El aborto en manos de la «caverna»

Una vez más, malos tiempos para las mujeres y para la libertad. No somos libres si no podemos decidir sobre nuestra intimidad, nuestros cuerpos y nuestras vidas. El debate actual sobre el aborto resurge, y resurgirá, mientras los fundamentalismos religiosos, no mayoritarios pero sí muy poderosos, impongan su interpretación moral, autoritaria y anacrónica, del hecho de dar vida. Si la vida la da y la quita Dios, que el embarazo se desarrolle en el cuerpo de la mujer puede resultar un estorbo. ¿Y quién representa en la tierra a ese su Dios, único y verdadero? Pues ellos mismos; la poderosa jerarquía eclesiástica, en este caso católica, que como siempre quiere imponer su verdad no sólo a los católicos sino a la sociedad en general. Verdad que olvidando sus principios de actuación en conciencia, caridad, humildad y respeto a los demás, convierten su discurso sobre el aborto en universal, para todos y para siempre.

Las mujeres, esos seres que algunos consideran despreciables, que hacen todo lo posible para quedarse embarazadas para luego deshacerse del hijo que llevan dentro, no son maduras ni responsables para decidir. Así que son ellos, o sus acólitos, quiénes decidirán por ellas. Curioso es que sea siempre la jerarquía eclesiástica, conformada por hombres, la que más presión ejerce. Ellos, que se niegan a sí mismos algo tan bello como ser padres y la emoción de la sexualidad que busca dar vida a un nuevo ser deseado, no son los más indicados para hablar de maternidad ni paternidad, para negar la capacidad de elegir de los demás ni para temer algo tan absurdo como que el mundo se puede acabar con tantos abortos y tanta homosexualidad.

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Isabel Serrano es ginecóloga de la Federación de Planificación Familiar Estatal y portavoz de la plataforma Decidir nos hace libres.

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