Durante años, muchos países y regiones han celebrado un día nacional -incluso semanas- del refugiado. Uno de los más conocidos fue el Día del Refugiado Africano, que se celebra el 20 de junio en varios países.

Como una expresión de solidaridad con África, continente que alberga a la mayoría de los refugiados del mundo, la Asamblea General de las Naciones Unidas, adoptó la resolución 55/76 el 4 de diciembre de 2000. En esta resolución, la Asamblea General tomó nota de que en el año 2001 se cumpliría el cincuentenario de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, y de que la Organización de la Unidad Africana (OUA) había convenido en que la celebración de un día internacional de los refugiados podría coincidir con la del Día de los Refugiados en África, que se observa el 20 de junio.

Por consiguiente, decidió que, a partir del año 2001, el día 20 de junio sea el Día Mundial de los Refugiados.

Este año, en su 60º aniversario, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) celebrará el Día Mundial de los Refugiados con una programación de diversos eventos en distintas zonas del mundo y el lanzamiento de una campaña internacional de toma de conciencia.

Asimismo, se realizará el despliegue de la campaña multimedia «One» y durante los siguientes seis meses se promoverá la toma de conciencia sobre los desplazados a la fuerza y apátridas a través de historias personales impactantes.

La campaña lleva el mensaje de «Un refugiado sin esperanza, es demasiado». Cada día, millones de refugiados se enfrentan a asesinatos, violaciones y el terror. Creemos que incluso 1, es demasiado.

Mujeres y niñas refugiadas victimas de múltiples formas de violencia de género.

Quienes estamos preocupados por la violencia contra las mujeres y las niñas refugiadas estaremos de acuerdo en dos cosas: la primera es que se trata de un problema grave por su magnitud y la segunda es que aunque ha habido muchos intentos por abordar el problema durante las últimas tres décadas, queda por evaluar la efectividad de los resultados.

Las mujeres y las niñas refugiadas están expuestas a múltiples formas de violencia. El desplazamiento que trae consigo vivir en lugares en los que se producen conflictos armados convierte a las mujeres y niñas en víctimas de asesinatos, violaciones, esclavitud sexual, prostitución forzada, trata de personas y pobreza extrema y las expone a un mayor riesgo de violencia infligida por sus parejas, familiares o los miembros de su comunidad.

Un informe reciente del Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer, según el cual medio millón de mujeres fueron violadas en Rwanda durante el genocidio de 1994, pone de manifiesto la gravedad del problema .

Además, el informe indica que se denunciaron 60.000 casos de violaciones de mujeres en Croacia y Bosnia y Herzegovina durante el conflicto en la ex Yugoslavia. Otra publicación reciente, basada en un estudio del año 2000, contiene cifras alarmantes similares : entre 50.000 y 64.000 desplazadas internas fueron sometidas a abusos sexuales durante el conflicto armado de Sierra Leona.

Esta misma fuente señala además que tan solo entre octubre de 2004 y febrero de 2005, Médicos Sin Fronteras dispensó tratamiento a 500 mujeres que habían sido violadas en Darfur.

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