Una creencia muy extendida, en cualquier país y cultura, especialmente entre los varones, es que las mujeres poseen y ejercen un gran poderío sexual. Que su poder de seducción es tal, que les permite controlar y manejar a los hombres a su antojo.

Sin embargo, la realidad demuestra una y otra vez todo lo contrario. Todavía es una minoría las mujeres que viven una sexualidad propia y placentera, sintiéndose dueñas de su propio cuerpo.

Mi trabajo como psicóloga clínica y directora del Espacio de Salud Entre Nosotras, durante más de 20 años, me ha permitido conocer una gran variedad de experiencias y reflexiones de miles de mujeres que desmienten muchos de los mitos que circulan sobre la sexualidad femenina.

Cuando en los grupos de mujeres hablamos de sexualidad y compartimos cuales son los primeros pensamientos que se nos vienen a la cabeza en torno a este tema, tenemos respuestas muy diferentes, dependiendo de las circunstancias de vida de cada una. Algunas, las menos, la relacionan con sensaciones agradables y placenteras. Otras, la mayoría, con sentimientos de frustración e insatisfacción o, incluso, vinculada a perversas violencias que experimentaron en algún momento de sus vidas.

En estos grupos de reflexión, compartimos y descubrimos cuan “empoderadas” o “desempoderadas”, respecto a su sexualidad, se consideran a sí mismas mujeres de distintas generaciones, desde las más mayores, pasando por las de edades maduras o las más jovencitas. Desde las que viven la sexualidad en matrimonio o pareja, hasta las que la viven sin tener una pareja , las que son religiosas, las que se ven obligadas a vender sus cuerpos, las que tienen opciones heterosexuales, homosexuales o bisexuales, etc.

En un clima de total sinceridad y confianza, analizamos y reflexionamos sobre los diferentes tipos de socialización sexual que hemos recibido mujeres muy diferentes y diversas, desde las que hemos sido educadas en modelos muy tradicionales, hasta las que adoptamos los modelos más modernos y “progres”. En grupo nos damos la posibilidad de descubrir las consecuencias que han tenido ciertas ideas en nuestras vidas y en nuestras formas de pensar y vivir la sexualidad.

También analizamos y reflexionamos sobre situaciones derivadas de vivencias sexuales y eróticas que tienen una gran repercusión en nuestras vidas como mujeres, tales como: nuestros embarazos, los deseados y los impuestos; nuestros partos, unos gozosos y otros dolorosos, medicalizados o de riesgo para nuestra salud; nuestras enfermedades de trasmisión sexual; nuestros abortos, los naturales o los inducidos, los legales o los criminalizados; nuestras lactancias, tanto las agradables como las frustrantes y dolorosas; nuestras menstruaciones, las vividas con naturalidad o las acompañadas de mitos y sufrimiento.
Se comparten sentimientos y reflexiones sobre las consecuencias para cada una de la existencia o carencia de abrazos, caricias, fantasías y sueños eróticos, así como los sentimientos más profundos que generan las relaciones sexuales no consentidas, las violencias, los abusos sexuales e incestos sufridos en la infancia; la prostitución , la pornografía y la trata; los acosos, las culpas, los dolores, las represiones, las insatisfacciones, los fingimientos de orgasmos y las negaciones del placer. Y, a pesar de tanta diversidad, de tantas experiencias diferentes, vamos intuyendo y reconociendo que compartimos profundas similitudes, que tenemos un núcleo común en todas nosotras: “QUE SOMOS SERES PARA LOS OTROS”.

A continuación se exponen los Modelos de Socialización Sexual y los Mandatos Sexuales que recibimos las mujeres de distintas generaciones y que después, cada una de nosotras puede acatar de forma exclusiva o, adoptar una mezcla de modelos y mandatos:

1. EL MODELO TRADICIONAL PATRIARCAL DE LAS MUJERES MAYORES

Para la mayoría de las mujeres mayores de 60, como nuestras madres y abuelas, hablar de sexualidad y de sus cuerpos ha implicado y, en muchos casos, sigue implicando, perturbación y vergüenza ante un tema que, históricamente, les fue prohibido y ocultado, del que aprendieron en la práctica, es decir, en matrimonios tempranos y en maternidades continuas, muchas veces no deseadas, en abortos que, demasiadas veces, se practicaban en condiciones deplorables y acompañados de graves peligros físicos y legales.

Para muchas de ellas, la sexualidad era un deber que cumplir sin mayores cuestionamientos, según el mandato social y religioso para el que fueron educadas y condicionadas. Su vivencia juvenil respecto a la sexualidad, está marcada por la ausencia de información, la ignorancia y numerosos mitos, pero sobre todo, por el temor de un embarazo, lo que condicionó sus vidas y las de sus hijas, ya que al ser ellas ignorantes en el tema, tampoco supieron darles a éstas las pautas para comprender este trascendental aspecto de la vida y hacerse cargo de él desde su autonomía.

LOS MANDATOS SEXUALES PARA LAS MUJERES MAYORES

  la sexualidad = la reproducci