A día de hoy, no existe la igualdad por sexos, como numerosos indicadores demuestran, desde las ratios de empleo, sueldos, la sobrecarga de los cuidados, la feminidad de la pobreza, la desigualdad de oportunidades, la explotación sexual y reproductiva de las mujeres y el sexismo social, base de todo lo anterior, que ya se inculca y manifiesta desde la infancia. De hecho, las niñas lo aprenden rápidamente. En concreto, desde los 2/3 años, en plena efervescencia de la plasticidad cerebral, el entorno social es un mar de mensajes simbólicos que se asimilan con gran voracidad. Y posicionan a las chicas en la debilidad, generándoles vulnerabilidad; y a los chicos en la fortaleza, dotándoles de privilegios.
Esta desigualdad emana de distintos campos de juego social, pero uno destaca con especial fervor por su potencial muchas veces desaprovechado para educar en valores, así como por su alcance masivo en medios, sobre todo a nivel de competición: el deporte. Dentro de este nos encontramos con una menor participación de las mujeres siendo más sedentarias y realizando menos ejercicio regular (37,7%) (INE, 2023), encontrando un punto crítico en la adolescencia con un doble de casos de abandono de la práctica deportiva en las niñas (Isorna y cols., 2013). A este respecto, estudios como los de Redondo-Gutiérrez y cols. (2022) que abordaron la autopercepción física en niñas, niños y adolescentes no había diferencias significativas en edades tempranas, por lo que es de interés acotar cómo es la adolescencia y el marcaje sexista uno de los factores a considerar en este fenómeno.
Así, se han identificado otros factores de corte disuasorio o desincentivante en la práctica deportiva de niñas y mujeres como la baja dirección hacia la competición, como reflejan las licencias federadas, donde las mujeres suponen un 24,7% de las mismas. De estas, en base al Ministerio de Cultura y Deporte (2023) de las 65 federaciones solo en 6 las mujeres son mayoría (9,2%), siendo estas de mayor a menor proporción: la gimnasia, el baile deportivo, la hípica, el voleibol, el pentatlón moderno y el patinaje. Cabe destacar el descriptor de género de estos deportes y que no se encuentran entre los más reconocidos ni que mayor potencia económica suponen. Por su parte, en base a la propia Asociación del Deporte Español [ADESP] (2022) las mujeres ocupan solo el 35% de las juntas directivas, siendo un 28% en el caso de la autonómicas. En esta línea, los logros de las mujeres deportistas solo se reflejan en un 6% del total de las noticias deportivas y solo un 10% de mujeres son editoras de las mismas. Eso por no hablar del menor sueldo, oportunidades de carreras deportivas, la violencia machista en estadios con insultos e incluso amenazas, y la propia violencia y acoso que las jugadoras y deportistas se ven expuestas.
En concreto, cuando se contrasta el propio estado psicológico de las mujeres deportistas que sí continúan con su carrera o práctica deportiva, como exponen estudios como los de Rivas (2023) nos encontramos con distintas manifestaciones de discriminación (p.ej. apariencia física, negación de derechos, prejuicios), sexismo, sentimiento de inferioridad (por la percepción superior que se hace de los hombres en diferentes disciplinas), discriminación corporal (por el estándar de otras compañeras), así como falta de reconocimiento (de sus potencialidades, y en comparación a los hombres al no poder superar al sexo masculino), falta de inclusión e integración de las mujeres en el contexto deportivo y cultural de la sociedad, machismo directo (denigración, limitación de toma de decisiones, subordinación a hombres a nivel laboral, cotidiano y relacional). Por tanto, la situación de las mujeres que se vivencia en el deporte pone de manifiesto variables de por qué se abandona, así como las dificultades sociales de poder llevarlo a cabo. Por tanto, esta infrarrepresentación está desde las referentes, la dirección a la propia práctica, de manera global.
A esta situación de partida hay que añadirle nuevas amenazas que entorpecen la consecución de una igualdad efectiva para las niñas y mujeres en el ámbito deportivo como las leyes identitarias que borran las categorías por sexo, lo que supone que se permita que hombres compitan en sus categorías por su mera palabra de que pertenecen a la misma (Redondo-Gutiérrez, 2021), lo que supone otra desincentivación más que suma a las anteriores, y que hace aún más difícil la resistencia por parte de las mujeres en el deporte, especialmente en puestos de poder y saliencia social como la competición. Asimismo, es importante destacar las implicaciones de la realización de práctica deportiva al bienestar físico y psicosocial, por lo que la falta de adherencia o abandono del desarrollo de actividad física y/o deporte que las niñas y mujeres presentan suponen consecuencias negativas a nivel físico, psicológico, económico y social. En suma, el deporte refleja la desigualdad social entre sexos, con menor participación, protagonismo, reconocimiento, con puestos de poder en menor proporción, e incluso con vivencia de discriminación, acoso y violencia. Esto es tanto en la toma de decisión y los organismos de poder como en la práctica y reconocimiento, lo que va de la mano.
Nos encontramos con distintas manifestaciones de discriminación (p.ej. apariencia física, negación de derechos, prejuicios), sexismo, sentimiento de inferioridad (por la percepción superior que se hace de los hombres en diferentes disciplinas), discriminación corporal (por el estándar de otras compañeras), así como falta de reconocimiento (de sus potencialidades, y en comparación a los hombres al no poder superar al sexo masculino), falta de inclusión e integración de las mujeres en el contexto deportivo y cultural de la sociedad, machismo directo (denigración, limitación de toma de decisiones, subordinación a hombres a nivel laboral, cotidiano y relacional).
Sin embargo, el deporte más allá del impacto positivo que puede tener en la salud y bienestar, es también un medio para educar en valores e incluso para promover el desarrollo y la paz mundial como desde la propia UNESCO (2009) se manifiesta. Dentro de los valores del deporte está la equidad, el trabajo en equipo, la igualdad, la disciplina, la inclusión, la perseverancia y el respeto, en la línea de los propios objetivos del Desarrollo 2030 donde la igualdad ocupa un pilar indiscutible. No obstante, si bien este es el planteamiento de base y deseable para el deporte, la realidad es otra, por lo que es importante redirigir esta situación y catalizar este potencial para el fomento de la igualdad.
Un ejemplo de la dualidad del deporte, la necesidad del reconocimiento de las mujeres en el mismo, así como el trato discriminatorio y el sexismo social presente ha sido el caso que ha vivido la futbolista y campeona del mundo Jenni Hermoso. Cuando el de aquellas presidente Luis Rubiales en plena celebración del triunfo de las españolas en el Mundial le propinó un beso en la boca, conducta compatible con violencia sexual, donde además existía desigualdad de poder al ser un superior, y se ejercía ante millones de espectadores. Hechos que han supuesto la inhabilitación de tres años por el Tribunal Administrativo del Deporte (TAD), así como la suspensión como presidente de la Federación española de fútbol que de aquellas ostentaba. Es importante destacar que las consecuencias a estos actos no han sido evadibles debido a la presión social, el movimiento feminista, y la labor de las propias jugadoras, como se ha reflejado en las comparecencias o el propio discurso de Aitana Bonmatí al ganar el premio a mejor jugadora del año. Su mensaje, y el de todas, ha sido el de plantarse a la violencia machista. Y desde el altavoz mediático del deporte se refuerza la necesidad de tomar conciencia de que la situación de desigualdad es modificable, con una inversión y apuesta social sin fisuras, destacando la labor profesional y política. Y hemos de tomar en el Deporte el lugar que nos corresponde a las mujeres, pues es un medio y modelo sin igual de construir y conseguir la igualdad social entre sexos de manera efectiva.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Asociación del Deporte Español [ADESP] (2022). Estudio preliminar sobre mujeres directivas y profesionales en el deporte federado español. https://deporteespana.es/es/noticia/6467/mas-de-15-mil-mujeres-forman-parte-de-las-estructuras-de-las-federaciones-deportivas-en-espana-conforme-al-estudio-que-ha-elaborado-adesp-sobre-igualdad-en-nuestro-deporte/
Instituto Nacional de Estadística [INE] (2023). Encuesta de Condiciones de vida 2022. https://www.ine.es/prensa/ecv_2022.pdf
Isorna, M., Ruíz, F., & Rial, A. (2013). Variables predictoras del abandono de la práctica físico-deportiva en adolescentes.(Predictor variables of the dropping out of physical sport activity by teenagers). Cultura, Ciencia y deporte, 8(23), 93-102.
Ministerio de Cultura y Deporte (2023). Licencias federadas según sexo por federación. https://www.cultura.gob.es/dam/jcr:4b8664861c11-4dc4-a528-8611c431a7e7/licencias-federadas-por-sexo.pdf
Redondo-Gutiérrez, L. (2021). El impacto de las leyes identitarias en los menores y las mujeres: puntos de colisión y nuevas formas de sexismo. In El sexo en disputa. De la necesaria recuperación jurídica de un concepto (pp. 153-190). Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.
Redondo-Gutiérrez, L., Afonso, R. C., Molina, A., Sanchez-Lastra, M. A., & Ayán, C. (2022). Associations between self-perceived and desired health-related physical fitness in Spanish children. Children, 9(9), 1314.
Rivas, J. (2023). Discriminación hacia las mujeres en el deporte. Feminismo Inc. https://feminismoinc.org/2023/05/discriminacion-hacia-las-mujeres-en-el-deporte.html
UNESCO. (2009). Policy guidelines on inclusion in education. UNESCO.
Laura Redondo Gutiérrez-Doctora en psicología. Experta en actividad física y el deporte

