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AMS asistimos a una jornada sobre los vientres de alquiler

El pasado viernes 19 de enero el equipo de Mujeres para la Salud asistimos a una jornada sobre vientres de alquiler organizada por la Comisión de Igualdad de Juezas y Jueces para la Democracia. En ella participaron las activistas Alicia Miyares, Beatriz Gimeno, Laura Freixas y Mar Esquembre, además de Manuel Atienza, Ana Miramontes y Pablo Ignacio Fernández.

Mercedes Boronat Tormo, magistrada y coordinadora de la Comisión de Igualdad de la Asociación Juezas y Jueces por la Democracia, fue la encargada de presentar y coordinar la jornada de debate sobre la maternidad subrogada.

Los argumentos de la plataforma No somos vasijas

A continuación, Alicia Miyares, filósofa, escritora, portavoz de la plataforma No somos vasijas (de la que Mujeres para la Salud formamos parte) y profesora invitada del posgrado en los Malestares de Género que organizamos en nuestra Escuela ESEN, explicó en qué consiste la plataforma de la que forma parte y los puntos en contra de los vientres de alquiler, basando su participación en la tesis principal de que regular de manera favorable la práctica de los vientres de alquiler en España, propuesta por la que aboga Ciudadanos, lo único que conseguiría sería fomentar el turismo reproductivo.

Alicia Miyares destacó los cuatro puntos desfavorables a los vientres de alquiler en los que se basa el manifiesto de la plataforma No somos vasijas y con los que Mujeres para la Salud no podemos estar más de acuerdo:

  1. La utilización de eufemismos en la terminología con la que hablan de esta práctica quienes la defienden, incurriendo en un chantaje emocional destinado a que se dejen de lado los argumentos encaminados a la defensa de los derechos de las mujeres y a que aplaudamos la posibilidad de que una persona que no puede tener descendencia de manera natural por fin pueda hacerlo, invisibilizando a la mujer gestante y olvidando que la satisfacción de un deseo no puede conllevar nunca la renuncia a un derecho, como es el derecho de filiación, que conlleva la maternidad subrogada. Algo, la apelación a los sentimientos de las personas con deseos de tener criaturas sin poder tenerlas de manera natural, que pudimos apreciar a lo largo de toda la jornada, pues aquellas personas de entre el público que intervinieron a favor de los vientres de alquiler se limitaron a contar sus historias personales, aderezadas con ese sentimentalismo, olvidando que la realidad es algo mucho más allá de las vivencias personales de cada una/o.
  2. El empleo de contratos abusivos cuyo único fin es que las personas que tienen intención de ser padres o madres puedan contratar al servicio de una mujer, quien tiene que renunciar un derecho fundamental como es el derecho de filiación a favor de terceros. En este punto, Alicia Miyares destacó, en primer lugar, que sin esta cláusula dicho contrato no existiría. Al respecto, se pregunta ¿cómo quienes defienden los vientres de alquiler pueden asegurar que se van a garantizar los derechos de la mujer embarazada si se le está exigiendo la renuncia a un derecho fundamental? Y recuerda que por muy altruistas que sean las intenciones de la mujer que decide gestar en su vientre una persona para otras, ninguna persona puede ni debe poner en riesgo los derechos colectivos. Además, se pregunta si es una práctica tan altruista, ¿por qué es necesaria la firma de un contrato que la garantice? Un contrato que, además se firma en el quinto o sexto mes de embarazo, que es el momento en que se produce el riesgo expreso de que la madre dé un paso atrás y decida quedarse con la criatura. Así pues, ¿por qué la intención de ser padres o madres es más válida que la intención de que la madre real se quede con su criatura?, ¿realmente se puede hablar de libertad de la mujer gestante cuando hay un contrato que regula su libertad?
  3. En cuanto al argumento del altruismo, Alicia Miyares descarta que exista ningún medio para garantizar que sea una práctica altruista y que no va a haber ningún pago en B en un país en el que la corrupción está tan a la orden del día y en el que la utilización de los pagos no reglados es una práctica tan frecuente. Descarta, además, que existan mujeres dispuestas, salvo contadísimas excepciones, a dar a una criatura si no hay una compensación económica notable, y en lo referido a esas contadísimas excepciones, es sabido que no se legisla para proteger los derechos de una minoría sino los de una mayoría. Miyares sostiene, y nosotras estamos de acuerdo, que lo único que garantizará la regulación altruista de los vientres de alquiler es el mercado reproductivo, que ya de por sí existe.
  4. Finalmente, Alicia Miyares descarta la analogía empleada frecuentemente por quienes defienden los vientres de alquiler con la donación de órganos. La donación de órganos está aceptada únicamente en los casos en que existe un riesgo real de muerte, ¿acaso no tener hijos o hijas pone a una persona en situación de muerte? Por otra parte, ¿hay quien pueda sostener que es lo mismo donar esperma que llevar un embarazo a término?

Termina Alicia Miyares con una reflexión que nos parece muy acertada, al afirmar que hablar de los vientres de alquiler excede los marcos del feminismo para llegar a los marcos de la humanidad. ¿Queremos como especie una sociedad en la que todo sea objeto de contrato y de mercado, en la que la vida transite por redes mercantiles, como ya pronosticó Aldous Huxley?

La madre invisibilizada

Especialmente interesante nos resultó también la intervención de la escritora Laura Freixas, fundadora y presidenta de honor de la asociación Clásicas y Modernas, quien repasó la fantasía, presente en muchas mitologías y manifestaciones culturales, del padre sin madre, otorgando un relato únicamente pasivo, de lugar o recipiente, a la mujer-madre. Una mujer impersonal, indistinguible de cualquier otra, anónima, sin una importancia más allá de su calidad de recipiente, vasija.

Así pues, la gestación subrogada no contraviene, sino que apuntala este relato dominante tradicional del padre como sujeto y la madre como objeto. “Para el patriarcado, la mejor madre es la que no existe”, concluye Freixas su intervención.

¿Todo es susceptible de compra/venta?

Es la pregunta en torno a la que reflexionó Beatriz Gimeno, política y activista diputada en la Asamblea de Madrid y responsable del área de Igualdad de Podemos en la Comunidad de Madrid. Porque “si hablamos de vientres de alquiler, no ocultemos que estamos hablando de un mercado”, recuerda Beatriz. Un mercado que aún estamos a tiempo de detener, y en torno al cual debemos reflexionar en torno a la premisa de que, al abrir un mercado en una situación global de desigualdad, obligamos a miles de mujeres a entrar en esa situación. “Los pobres están obligados a vender lo que los ricos demanden al precio que estipulen”.

Así pues, ¿estamos de acuerdo en que todos los derechos se pueden negociar según un contrato? Porque no olvidemos que regular de forma positiva los vientres de alquiler, aunque sea bajo su eufemística forma de “altruista con compensación económica” sentará un precedente en términos de mercantilizar incluso los derechos fundamentales. Nuestra conclusión es que no todo vale en esta sociedad neoliberal: los derechos no pueden ni deben negociarse.

Los criterios bioéticos y constitucionales en torno a los vientres de alquiler

Mar Esquembre, activista por los derechos de las mujeres y profesora titular de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid, centró su defensa a la prohibición de los vientres de alquiler en el aspecto legal y constitucional. Recordó que regular también es prohibir, y aseguró defender dicha postura en base a cuatro premisas:

  1. El embarazo y el parto es un proceso biológico, no una técnica, que es en lo que se basan quienes defienden la legalización.
  2. Es imposible la sustitución por subrogación en un proceso biológico. Por ejemplo, si una persona no puede respirar, otra no lo puede hacer por la primera. Así pues, siendo el embarazo un proceso biológico, una persona no puede llevarla a cabo en sustitución de otra.
  3. El resultado del parto es un ser humano independiente, y por lo tanto tampoco es susceptible de venta ni donación por parte de la madre.
  4. Los seres humanos no pueden ser considerados como propiedades de otros: nadie puede, consecuentemente, disponer de ellos, ni por comercio ni por voluntad. Una hija o un hijo es una responsabilidad, no una propiedad de la que disponer.

“Lo que se está debatiendo aquí es de la posibilidad de disponer sobre una persona”, defiende Mar Esquembre, y no se puede argumentar la libertad de la mujer para dar a la criatura que pare, ni podemos hablar de libertad si ésta se invoca sobre una relación de poder como sucedería en el caso que nos ocupa. “Lo que es anticonstitucional es permitir que se pueda disponer de los seres humanos”, concluyó.

Finalmente, Pablo Ignacio Fernández Muñiz, vocal del Comité de Bioética de España y participante en el informe elaborado por el Comité sobre los aspectos éticos y jurídicos de la maternidad subrogada, concluyó la jornada recordando que al contrario de lo que gran parte de la opinión pública cree, la gestación subrogada sí está legalizada en términos de su prohibición en España, según lo dispuesto en la Ley 14/2006, de 26 de mayo, sobre técnicas de reproducción humana asistida, que en su Artículo 10, referido a la Gestación por sustitución, dice:

  1. Será nulo de pleno derecho el contrato por el que se convenga la gestación, con o sin precio, a cargo de una mujer que renuncia a la filiación materna a favor del contratante o de un tercero.
  2. La filiación de los hijos nacidos por gestación de sustitución será determinada por el parto.
  3. Queda a salvo la posible acción de reclamación de la paternidad respecto del padre biológico, conforme a las reglas generales.

Pablo Ignacio Fernández Muñiz, además, recordó una vez más el juego que en el debate sobre los vientres de alquiler se hace con los eufemismos, llamando la atención sobre que de lo que se debate, en realidad, no es del deseo a tener criaturas, sino del derecho a perpetuar los genes. Un debate que no debe ocultar la instrumentalización que se realiza de la mujer durante un tiempo considerable en aras a satisfacer un deseo, y que tampoco debe ocultar que si hablamos del interés superior de la criatura tenemos que hablar lo que esta práctica conlleva: tráfico, venta y riesgo de cosificación. “No estamos hablando de poner límites a nadie para tener hijos o hijas, estamos hablando de si son lícitos los medios para conseguirlo”, concluyó.

2018-03-04T11:58:54+00:00

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