Por Pilar Pascual Pastor

A lo largo de todos los artículos que han precedido a este, hemos podido revisar algunas de las cuestiones que giran en torno a la maternidad y los efectos que provoca el modelo de maternidad patriarcal, aprendido, en la salud y el bienestar de las mujeres actuales. Pero ahora que sabemos todo esto, cómo podemos salir de aquí, qué podemos hacer, qué elementos podemos cambiar para que se tenga en cuenta las necesidades y deseos de las mujeres y la maternidad llegue a ser un aspecto, además de imprescindible para las sociedades sanas, beneficioso para todos sus actores: las madres y los padres y las criaturas.

Como no tenemos mapas previos que seguir os propongo ir poniendo sobre la mesa los elementos que tenemos que tener en cuenta para construir el nuevo puzzle que supondrá una maternidad saludable, principalmente para todas sus protagonistas más directas y como efecto inmediato para todos.

Antes de nada, para poder construir el mapa deberemos de escuchar lo que tienen que decir las mujeres sobre esta realidad que les afecta tan directamente. Esto es lo que hemos pretendido con la encuesta realizada. Es esencial crear espacios de debate, porque paradójicamente el modelo patriarcal que ensalza la “Maternidad” se construye sin escuchar lo que tienen que decir las mujeres, se limita a imponer un modelo universal y nos hace creer a todas y a todos que es el único y verdadero. Por supuesto, estos espacios deben de estar libres de críticas, mandatos y, sobre todo, prejuicios para que la gran diversidad que conformamos las mujeres y todos los sentimientos que genera la vivencia de la maternidad tengan cabida y no nos veamos de nuevo estigmatizadas por no coincidir con el discurso oficial.

A continuación, para construir un modelo de maternidad saludable tenemos que desmontar el modelo mentiroso del que venimos porque nos ha negado un conocimiento objetivo sobre lo que es y significa verdaderamente la maternidad. La gran mentira es mostrar una maternidad idílica y libre de dificultades y que, además, “todas” las mujeres añoran. La segunda gran mentira es hacernos creer que si no lo sentimos y vivimos de esa manera, somos mujeres raras, no naturales, o malas madres, las peores mujeres. Todo es completamente falso, las mujeres, más del 50% de los seres humanos, somos diversas, diferentes, con deseos individuales y expectativas múltiples sobre cómo queremos vivir y desarrollar nuestras vidas. Nadie tiene derecho a decirnos cómo las tenemos que vivir y mucho menos juzgarnos por nuestras propias y libres decisiones.

Poniendo en claro el significado de la maternidad:

  • La maternidad no es un instinto, es un deseo, una preferencia, una posibilidad que puede o no desarrollarse, siendo ambas opciones igual de legítimas.
  • La maternidad no es un derecho, es una función que tienen la mayoría de las mujeres, algunas no la tienen, y no por ello las primeras tienen que serlo y las segundas sufrir por no serlo.
  • Ser madre es una decisión trascendental en la vida de las mujeres que le va a condicionar el resto de su vida, por ello debe de reflexionarse en profundidad.
  • Criar es una de las tareas más complejas que existe, requiere conocimientos prácticos y estabilidad psíquica.
  • Una crianza saludable requiere recursos personales y económicos imprescindibles.
  • La falta de preparación hace que muchas mujeres se enfrentan a esta compleja tarea solas incluso al lado de hombres no responsables e incluso maltratadores.
  • La maternidad produce efectos significativos sobre la salud mental, sobre todo, si no fue una decisión sopesada, o idealizada o fue una realidad impuesta.

Todas las mujeres tendríamos que hacernos las siguientes preguntas y poder discutir con otras mujeres sobre ellas: ¿Qué significa ser madre para mí?, ¿por qué me planteo ser madre?, ¿para qué quiero serlo?

Además de desmontar los mitos, que relacionan maternidad con felicidad y sentido de la vida de las mujeres, también nos parece importante derribar las falacias en torno a la figura de la madre que propone el patriarcado:

  • Las madres como únicas responsables de la educación de las hijas y los hijos: madres castradoras; controladoras; sobreprotectoras… Culpables de todo lo que “sale mal” (curiosamente cuando los hijos “salen bien”, el éxito se comparte con el padre, el colegio, la sociedad… ).
  • Las madres como las principales responsables de la salud psíquica de las hijas y los hijos: Culpables de sus trastornos psicológicos o sus conflictos. Muchas terapias psicológicas se centran en culpar a la madre para poder sanar.
  • La perversa relación madre e hija: para las hijas, las madres son las únicas transmisoras de la subordinación y sumisión femenina. Es por ello que la mayoría de las mujeres tiene conflictos con su propia madre, que en ocasiones duran toda la vida.
  • También existe la matrofobia o no querer parecerse a la propia madre.
  • Incluso en situaciones traumáticas, de maltrato o abuso de los propios padres hacia las hijas y los hijos, estos culpabilizan más a las madres de no haberles protegido que al propio maltratador.

Otro aspecto que creemos relevante sería conocer la opinión de las mujeres que han optado libremente por la no maternidad, porque nos ayudará a tener en cuenta esta posibilidad históricamente negada y criticada. En primer lugar, estas mujeres no quieren nombrarse como mujeres sin hijas/os, porque esto implicaría asumir que tienen una carencia o que están incompletas. Ellas se sienten mujeres íntegramente plenas y prefieren denominarse mujeres libres de hijas e hijos.

  • Esta opción está en auge, alrededor del 20% de las europeas no son madres, como opción de vida.
  • Contrariamente a los mitos sobre estas mujeres, la decisión de no ser madres es una decisión muy sopesada, saben valorar los pros y contras más objetivamente, porque a pesar de estar presionadas por los mismos mandatos de la maternidad que el resto de las mujeres, se caracterizan por desarrollar más su parte de individualidad y de disfrutar de ella. Esto les permite poner en la balanza los aspectos que tienen claro que no quieren perder por la maternidad y elegir de forma más consciente y objetiva.
  • Tienen mejor conocimiento de sí mismas y saben lo que no están dispuestas a dejar por ser madres, no sienten que tengan carencias a llenar.
  • Tienen un mayor desarrollo de su autonomía y su independencia. Grandes mujeres no han sido madres.
  • Muchas de estas mujeres deciden no ser madres por conciencia social, no quieren traer más criaturas a este caótico mundo. Algunas de ellas creen que solo se plantearían ser madres por motivos de justicia social.

Una vez derribados los mitos sobre la mala madre y las mujeres que prefieren no ser madres es momento de pensar qué requisitos son necesarios para poder asegurarnos de que la elección y la decisión sobre la maternidad es la adecuada para nosotras. Después de tener claro por qué y para qué quiero ser madre ahora toca saber cuándo y cómo:

  • Antes de ser madre es imprescindible haber sido una misma, haber desarrollado la propia individualidad y la autonomía. En términos prácticos haber vivido de forma independiente tanto económica como vitalmente.
  • Reflexionar y sopesar las consecuencias que va a suponer para la vida que yo quiero tener y si son o no compatibles con la maternidad.
  • Incluir en esa reflexión las consecuencias positivas y negativas de la opción de no ser madre.
  • Conocer los requisitos que debo “asegurarme (le)” para conocer y satisfacer las necesidades de la futura criatura. Recibir información sobre las necesidades de las criaturas y sobre modelos educativos básicos.
  • Pensar y definir el modelo de maternidad que deseo y prepararlo:
  1. Si es compartida, conocer lo suficiente a la pareja y estar de acuerdo en el momento de la decisión.
  2. Si existe el acuerdo, negociar por escrito el modelo de crianza, permisos por maternidad y paternidad; tiempos de cuidados posteriores…
  3. Una persona que no es corresponsable en el cuidado doméstico tiende a no serlo en el cuidado de las criaturas.
  4. Si se necesita red de apoyo, construirla.
  • Pensar en qué recursos voy a necesitar para poder compatibilizar la maternidad con mis otras facetas vitales.

Hasta ahora vemos que las verdaderas variables que están en juego para cuestionarse la decisión de la maternidad son: un conocimiento objetivo y sin engaños, que la salud integral de la mujer esté asegurada y que la mujer tenga el empoderamiento personal necesario para poder decidir de forma consciente teniendo en cuenta sus necesidades, sus deseos y sus posibilidades reales. Y, además, una vez que la mujer ha tomado la decisión, sea la que sea, se respete y nadie la juzgue.

Y ya para terminar, podéis leer las conclusiones en forma de decálogo que recogen las claves para una maternidad saludable.

Por Pilar Pascual Pastor, psicóloga experta en género y coordinadora de AMS

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