Por Ana de Miguel Álvarez, profesora titular de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid en el Área de Filosofía Moral y Política

“Estoy embarazada pero este hijo no es mío”. ¿Cómo hemos podido llegar a un mundo en que esta frase pueda tener sentido? “Mi cuerpo es mío pero lo que se gesta en su interior no es mío”. Y todo ello en nombre del sagrado derecho de las personas “a tener hijos” y de la sagrada libertad de las mujeres para convertirse en gestadoras por encargo.

Unas veces las nuevas tecnologías cooperan para hacer mejor y más humana la condición humana y otras veces no. Con lo que de forma eufemística se denomina “gestación subrogada” y de forma más gráfica y crítica “vientres de alquiler” nos encontramos ante una “novedosa” técnica que, eso sí, sólo se puede llevar a cabo en el cuerpo de una mujer. Vaya, pues un poco lo de siempre, ¿no?, ¿dónde está la novedad? La novedad radica en que se presenta como una cuestión de derechos humanos: del derecho de las personas que no pueden tener hijos biológicos, con su carga genética, a tenerlos por otros medios. ¿Por otros medios? Hoy en día sólo hay un medio: que una mujer se preste a ser inseminada y gestar un ser humano del que renuncia al propio acto de filiación: “no es mío”.

Una mujer puede encontrar dos motivaciones para gestar hijos ajenos: una puede ser altruista. Por ejemplo, en el sentido de ceder a una hermana o hija esa capacidad de gestar. He conocido personas que me han dicho: yo por mi hermana lo haría. No tengo motivos para desconfiar, pero ¿y si una vez embarazada se arrepiente? ¿Qué hacemos como sociedad con ello? ¿Convertirnos en nuevas Salomonas? La mitad para cada una. La que no acepte partirlo, esa es la madre real.

En todo caso no voy a reflexionar sobre un caso que es minoritario. Voy a reflexionar sobre el caso del comercio de vientres de alquiler o gestación subrogada. De las agencias que prosperan en este entorno a la vista del enorme negocio que se abre ante sus ojos. De las agencias que ofrecen gestadoras a la carta, de todas las etnias; óvulos a la carta, de todas las etnias y garantizados en todo lo garantizable. Óvulo de estudiante universitaria española: es probable que no lleve genes con taras varias.

Si se teclea en Google “vientres de alquiler” aparecen en primer lugar las clínicas que ofrecen sus servicios a los potenciales clientes. Es muy interesante poder apreciar el tono del texto de estas clínicas, seleccionamos, una entre otras, la clínica de Estados Unidos San Diego Fertility Center:

Cuando la futura madre no es capaz de sobrellevar un embarazo por cualquier razón, una madre de alquiler es una opción maravillosa. (…) la madre subrogada ofrece a los futuros padres la oportunidad de contribuir con todo o a parte del material genético del niño, a la vez que garantiza que los embriones se transfieran a un útero que se ha comprobado que está sano.

Los médicos del San Diego Fertility Center cuentan con varios años de experiencia compartida a la hora de ayudar a sus pacientes a convertirse en padres mediante la subrogación gestacional. Nuestro compasivo equipo de especialistas está aquí para asistirle independientemente de su nacionalidad, orientación sexual o estado civil.

El SDFC ofrece unas habilidades en la selección y monitorización de las gestantes subrogadas de vanguardia a nivel internacional, así como en la coordinación de pacientes remotos o ciclos de FIV por donación de óvulos. Si está considerando utilizar una gestante subrogada para construir su familia, el equipo experimentado del San Diego Fertility Center le ayudará a navegar por el proceso para crear su propio milagro.

En un segundo epígrafe de su primera página la clínica ofrece una definición de la gestación subrogada:

La subrogación se define como uno acuerdo donde una mujer accede a quedarse embarazada y tener un hijo para otro/a futuro padre/madre.

Y se añade que la subrogación es un proceso complejo que implica médicos, psicólogos, y profesionales jurídicos para asegurar que el procedimiento sea acertado tanto para los futuros padres como para la madre subrogada. De los dos tipos de madres de alquiler o sustitutas que ofrecen recomiendan la segunda (FIV), en que la madre de alquiler no tenga ningún vínculo genético y explican

es el método preferido, porque la portadora de la gestación no tiene lazos genéticos con el bebé. Por lo tanto, potencialmente hay menos riesgos emocionales, psicológicos y legales comparados con la subrogación tradicional.

El texto es revelador porque menciona los riesgos emocionales, pero sobre todo porque habla de algo importante, la “nueva” concepción de la maternidad y la paternidad como la carga genética, únicamente. Antes la madre era la que paría. Ahora gestar y parir ha regresado a su origen aristotélico: no tiene valor engendrador, la nueva vasija vacía ha generado un hijo que no es suyo.

En el panorama internacional encontramos opiniones y jurisprudencias muy diversas. El debate se centra de la siguiente manera: la parte favorable plantea la cuestión como un tema de derechos: el derecho a tener hijos, el derecho a formar una familia. Y acude a la lógica de los acuerdos contractuales: todas las personas ganan y no hay daños a terceros. En principio la mayor parte de la sociedad es sensible a estos discursos, el valor de la familia, el deseo de formar una familia es incuestionable.

La visión humanista y convincente del derecho a formar una familia cambia cuando se observa más allá del deseo individual y se reflexiona desde el punto de vista de una nueva puerta abierta a la mercantilización del cuerpo de las mujeres. Parece que el mercado de cuerpos de mujeres siempre ofrece menos resistencia que otros. Incluso que de los cuerpos muertos. A saber, hoy por hoy nadie accede a abrir un mercado de venta de riñones o hígados o corazones, por ejemplo, de familiares muertos. Existe un fuerte rechazo social a negociar con trozos del cuerpo, aún siendo trozos de cuerpos de personas muertas y que hayan accedido a hacerlo bajo contrato firmado (previamente al óbito). Y además de forma altruista, para que se beneficien los que le sobreviven. En este caso anterior, a pesar de que parece que sólo hay beneficios por todas partes, la sociedad encuentra un límite al negocio. Ese límite sólo se puede llamar la dignidad humana, aunque no sea fácil definirla. Y, sin embargo, todo el mundo experimenta cierta simpatía ante el hecho de que las mujeres alquilen sus cuerpos o trozos de ellos y pasen de alguna forma a no pertenecerse durante los nueve meses que dura la gestación. La sociedad no quiere mirar de frente, no quiere ni enterarse de que las condiciones en los países en que se habla de “granjas de mujeres” son más que draconianas insultantes. La ley del mercado, como bien se sabe, es abaratar los costes de los productos y extender la demanda. ¿Es este el mundo que queremos?

Ana de Miguel Álvarez, profesora titular de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid en el Área de Filosofía Moral y Política

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