Supongo que, como todas las mujeres, aun sintiéndonos cómodas en nuestra condición de mujer, siempre hay cosas que no entendemos, que nos chirrían o nos duelen sin saber por qué.

Y así crecí. Rebelde y revelándome frente a todas las injusticias que percibía, pero sin conocer su origen. Lo que se llama “rebelde sin causa”. O eso se quería que creyésemos, que no hubiera causa. Pero la había y la hay.

Estando ya en mi etapa adulta, el feminismo llegó a mi vida. Y empecé a dar sentido a todas esas responsabilidades e imposiciones que se asignaban a las mujeres, sin razón ni explicación alguna para ello. El rol en los cuidados, el acoso en las calles, en las aulas, en los trabajos, con las amistades, en el hogar y, en realidad, en todos y cada uno de los lugares que estaba, las mujeres asesinadas… Todo era atravesado por el machismo y todas las respuestas estaban en el feminismo.


Sin duda, el feminismo cambió mi vida y me mostró la opresión y la sumisión en la que vivimos. Pero fue la militancia, la que me cambió como persona y me dio las armas para luchar contra todo ello.


En el camino de querer aprender más, conocí a mis compañeras. Y empecé a militar en un colectivo feminista junto a ellas. Yo entré con miedo y poca confianza de poder aportar algo, pero con muchas ganas, eso sí. Y me abrieron un nuevo mundo. Fue ahí, sin duda alguna, cuando todo cogió sentido. Cuando empecé a compartir espacio, conversaciones, trabajo y vida con unas mujeres maravillosas que tenían unas ganas de cambiar el mundo admirables. El trabajar y compartir juntas, ha hecho que creciera como mujer, que cada vez me sintiera más segura de mí misma y de mi realidad, y que cada vez tuviera más fuerza para querer cambiarla. Me hacen sentir que todo es posible.

Sin duda, el feminismo cambió mi vida y me mostró la opresión y la sumisión en la que vivimos. Pero fue la militancia, la que me cambió como persona y me dio las armas para luchar contra todo ello. Y unas compañeras con las que aprender y compartirlo. Y junto a ellas, siempre todo merece la pena.

Si no se lucha por cambiar las cosas, las cosas no cambian.

Testimonio de una usuaria, que además de sentir los beneficios que reporta el activismo feminista, ha comprobado como el feminismo es capaz de crear espacios como el ESEN dirigido a mejorar la salud y el bienestar de las mujeres