres que acuden a terapia, es un autoservicio donde las mujeres pueden consumir lo que les apetezca y abonar el coste en una caja. Fomentamos la autonomía y hacer sentir que el espacio suyo. No está permitida la presencia masculina ni tampoco la de menores, porque el espacio de salud es un tiempo solo para ellas consigo mismas.

Todas las profesionales que atendemos a las mujeres somos mujeres. Las psicoterapeutas se han formado en nuestra metodología PEF y se han cuestionado su ser mujer a través de una introspección profunda y un trabajo en equipo que cuestiona los propios malestares. El resto de profesionales del espacio de salud desarrollan actitudes de respeto, empatía en el malestar y de buen trato, evitan cualquier tipo de confrontación en la atención de las usuarias. Se han diseñado pautas para prevenir y solucionar conflictos basadas en la escucha y trato respetuoso (en la acogida, la recepción, en la atención telefónica,…).

Además, fomentamos cualquier tipo de encuentro e iniciativa entre nosotras, una fiesta anual para usuarias del espacio de salud y amigas de AMS, a la que suelen acudir alrededor de 100 mujeres entre usuarias y antiguas usuarias a las que les unes el compromiso y el cariño por la Asociación. Este último año, hemos apoyado el I Mercadillo Solidario de Artesanas Feminista promovido por alumnas y usuarias.

Me hace sentir que es un espacio “seguro”, inclusivo y exclusivo para nosotras.

Me gusta porque en todo momento se respira aire de respeto, no solo hacia ti, sino entre nosotras, no competitividad… es lo que más me gusta. Te enseñan a quererte.

He encontrado un espacio para mí. Un hueco propio todas las semanas. La sensación de estar en comunidad, en un sitio al que pertenezco y donde me cuida

Espacios formativos

La falta de profesionales especializadas en género y los buenos resultados que ha dado nuestra psicoterapia feminista en sus 30 años de trayectoria, nos hizo pensar en la posibilidad de crear una Escuela de Formación para transmitir nuestra metodología a cualquier profesional que trabaje con mujeres y que quiera incorporar la perspectiva de género a su profesión. Así, una vez que publicamos nuestro manual, decidimos poner en marcha la Escuela del Espacio de Salud Entre Nosotras (eESEN).

Esta escuela es exclusiva para mujeres entre otras cosas, porque el momento histórico así lo recomienda, pues la evolución hacia la igualdad está siendo muy lenta. A pesar de los avancen en derechos legales conseguidos, nuestra sociedad sigue resistiéndose a asumir la igualdad como principio rector. La violencia contra las mujeres, en sus distintas formas, sigue siendo un problema de primer orden al que no se atiende políticamente y la educación sigue siendo tremendamente sexista. Ante este panorama las mujeres tenemos que aprender a empoderarnos, para enfrentarnos a la hostilidad que recibimos, y no seguir perpetuando las actitudes y comportamientos que nos mantienen en la subordinación, la sumisión y siendo las víctimas de la violencia. Es necesario que todas las mujeres hagan el ejercicio de cuestionarse su socialización y suelten el lastre que el patriarcado las impone, porque además les va la vida en ello.

La formación que ofrecemos en la eESEN tiene el doble objetivo de transmitir la teoría feminista desarrollada por las académicas y la teoría aplicada, desarrollada por el equipo de AMS. También pretende facilitar el cuestionamiento de la socialización de género de las propias alumnas a través de ejercicios de introspección personal, en grupos reducidos de alumnas.

El posgrado que diseñamos tiene dos partes diferenciadas, un primer año de teoría feminista e introspección personal para cualquier disciplina -médicas, abogadas, psicólogas, trabajadoras y educadoras sociales, políticas, policías, maestras, profesoras… y, un segundo año, solo para psicólogas que además quieran ser psicoterapeutas de equidad feminista.

Para mí esta formación ha sido como una especie de revolución a nivel personal y profesional. Me he cuestionado un montón de cosas de las que yo hacía como terapeuta y de las que hacía como mujer.
Me ha obligado a replantearme de cosas de las que estaba haciendo como terapeuta y me ha puesto una especie de filtro diferente. Yo veía la realidad con un filtro teórico y a ese filtro se me ha añadido otro, que es la perspectiva de género que te obliga a ver los problemas con los que te enfrentas de otra forma.
En el terreno personal, el posgrado te hace replantearte tu historia. Tú te cuentas tu vida de una forma y después de esta formación he empezado a contármela de otra, teniendo en cuenta que soy una persona mujer con una socialización concreta y que me he enfrentado a unas situaciones concretas a partir de esa socialización.
Es imposible terminar esta formación igual que la empiezas, porque te obliga a cuestionarte mucho y a pensar mucho en ti, en lo que has hecho, en las decisiones que has tomado como mujer y como profesional. Victoria Compañ Felipe, psicoterapeuta y alumna de la tercera promoción

Este artículo pertenece a La Boletina 34 Las relaciones entre las mujeres, que puedes leer completa aquí

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