Como cada año, este 7 de abril celebramos el Día Mundial de la Salud para conmemorar el aniversario de la fundación de la Organización Mundial de la Salud en 1948. En Mujeres para la Salud trabajamos para mejorar la salud integral y, en especial, la salud mental de las mujeres, por lo que este día nos parece especialmente importante.


La salud es un estado de completo bienestar físico y mental. No es sólo ausencia de enfermedad, sino un adecuado equilibrio entre las condiciones físicas, mentales, culturales y sociales de la humanidad. Sin embargo, la salud se ha mirado tradicionalmente desde una óptica masculina, dejando a un lado las investigaciones específicas sobre la salud de las mujeres y olvidando las enfermedades o situaciones que nos afectan únicamente a las mujeres.

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Por ejemplo, ¿sabíais que el clítoris, el único órgano femenino destinado exclusivamente a proporcionarnos placer, no fue estudiado en profundidad hasta 1998? Sí, habéis leído bien: 1998. Este dato pone de manifiesto que la salud de las mujeres, tanto la salud física como la salud mental, ha sido muy apartada durante muchos años.

La medicina tradicional nos enseña a ver procesos naturales intrínsecos a las mujeres como la menopausia o la menstruación desde una óptica negativa, generando un rechazo y medicadizando estos procesos. En segundo lugar, no se lleva a cabo una investigación diferenciada en función de nuestro sexo, cuando algunos de los problemas de salud que afectan a hombres y mujeres pueden afectarnos a nosotras de una manera diferente o nos afectan solo a nosotras, como el cáncer de útero. Por ejemplo, las mujeres tenemos más probabilidades de morir a causa de un ataque al corazón o más probabilidades de mostrar signos de malestar en nuestra salud mental, como la depresión y la ansiedad.

En estos términos, en Mujeres para la Salud creemos que los mandatos de género y los estereotipos que cuelgan sobre uno u otro sexo nos afectan de una manera diferenciada a las mujeres, generándonos malestares en nuestra salud mental que desembocan en muchos casos en depresión. Con esta idea, acuñamos el término Depresión de Género para definir esa depresión que está influenciada por los factores psicosociales y por la violencia estructural de la que somos víctimas a diario todas las mujeres sobre la faz de la Tierra. Por ello es especialmente importante incorporar la perspectiva de género al tratamiento de la Depresión de Género, haciéndonos conscientes de los roles, mandatos y estereotipos a los que estamos sometidas las mujeres para así lograr empoderarnos y coger esas fuerzas que necesitamos para superar nuestros malestares.

Por otra parte, la violencia estructural contra las mujeres, presente en todas las esferas de esta sociedad, ha hecho surgir nuevas preocupaciones por cuestiones de salud en los países industrializados, cuestiones que apenas se conocían hace unos años. Entre estas, podemos destacar la anorexia y demás trastornos del peso o enfermedades relacionadas con la apariencia física, como las operaciones estéticas entre la infancia y la adolescencia.

En definitiva, según afirma la Organización Mundial de la Salud (OMS), las diferencias biológicas y sociales o el hecho de pertenecer a uno u otro sexo tiene un gran impacto en la salud y la salud de las mujeres y niñas se encuentra, en muchas sociedades, en una situación de desventaja derivada de la discriminación condicionada por factores socioculturales, como las desigualdades en las relaciones de poder entre hombres y mujeres, o el padecimiento potencial o real de violencia física, sexual y emocional.

También la Organización Panamericana de la Salud (OPS) pone de manifiesto que “cuando se trata de la salud, los roles, las normas y las relaciones de género pueden actuar como factores de protección o de riesgo para las mujeres y los hombres. Sin embargo, debido a la situación desfavorecida de las mujeres en el plano social, económico y político, a menudo les resulta más difícil proteger y promover su propia salud física, emocional y mental, incluido el uso eficaz de información y servicios de salud.”

Aunque las mujeres vivimos por término medio unos cuatro años más que los hombres (una media realizada por la OMS en relación a todo el planeta), generalmente pasamos estos años de vida adicionales con mala salud y nuestra calidad de vida es menor debido a una serie de factores sanitarios y sociales. Además, las desigualdades en el acceso a la información, la atención y las prácticas sanitarias básicas aumentan aún más los riesgos para la salud de las mujeres.

En la mayoría de las sociedades la mujer tiene un menor estatus social que el hombre, lo que se traduce en relaciones de poder desiguales. Por ejemplo, la mujer se encuentra en condiciones de inferioridad en la familia, la comunidad y la sociedad en general. Tiene un menor grado de acceso a los recursos y de control sobre los mismos, y un menor peso que los hombres en la toma de decisiones. Todos estos factores han llevado a restar importancia a la salud de la mujer y a no prestarle la debida atención. (Organización Mundial de la Salud)

Por todos estos motivos, en Mujeres para la Salud consideramos que la incorporación de la perspectiva de género en la salud física, mental e integral de las mujeres, es decir, abordar la influencia que tienen los factores sociales, culturales y biológicos en los resultados sanitarios para así mejorar su eficiencia, cobertura y equidad, es una labor que no podemos posponer. Partiendo del reconocimiento de las diferencias entre el hombre y la mujer podremos determinar cómo difieren los resultados, experiencias y riesgos sanitarios entre ambos sexos y actuar en consecuencia.

La OPS afirma rotundamente que “se necesita con urgencia una nueva manera de pensar, una nueva manera de proceder, para abordar las inequidades mundiales en el campo de la salud y las diferentes necesidades y problemas de salud de los hombres y las mujeres, los niños y las niñas.” No podemos estar más de acuerdo con esta sentencia.

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