Bajo las sábanas

Bajo las sábanas
se levanta el día y esculpo
tu silueta en la nada

ante tu imagen se abren

mis grietas, doloridas de ausencia

enardecidas de deseos

de recuerdos, de sueños

Y elimino la distancia con mis manos
que mi deseo en tuyas convierte

y me atraviesas

y te atravieso

en un femenino enredo incontrolado

de labios, sabanas, dientes

y fantasía
donde tu cuerpo y el mío se confunden

y se alternan

Mis pechos son tus pechos que reciben mis manos

tus senos son mis senos que reciben tu boca

mis piernas son las tuyas que ante mí se abren

hurgan entre ellas mis dedos

que esconden el vacío

y oigo tu voz

que me grita un susurro: “te quiero”

mientras el olor

de mujer enamorada

se eleva en el dormitorio y lo inunda

en la madrugada púrpura que se levantó en celo

Hoy en la noche

Hoy en la noche me apetece, amor,

amarte.

Un solo instante miré a los astros

y un flujo lunático devolvió tu cuerpo

envuelto en luz blanca

hacia mi cuerpo

Hoy en la noche me apetece, amor,

amarte.

En el sueño imborrable y perenne

de nuestros sentidos,

abrasar tu boca,

romper tus latidos,
dejar mi huella sobre tus caderas,

descubrir tú centro, húmedo y tibio.

Hoy en la noche me apetece amor,

amarte.

Perderme en tus sitios,

lanzarme al vacío,

tu cuerpo y el mío, por siempre,

fundidos.

Ella es…. la mujer que amo

Esta mañana, cada una de las canciones que estoy escuchando comienza con un sonido de violines, esos que a ella tanto le gustan y me viene esa imagen en la que me sonríe, con esa sonrisa ancha y abierta, siempre dispuesta a asaltarme, me viene el sonido, tan musical, de sus carcajadas ante mi mirada embelesada, solo por mirarla, y me vuelve la imagen de ella, la mujer que amo, emulando la forma de tocar un inexistente violín. Y hasta oigo la música que de sus brazos brota…

Esos brazos que me enjaulan, que me envuelven y, febriles, me secuestran. Y es un secuestro feliz y deseado amanecer en sus brazos, amanecer con su piel pegada a la mía y mirarla, y ver que me mira, que se ilumina al mirarme y me ilumina a mí también, en una secuencia inédita siempre, que cambiante se renueva cada día de la mano de la fantasía, del amor y sus palabras.

Esas palabras que transformaron mi mundo al invadirlo, que me hacen reír y me fascinan, que me trastocan, empecinadas en hacerme volar cada mañana o cada noche mientras vuelan hacia la madrugada, hacia una nueva mañana, cuando la encuentro antes siquiera de despertar del sueño.

Porque el sueño es ella, porque la soñé antes incluso de descubrir que existía, antes de descubrir su risa, sus brazos y su voz, esa voz que se transforma en la más bonita de las melodías conocidas.

Porque Ella es…. la mujer que amo.

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