En estos últimos días han aparecido
en la prensa unas altisonantes
y nada afortunadas
declaraciones de los obispos
españoles en relación al cuarto supuesto
de la ley del aborto. Hemos podido comprobar,
con dolor, como una vez más la voz
de nuestros pastores parece tan insensible
y lejana, no sólo de la realidad social,
son incluso de su propia feligresía.

Como mujeres, como madres y como
católicas no queremos permanecer calladas
ante lo que juzgamos un desatino, un
abuso de autoridad e incluso un atropello
contra miles de mujeres de este país y
contra la sociedad en general.

Nos parece un desatino porque, ¿cómo
puede la jerarquía eclesiástica, contraria
a la utilización de los anticonceptivos,
insensible a los problemas de miles de
parejas a la hora de planificar sus familias,
ajena a los problemas y a los derechos de
las mujeres a controlar sus cuerpos, su
salud y su vida, emplear adjetivos como
“asesinato consentido”?

Nos parece un abuso de autoridad porque,
¿cómo, a estas alturas de siglo, puede
arrogarse el derecho a pontificar sobre
la vida y la reproducción sin escuchar la
voz y el trabajo de miles de colectivos de
mujeres afectadas directamente por este
tema y por todo lo que atañe a la vida y al
bienestar de las mismas?, ¿pero es posible
hoy en día, en nombre de los “derechos
humanos” no detenerse a escuchar a las
directamente afectadas y al margen de
sus problemas y sensibilidad, dictar lo
que es bueno o malo en base a teorías
más que discutibles sobre el origen de
la vida?

Nos parece un atropello por el tono duro
y culpabilizador que emplean contra mujeres
que fundamentalmente cometen el
horrible pecado de disponer de sus vidas
sin pedir permiso. ¿Por qué no emplean
el mismo tono para condenar las guerras,
incluso las santas, el tráfico de armas, el
negocio de las drogas, los bombardeos
a pueblos indefensos en nombre de la
libertad, la pena de muerte consentida,
etc…?

Señores obispos, las mujeres incluso
las que nos consideramos creyentes y
católicas hemos luchado muy duro para
alcanzar la mayoría social y moral y nos
sentimos capaces de tomar decisiones
responsables sobre nuestras vidas. Somos
adultas, profesionales competentes,
madres de familia, comprometidas en
miles de causas de justicia social. Somos
“sujetos morales” capaces de tomar decisiones
con libertad y autonomía y para
alcanzar el puesto que hoy ocupamos en
la sociedad hemos tenido que sacudirnos
siglos de autoridad patriarcal que nos
asignaba un lugar silencioso e invisible
en la sociedad y en la Iglesia.

Somos expertas en eso de dar y cuidar la
vida, seamos o no doctoras de la Iglesia,
y sabemos también mucho de los dolores
y de la “muerte” que acarrea a muchas
mujeres, especialmente a las más pobres,
la maternidad que no puede ser asumida.
Sabemos también mucho, de la doble
moral que impera en nuestra sociedad en
todo lo que atañe a temas de sexualidad
y reproducción, gracias en gran medida,
a la rigidez de las normas.

Señores obispos, estamos hartas de la
exclusión, del atropello sistemático a los
“derechos de las mujeres” especialmente
a sus derechos sexuales. Estamos hartas
de paternalismo y desde luego de que se
nos acuse de crímenes nefandos, a cada
paso que intentamos para avanzar en el
control de nuestras vidas.

Señores obispos, necesitamos información
suficiente sobre nuestra sexualidad
y nuestros cuerpos, libertad y autonomía
para decidir lo que nos parezca justo,
medios sociales para que esto sea posible.
No estamos dispuestas a consentir
que “hombres célibes”, por muy obispos
que sean, nos digan qué tenemos que
hacer con nuestros cuerpos y nuestra
felicidad.

Señores obispos, ¡basta ya! Sean capaces
de bajar de su cátedra, escuchar a
las mujeres y de potenciar su proceso de
liberación, porque no hacerlo es también
un “crimen” contra la mitad del género
humano.

Católicas por el Derecho a Decidir

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