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Experiencias saludables de mujeres mayores en Latinoamérica
El abuso sexual es otra forma de violencia de género y abuso de poder, la peor de todas, especialmente cuando se manifiesta sobre niñas y adolescentes. Un abuso de poder que marcará su vida, especialmente cuando el abuso se convierte en violación. El abusador/violador se refugia en el secreto, que le protege y le permite repetir la misma actuación con otras niñas de su familia. Porque aunque sea descubierto por algún otro miembro de la unidad familiar, el hecho de hacerlo público es tan espantoso que generalmente callan para proteger la imagen de la familia. Esta ley del silencio agudiza los efectos y las consecuencias que la víctima sufrirá durante gran parte de su vida.
El ASI se refiere a cualquier conducta sexual mantenida entre dos personas (al menos una de ellas menor), entre las que existe una situación de desigualdad y en la que la menor es utilizada para la estimulación sexual de otra persona. Más que la diferencia de edad - factor, sin duda, fundamental que distorsiona toda posibilidad de relación libremente consentida - lo que define el abuso es la asimetría entre los implicados en la relación y la presencia de coacción (explícita o implícita) (López, 1997; Sosa y Capafons, 1996).
Las conductas abusivas incluyen un contacto físico o supone la utilización del/la menor como objeto de estimulación sexual del agresor o incluso terceras personas, como cuando se utiliza a un/una niño/a para la producción de pornografía (Madansky, 1996).
En Mujeres para la Salud llevamos 25 años desarrollando terapias especializadas para mujeres adultas que sufren los efectos y las consecuencias de haber sido victimas en su infancia y/o adolecescencia de abusos sexuales o incestos.
Nuestra intervención psicológica consiste en primer lugar en unas sesiones de terapia individual seguidas de la participación en un taller de grupo con otras mujeres que también están traumatizadas por esta terrible forma de violencia en la infancia.
El Taller para Mujeres victimas de Absusos sexuales o incesto se prolongan a lo largo de unos seis meses, dos horas por semana y se complementan con tareas individuales relacionadas con cada sesión.
El objetivo de nuestro trabajo en estos talleres es que cada una de las participantes elija la forma más adecuada para ella de “sanar sus heridas”. En muchos casos lo hará desenmascarando al agresor, enfrentándolo, rompiendo el silencio, denunciando su violencia o hablando con otros miembros de la familia de la experiencia vivida. A veces con las hermanas, descubriendo en la mayoría de los casos que también ellas han sido abusadas.
Para ello, trabajamos las siguientes áreas:
1. Aprender a verbalizar la experiencia
abusiva. Ponerle palabras y nombrarla.
2. Conocer y definir el origen y las causas
de los abusos sexuales y el incesto
como expresión de poder, violencia
y explotación contra las mujeres.
3. Tomar conciencia de que la experiencia
es común para muchas mujeres (no
es una excepción).
4. Aclarar la responsabilidad del agresor
y del sistema patriarcal, generador
de esta violencia.
5. Asumir la experiencia vivida, desculpabilizándose
como víctima.
6. Relacionar su comportamiento actual,
sus problemas y conflictos con
la experiencia abusiva vivida. Es decir,
reconocer los efectos del incesto
en sus vidas.
7. Identificar las secuelas que ha dejado
el incesto en su comportamiento sexual
y propiciar los cambios necesarios para
recuperar su sexualidad.
8. Sanar el dolor, aprender a recuperar su
sexualidad y a quererse desarrollando
la confianza, la autoafirmación y la
autoestima.
9. Entender que sus madres no son las
agresoras ni las culpables, sino otras
víctimas del agresor y del sistema.
10. Trabajar con el propio cuerpo para
reencontrarlo, valorarlo, quererlo, sensibilizarlo
positivamente.
11. Elaborar su propia carta de derechos.