Hoy por primera vez me siento rara en el Centro, sé con certeza que no llamarán al timbre ni mis compañeras, ni las usuarias, ni… acaso suenen los teléfonos. Podéis creerme si os digo, recordando a José Agustín Goytisolo que, “una persona, sola, así tomada de una en una, es como polvo, no es nada, no soy nada…”

Necesito que me creáis cuando os digo que en mi –más o menos larga vida laboral- esto es lo mejor que me ha pasado, es decir, trabajar con todas vosotras, disfrutar y recibir la peculiaridad de cada una, lo que me ofrecéis en el día a día me enriquece, me mantiene más viva, más convencida de que me gusta lo que estoy haciendo y más reafirmada en que todo lo que tiene que ver con las mujeres, no sólo me interesa, sino que me ayuda a descubrir que deseo seguir en el camino del aprendizaje, del asombro y de la admiración por todas ellas, por todas vosotras. Necesito seguir soñando a vuestro lado otro mundo mejor donde el sufrimiento de nuestro género no sea lo cotidiano. Quiero seguir teniendo la necesidad de revisar y aprender de mis errores, de ir creciendo en sensibilidad, en compromiso, en compañerismo, en el deseo de que no me falle el olfato necesario para estar con cada una de vosotras como corresponda a cada momento. Sufrir cuando así se presenten los acontecimiento, disfrutar cuando toquen mejores tiempos, alimentar el sentido el humor, reír… todo ello sin perder de vista que estar aquí significa seguir en búsqueda, quiero que no me abandonen las dudas, que la rigidez nunca sea compañera de mi vida. No quiero olvidar y necesito hoy volver a decirlo, que me siento privilegiada por dónde estoy, con quiénes estoy y que, gracias también a todo esto, hace que cada día sea como un nuevo regalo. Agradeceros de que me sienta una más entre vosotras y, esto -conociendo lo que hay en la calle-, podéis estar seguras de que se debe a vuestra grandeza.

Chicas, gracias por ayudarme a sacar lo mejor de mi misma, con cariño, vuestra compañera.