AMANDA es una agrupación apartidista, independiente y laica de familias con hijas e hijos que, sin haber manifestado jamás ninguna incomodidad con su sexo, afirman de forma sorpresiva ser trans al llegar a la pubertad o la adolescencia.
La agrupación comienza a tomar forma en septiembre de 2021, cuando un pequeño grupo de madres contactamos a través de redes sociales. Compartimos la preocupación por la afirmación repentina de nuestras hijas de que son trans y la inquietud de encontrar un único punto de vista al buscar información: aquel que nos conduce a validar de forma inmediata la afirmación de nuestras hijas sin aportar evidencias científicas ni estudios de calidad que avalen que esa sea la vía más adecuada para afrontar la situación. No se informa de las consecuencias de la transición social (cambiar de nombre y forma de presentarse a los demás) ni de la transición farmacológica o quirúrgica y se confunden constantemente los conceptos de sexo y género. Este enfoque choca frontalmente con el principio básico que debería regir cualquier intervención en el ámbito de la salud, “primero no hacer daño”, y se aleja de lo que consideramos imprescindible: afrontar la cuestión con prudencia y con un abordaje que garantice en todo momento la salud de nuestras hijas e hijos.
En nuestra búsqueda de información para abordar la situación descubrimos que nuestras hijas encajan perfectamente en el patrón descrito por la dra. Lisa Littman y nombrado por esta como Disforia de género de inicio rápido. Y así es como comenzamos un camino de investigación, de búsqueda de fuentes de información fiables que aborden la cuestión desde todos los ángulos posibles y que detallen las consecuencias psicológicas, sociales y físicas que tiene el camino de la transición. Y lo que vamos descubriendo nos mueve a definir lo que es AMANDA en la actualidad:
-Fuente de información acerca de la transición mal llamada de género, con una extensa recopilación de artículos científicos sobre la transición y sus consecuencias, así como información acerca de otras formas de aproximación a la situación.
-Punto de encuentro de familias que se enfrentan a la misma situación y que comparten la preocupación por abordar el malestar de sus hijas e hijos desde la prudencia.
-Colectivo interlocutor con administraciones y partidos políticos, a los que hemos hecho llegar información completa acerca del fenómeno conocido como disforia de género de inicio rápido, información sobre cómo países de nuestro entorno están abandonando el enfoque afirmativo y posicionamientos de importantes sociedades y colectivos de la salud españoles en favor de la prudencia, entre otra información.
Dos años después de iniciar el camino, han contactado con AMANDA más de 600 familias que nos han contado historias muy similares, historias como estas:
“Actualmente mi hija tiene 20 años. Tiene altas capacidades y en muy sensible. Con 15 años tuvo su primer ingreso psiquiátrico por trastorno de conducta alimenticia y autolesiones, tras llevar 5 años con diversos problemas psicológicos. Poco después nos dijo que era trans y fue derivada a la Unidad de Transexualidad e Identidad de Género; que yo sepa no hubo coordinación de ésta con el equipo de salud mental que la trataba. Su psiquiatra intentó hablar con la Unidad de Género y no hubo manera. Allí, no vieron problema alguno para su transición y le dijeron que tenía derecho a pedir la hormonación, sin que ningún médico o psicólogo tuviera que dar el visto bueno. Eso sí, mientras fuera menor de edad yo tenía que firmar que estaba de acuerdo. Tuve muchísimos problemas con ella porque como madre decidí que no la dejaría hacer nada hasta los 18 años y continuó tratamiento psiquiátrico. Ha sido diagnosticada de trastorno límite de la personalidad y ha tenido varios intentos de suicidio. Al poco de cumplir la mayoría de edad, cuando creía que retomaría la asistencia a la UTIG, me dio las gracias por no haberla dejado hormonarse, porque ya no quería ser un chico. Hace poco fue capaz de contar a su terapeuta y a nosotros que sufrió abuso sexual en la infancia por parte de un familiar. Sigue en tratamiento en salud mental, donde consideran que el trauma sufrido está en el origen de toda su problemática”. (Madrid)
“Somos tres amigas y nuestras hijas, de 14 años, también son amigas desde la infancia. Las tres acuden al mismo grupo scout. Hace aproximadamente un año que las tres se han declarado trans.” (Valencia)
“Mi hija tiene trastorno límite de la personalidad y es lesbiana. Durante el confinamiento por la pandemia su salud mental empeoró mucho y, al poco de acabar éste, conoció a un chico trans y nos comunicó que no era lesbiana sino un chico trans. Ya es mayor de edad, así que pidió ser atendida en Transit. Le atendió por videoconferencia una ginecóloga que no le preguntó por sus antecedentes y, al rato de terminar la videoconferencia, le llegó por correo electrónico la receta de la testosterona, sin siquiera hacerle analíticas previas. Su salud mental sigue empeorando”. (Cataluña)
“Tengo dos hijas, de 16 y 12 años, ambas con altas capacidades y dificultad de relación con iguales. La mayor hace tres años conoció a un grupo de chicos y chicas trans, no binarios, de género fluido, e inició transición social. Desde entonces, su popularidad subió como la espuma. Ahora me encuentro que la pequeña me dice que ella también es trans. Aunque sea por estadística, esto no tiene sentido”. (Cataluña)
No, no tiene ningún sentido estadístico. Diversos estudios apuntan a un incremento de varios miles por ciento de adolescentes que se autodiagnostican incongruencia de género y afirman ser trans, con una incidencia de 3 a 1 de chicas. Cuando ya se ha demostrado que la transición social no es inocua, se sigue empujando a menores en los ámbitos educativo y de la salud a realizar una transición que es la antesala de las intervenciones farmacológica y quirúrgica.
No, los bloqueadores de la pubertad no permiten ganar tiempo y esperar a que la menor madure porque, precisamente, bloquean el proceso madurativo a la vez que provocan daños cuya reversibilidad se desconoce: se trata de tratamientos experimentales no aprobados para el uso que se les está dando en menores.
Y no, una niña que lleva la falda rota y no le gusta vestir de rosa, que si pierde un pendiente no se preocupa porque alguien lo encuentre, que se ríe feliz cuando se pinta un bigote con acuarela, que salta de alegría cuando mete un gol y todos lo celebran, la que a primera hora se quita una horquilla, no es un niño. Es una niña que ha roto con los estereotipos de género que la sociedad le pretende imponer.
Y no, no contaban con estas madres. No nos vamos a rendir, vamos a seguir insistiendo en que se analice el fenómeno de la disforia de género de inicio rápido, que se analice el contagio social y que se abandone el enfoque afirmativo que solo conducirá a una generación rota.
AMANDA-Agrupación de Madres de Adolescentes y Niñas con Disforia Acelerada
