Esas gotas de egoísmo


A todas aquellas mujeres que se desdibujaron entre tanto ofrecimiento, que nacen serviciales y mueren sirvientas. Un par de palabras para ellas, para que sus historias no se deshagan en el aire.

De ese modo en que tú amas.
Dándolo todo, abrazando la culpa.
De ese modo peligroso.
Del desierto en que te pierdes.
De la bruma donde desapareces.
De la humedad del aire que te asfixia.

De eso y más se va llenando tu vida.

Pero desnúdate de todo lo que no es tuyo,
para poder vestirte de nuevo.
¡Pero mírate!
Sal por fin a tu encuentro, y mírate.

Desnuda, pero no frágil.
Sencilla, pero no vacía.
Abrázate al espejo. Enamórate de tu reflejo.
Dedica horas, a oscuras y a solas, sólo a observarte.
Dedica inviernos, al pie de la chimenea, sólo a entenderte.
Regálate, por una vez, lo que fue siempre
legítimamente tuyo: tu tiempo.
Tus manos, tus ojos, tus miedos, tus noches.
Tu risa, tus pies, tus logros, tus días.
Ya son tuyos. Estrénalos.

Disfruta de estas gotitas de egoísmo.
Acepta el perfume que te entrego.

No digas nada, ya leo la réplica en tus ojos.
“¿Y qué si soy feliz en felicidades ajenas?”
“¿Y qué si quiero darlo todo a cambio de menos de nada?”

Si sigues amparando sufrimientos impropios
sin preguntar siquiera el precio,
tal vez llegue el día en que se te quede
pequeña tu propia vida.
Canosa y cansada, miras hacia atrás
y contemplas dolorida
que sólo queda de tu vida la vida de los otros.

Queda la vida de los otros
con un ligero toque a tu perfume.
Queda la vida de los otros
con el ruido de fondo del pasar de tus tacones.
Queda la vida de los otros
y una mancha del carmín de tu sonrisa.
En definitiva, queda la vida de los otros…

Porque te quiero mujer y no heroína insisto,
acepta mi perfume.
Te prefiero finita y entera
antes que inacabable y deshecha.
Te escojo cansada, pero digna.
Con voz y con ganas de usarla.

¿Te atreverás a amarte?

Lara del Cerro