Pensamos igual acerca de un niño y de una niña? ¿Les hablamos de la misma forma? ¿Les atribuimos las mismas características? ¿Es lo mismo decir a una niña qué listilla es o qué listo es
este niño?
Que nos refiramos a las niñas como egoístas, criticonas, envidiosas, celosas, manipuladoras, marimandonas, retorcidas o listillas y a los niños como nobles, listos, ingenuos, inocentes o bonachones ¿tiene algún efecto en el desarrollo de su identidad? Esta es la pregunta a la que intentaremos dar respuesta a lo largo de este artículo.
En este caso, tales adjetivos son etiquetas que se utilizan cuando vemos a los niños y las niñas relacionándose entre ellos, son los estereotipos que las personas adultas reforzamos, más a menudo de lo que pensamos, y que son una de las fuentes de información sobre cómo tienen que ser o lo que se espera de ellos y de ellas. Desde diferentes ámbitos (familiar, educativo, los medios de comunicación…) recibimos mensajes diferentes, seamos niños o niñas, que tienen también efectos diferenciales porque refuerzan o castigan conductas o actitudes a veces contrarias para ellos y ellas. Por ejemplo, cuando hablamos de niños listos y niñas listillas estamos haciendo un uso distinto de la inteligencia, reforzando la capacidad intelectual en los niños y minusvalorándola en la niña, puesto que, en éstas, la relacionamos con malas artes para conseguir un fin. Diferentes investigaciones muestran que las niñas, a partir de los seis años, son menos propensas a asociar la brillantez a su propio género y rehúyen actividades asociadas a “niños” inteligentes… En los experimentos, las niñas se inclinaban menos hacia juegos ‘para inteligentes’, pero no se echaban atrás ante actividades ‘para trabajadores’
A una edad tan temprana como los seis años, las niñas se vuelven menos propensas a asociar la brillantez intelectual con su propio sexo y tienden a rehuir las actividades que se cree son para niños ‘muy inteligentes’, indica un estudio de tres universidades estadounidenses. Los investigadores advierten que se trata de una tendencia preocupante, ya que las aspiraciones profesionales de las mujeres se ven moldeadas por los estereotipos sociales de género. Agencia Sinc. *1
Vemos como, en muchos casos, los mensajes y etiquetas que nos llegan cuando somos niñas pueden afectarnos de forma negativa en nuestra auto-concepción. Crear una identidad propia basada en el entrenamiento de nuestras capacidades y habilidades se puede ver afectada sí se espera que las niñas cumplan con las expectativas de género machistas. De igual forma se vería comprometida la seguridad y confianza en nosotras mismas. Todo ello podría tener consecuencias en el desarrollo de nuestras relaciones actuales y futuras.
En el caso de los niños, sin embargo, dichos mensajes pueden generarles una visión de sí mismos positiva, indicándoles que poseen habilidades y capacidades encaminadas a desarrollar una identidad propia de seguridad y de confianza en sí mismos.
Cuando le decimos a una niña que es manipuladora, egoísta o retorcida, no solo normalizamos una imagen negativa de sí mismas, sino que podríamos estar restando importancia a habilidades como el liderazgo, la negociación o la defensa de sus propios intereses. Aspectos todos ellos vitales para su autoestima y fortaleza personal. Os invito a que reviséis las etiquetas que utilizáis cuando os dirigís u opináis sobre las relaciones que establecen las niñas. En muchas ocasiones no somos conscientes, son etiquetas que hemos aprendido y repetimos sin cuestionarnos la influencia que pueden llegar a tener.
Velamos por el empoderamiento de las niñas reforzando de forma positiva sus habilidades de comunicación, su toma de decisiones dentro del grupo de iguales, su capacidad de negociar y convencer priorizando sus gustos y necesidades. Y facilitándoles lugares y espacios donde puedan desarrollar sus capacidades, tanto físicas como cognitivas, para lograr que confíen siempre en ellas mismas generando relaciones saludables.
Los cuentos de la factoría Disney, revistas infantiles, series de televisión o internet son otra fuente de aprendizaje sobre cómo “deben” ser las relaciones entre las mujeres y de las capacidades que se nos refuerzan y critican con sus mensajes. Si analizamos cualquier soporte, ya sean los cuentos tradicionales o las revistas actuales para niñas, el ingrediente principal parece ser la rivalidad. En Cenicienta o en Blanca nieves los personajes femeninos luchan, en la mayoría de las ocasiones, por la belleza, por el amor, sienten celos y envidias … De esta manera se nos muestran dos extremos muy diferenciados; “belleza, bondad, sencillez, sumisión…”, por un lado, y “maldad, vanidad, manipulación, fealdad…” por el otro. Parece que fueran excluyentes, “o te posicionas en uno o en el otro”. No se muestran, sin embargo, posibilidades intermedias en las que se encontrarían aquellas niñas que se relacionan de manera saludable.
Las consecuencias de todo lo aprendido se muestran de diferentes formas. Estar guapas, la preocupación por el físico, pensar si le gustamos o no a los chicos, suele ganar la batalla al desarrollo de otras habilidades y capacidades. Por ejemplo, centrémonos por un momento en la ropa que usan las niñas (muchas veces les impiden disfrutar y desarrollar sus capacidades físicas, bien porque nos son adecuadas bien porque no se pueden manchar). Durante el progreso evolutivo el desarrollo físico y psicomotor, importantísimo para conocer el mundo que nos rodea, esta interrelacionado con aprender a confiar en mis propias capacidades, me hace madurar y confiar más en mí misma/o y en mis capacidades. Si impedimos este entrenamiento en las niñas estamos limitando su autoconocimiento y el desarrollo de sus fortalezas físicas y mentales. También en el uso de los patios escolares se está limitando el espacio que les dejan a las niñas y por lo tanto las actividades que pueden realizar.
En los patios escolares los niños ocupan la mayoría del espacio porque básicamente juegan al futbol, y las niñas se mantiene alrededor de los patios donde mayoritariamente aprenden a estar quietas, sentadas y hablando.
Por lo tanto, estamos privando a las niñas de oportunidades para probarse a sí mismas que sí fomentamos a los niños. Eso sí, podemos encontrar a las niñas hablando de, por ejemplo, sobre de quién les gusta, cuántos hijos van a tener, con quién se van a casar, quién es la más guapa… (temas que me comentó una niña de 9 años), pero sin posibilidad de arriesgar, de medir sus fuerzas, de ser creativas…
Y, ¿qué pasa cuando hay niñas que se salen de la norma? Me refiero a esas niñas a quienes no les gusta hablar de esas cosas, a quienes no les importa tanto la estética, quienes disfrutan de otras actividades. Niñas que son capaces de investigar, de probarse a ellas mismas, aquellas que van más allá de los límites impuestos y que son capaces de desarrollar todas estas habilidades que las permitirán confiar en sí mismas. En general, son niñas a las que se las excluye del grupo, no se las tiene en cuenta. El grupo les quita valor, las mantiene lejos, a veces haciéndoles el vacío y/o “castigándolas” por no mantenerse dentro de lo normativo, dentro de los estereotipos de su género.
Y es que el enfado también se enseña de diferente forma a las niñas y a los niños, y por lo tanto ambos lo manejan y/o resuelven de distinta manera. Empezando porque las razones por las que se enfadan y por la duración del enfado, también difieren en eso. En general, los niños compiten y tienen conflictos relacionados por quién es el más fuerte, mete más goles o hace trampas. Suelen ser conflictos puntuales que resuelven con rapidez. Es raro que los niños tengan enfados que les duren varios días.
Por otro lado, las niñas suelen tener conflictos para gestionar el poder o por ser aceptadas por las demás. La envidia y los celos podían ser las emociones reforzadas y el rencor el impedimento para una rápida reconciliación. Las niñas son capaces de mantener el enfado durante días sin resolver y aun cuando les cree un gran malestar. No se les fomenta los vínculos saludables que permiten alianzas más diversas y saludables.
En definitiva, si no logramos cambiar, las niñas seguirán dudando de su propia valía, aprenderán a relacionarse desde la competitividad por quién cumple mejor con los estereotipos femeninos. Es importante que nos centremos en sus aptitudes y reforcemos sus logros más en este sentido.
Para comprobarlo intentad acabar las siguientes frases:
-Una joven atractiva que sale con un hombre mayor…
-Una jefa exigente se convierte en una mujer…
-Una célebre presentadora de televisión para llegar donde ha llegado…
-Una compañera que logra un ascenso…
Si habéis terminado las frases con características sexuales y/o de aspecto físico… es que todavía nos queda mucho camino que recorrer reflexionando y replanteándonos las relaciones entre las mujeres… y dejando de reforzar los estereotipos sexistas. Podemos tomar conciencia de todo ello y empezar a andar un camino diferente.
Para empezar la andadura os dejo dos citas que os pueden ayudar a empezar:
“La niña, según palabras de Charo Altable, viendo que la sociedad no confía en las mujeres crecerá con desconfianza en sí misma y se atribuirá valores inferiores. Esto es quizás lo que nos lleva a las mujeres a no confiar o fiarse de las otras. En este caso aparece la intriga, del cuchicheo, del pensar y no decir, de la sospecha, y de la intuición en lugar de la demostración, produciéndose en ella la susceptibilidad y la envidia. Esta desconfianza puede acentuarse en la adolescencia e incluso continuar en la madurez” (Carmen Alborch, “Solas” gozos y sombras de una manera de vivir)
Si la definición y valía de una mujer viene marcada por la relación con un hombre y no con por la relación con una misma y el mundo, las mujeres serán para ella las rivales, las otras. (Carmen Alborch “Solas”)
En AMS, en nuestro espacio de salud entre nosotras, trabajamos para construir dicho camino en el que podamos descubrir el propio poder de cada una de nosotras, descubriendo nuestras capacidades y habilidades con el objetivo de cambiar la relación que tenemos con nosotras mismas para lograr modificar y transformar nuestras relaciones con nosotras mismas y con otras mujeres.
*1. https://www.agenciasinc.es/Noticias/Las-ninas-se-creen-menos-brillantes-que-los-ninos-desde-los-seis-anos
Edurne Rodríguez-Psicóloga experta en género de AMS
