La custodia compartida solo debería contemplarse en aquellos casos que ambos
progenitores estén de acuerdo, y preservando siempre el interés del menor que es el
bien jurídico a proteger.

El anteproyecto de Ley de reforma al Código Civil en materia de separación y divorcio
introduce la posibilidad de llevar a efecto la guarda y custodia de los hijos menores de forma
conjunta, después de finalizada la vida en común por los progenitores; lo que ha venido a
denominarse custodia compartida.

La guarda y custodia compartida significa que el menor físicamente se mantendrá en compañía
del padre y la madre de forma conjunta, y ambos tendrán que atenderle y asistirle, como esto
es imposible tras una ruptura de pareja, el tiempo de estancia con uno u otro progenitor se
repartirá, en una proporción cercana al cincuenta por ciento.

En la práctica, los menores pueden permanecer en el domicilio familiar y ambos progenitores
mantener domicilios diferentes, acudiendo en momentos distintos el padre o la madre, y según
lo establecido, al domicilio común para hacerse cargo del cuidado de los hijos. Formula que
evidentemente es la mas favorable para el menor, pero que comporta un entendimiento y
flexibilidad de comprensión entre el padre y la madre importante, además de una renuncia, al
menos en cierta medida; a mantener una nueva vida familiar con terceras personas, porque no
sería adecuado que si alguno de los progenitores inicia una nueva vida en pareja, esa tercera
persona acuda también al domicilio familiar cuando el progenitor tenga que hacerse cargo de
los hijos, ya que esto podría ser materia de conflicto para el otro progenitor y seguramente
alteraría el acuerdo adoptado.

Otra fórmula más habitual cuando se da un régimen de custodia compartida es aquella en que
ambos progenitores mantienen domicilios separados y es el menor el que cambia de domicilio
de forma constante, ya sea cada día, cada semana cada mes o cada año. En un régimen de
estas características el padre y la madre deben acceder a vivir en lugares relativamente
cercanos para que el menor pueda acudir al colegio y mantener las mismas actividades
extraescolares, así como relacionarse con sus amigos, independientemente del domicilio
donde se encuentre y además intercambiarse puntos de vista para unificar pautas de conducta
hacia el menor, con mayor rigor que si la custodia no fuera compartida.

Hasta ahora, los Tribunales cuando han aprobado un régimen de custodia compartida para el
padre y la madre, normalmente ha obedecido al hecho de que ambos progenitores lo han
planteado de común acuerdo, y el Tribunal ha valorado que con dicho acuerdo no se
perjudicaba la estabilidad del menor.

Hay que tener en cuenta que el régimen de custodia compartida es excepcional, ya que debe
existir una muy buena disposición de la ex pareja a la comunicación entre ambos, para que el
menor o los menores no sufran. Muchas veces cuando una persona vive en pareja, imagina
que en caso de ruptura de la convivencia podrá mantener una buena relación con su ex
pareja. Sin embargo, la realidad se impone y vemos que, en general, las tensiones entre
aquellos que han mantenido una relación sentimental suelen producir una incapacidad de
comunicación con la ex pareja, en ocasiones estas situaciones solo duran un tiempo, pero en
otros casos no consiguen restablecer una conversación normal en el resto de su vida.

En este
marco de incomunicación no es probable que se den condiciones para el ejercicio de una
custodia compartida. El texto del anteproyecto de Ley de reforma de Código Civil, regula la posibilidad de que un
Juez pueda adoptar un régimen de custodia compartida, con la mera solicitud del padre o la
madre de dicho régimen, y sin necesidad de acuerdo previo entre ambos progenitores, lo cual
es incompatible con la filosofía que debe prevalecer en un régimen de custodia compartida,
que debe otorgarse cuando exista una decisión libremente adoptada por ambos progenitores y
un compromiso real de las responsabilidades que comporta y en el que las discrepancias entre
los adultos no deben perjudicar al desarrollo personal del menor, pues ante todo debe
prevalecer el beneficio del mismo.

Desde el Ministerio de Justicia cuando se han dado explicaciones sobre esta materia, se ha
trasladado a la ciudadanía un mensaje que induce a error, ya que el mensaje que se percibe es
que solo se llevará a cabo la guarda y custodia compartida cuando ambos progenitores estén
de acuerdo en adoptarla y en el modo de llevarla a efecto. Sin embargo, para que esto sea
una realidad será necesario modificar el articulado de la reforma propuesta, que esperamos se
haga en el propio proyecto de Ley.

Angela Alemany Rojo
Presidenta de la Asociación de Mujeres Juristas Themis

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