La cirugía estética y el botox para mujeres imperfectas

Lunes 30 de abril de 2012, por Pilar Pascual Pastor




Nuestro cuerpo siempre expuesto a ser mirado, escrutado, examinado, admirado, criticado y eternamente juzgado por la mirada ajena, o bien del hombre que aprueba y al fin decide, bien por otra mujer que evalúa si estás o no dentro de los límites de la belleza impuesta para estar en el mercado, no sólo afectivo y/o sexual, sino de éxito total, porque tener un cuerpo “diez” es garantía de felicidad absoluta. Hablar del cuerpo de las mujeres es hablar de uno de los pilares esenciales del control que ejerce el patriarcado sobre nosotras.

Todas las mujeres incluimos en nuestro aprendizaje de la identidad de género que uno de nuestros valores es el cuerpo (pero sólo para ser admirado/criticado por los/as demás) y que ser evaluada por ello es parte intrínseca y totalmente normal de nuestro ser mujer. ¡Cuánto sufrimiento malgastado, cuánto tiempo derrochado, cuando nuestro cuerpo no cumple con el modelo impuesto!

La belleza, término abstracto donde los haya, subjetivo, generador de discusión, debate y por supuesto, controversia en todos los campos donde se intenta definir. Todos excepto cuando hablamos de la belleza femenina, en la que parece haber un acuerdo casi total, que sólo varía dependiendo del momento histórico. En la actualidad, parece que son bellas las mujeres jóvenes, blancas, caucásicas, extremadamente delgadas, mejor rubias, mejor con labios y pómulos abultados, clavículas marcadas, pechos generosos y por supuesto occidentales, porque este modelo-tipo lo impone occidente, el mal llamado “primer mundo”. Hasta tal punto esto es así, que las mujeres orientales corrigen sus ojos para que sean más redondos y las mujeres de piel oscura intentan aclararla para que parezca más blanca.

En cada época histórica, en las sociedades patriarcales se decide el canon de belleza que debe regir, normalmente muy difícil de cumplir para la mayoría de las mujeres, y se convierte en uno de sus referentes para casi todas las mujeres en dicha sociedad. Así es como aprendemos a valorar nuestro bienestar, en función de que nuestro cuerpo se acerque más o menos a dicho canon.

Todas sabemos el tiempo que consumimos pensando si nuestro cuerpo está bien o mal, si entra en un pantalón o en otro, y todo el sufrimiento y amargura que nos genera. Ahora vamos a intentar un ejercicio de imaginación: ¿qué sería del mundo si las mujeres (más del 50% de la humanidad) hubieran aprovechado todo ese tiempo y esfuerzo, en algún objetivo más productivo y beneficioso para todas/os nosotras/os? Estamos seguras de que el mundo sería otro.

Pero, en realidad, ¿a quién interesa que estemos embobadas en la absurda tarea de conseguir, la mayoría de las veces, un imposible? Contestar a esta pregunta es llegar al fondo de la cuestión, al hecho de que incitar a las mujeres desde pequeñitas a perseguir un canon de belleza absurdo, es tenerlas muy ocupadas y aturdidas, para así mantener la esencia del sistema social patriarcal y que los hombres sigan estando donde “tienen que estar”, ejerciendo el poder y el control. Como siempre, no dejamos de sorprendemos ante la tremenda sutileza y sobre todo, la gran eficacia educativa del machismo.

Por el Espacio de Salud “Entre Nosotras” pasan al año multitud de mujeres, cada una con su cuerpo conforma una gran amalgama de formas y tamaños, grandes y pequeños, caras redondas o afiladas, sonrisas penetrantes, tristezas profundas,… es un placer verlas a todas juntas en el bar, antes de empezar una sesión de taller. Son muchas las razones que las han hecho venir al centro, casi todas las comparten, porque tienen un mismo origen, su educación de mujer, pero en lo que sí, seguro que coinciden, es “en sacarle un pero a su cuerpo”, ¡que si cambiarían algo de él!, ¡que si les sobra esto o les falta aquello!, ¡que si tienen mucho o poco...! y da lo mismo que sean jóvenes, menos jóvenes o mayores, todas las edades comparten esta faceta de insatisfacción o de disgusto.

Desde hace varios años irrumpió en nuestras vidas la solución al sufrimiento de muchas de nosotras, o al menos esto es lo que prometen los/as cirujanos/as estéticos o las maravillas en forma de “botox” de los tratamientos de belleza, que indirectamente cubren el espacio del mercado para todas aquellas que consideramos un exceso de tortura pasar por un quirófano. Y todo ello, con un halo de preocupación por nosotras y nuestro bienestar, pero en realidad enmascarando el impresionante filón económico que supone este gran negocio. Además son ellos y ellas, los/as cirujanos/as, partiendo de esta supuesta neutralidad de la cirugía, quienes creyéndose dioses/as, deciden cómo y de qué manera moldean nuestro cuerpo para que seamos felices. Pero ya vimos que hasta la cirugía discrimina toda forma corporal que difiera del modelo-tipo e incluso aquellas de carácter étnico. Recordad “sólo será feliz una mujer joven, caucásica y delgada, pero con buena delantera”.

La fórmula que nos venden es la siguiente: si quieres aliviar tu sufrimiento (paradójicamente), quítate las cartucheras, succiónate la celulitis, ponte otra nariz, rellena tus labios, borra tus rasgos étnicos, aumenta tus pechos, o inyéctate una toxina botulínica (botox) para rellenar tus arrugas (eso sí cada cuatro meses, que no es eterna), entonces serás feliz (ligarás mucho, conseguirás un hombre cañon, el ascenso que esperabas,…) y tendrás más éxito (en todo lo que te propongas), porque parecerás más joven, y capaz de comerte el mundo.

Si nos preguntamos cómo está la situación en estos momentos en nuestro país, cuando se acaba de aprobar la Ley de Igualdad entre mujeres y hombres, es como para echarse a llorar. El culto al cuerpo y a la juventud en la actualidad se está convirtiendo en una de las mayores obsesiones de muchas de nosotras. España es el país europeo en el que mayor número de intervenciones estéticas se realizan. Cada vez son más las mujeres que acceden a este tipo de operaciones, cada vez con mayor normalidad, y cada vez más jóvenes. El porcentaje de mujeres que pasan por el quirófano con fines estéticos es de un 90% frente a un 10% de hombres, y la edad media está entre los 21 y 50 años. Antes era un artículo de lujo, ahora es un artículo de consumo que cada vez más gente está dispuesta a pagar. El año pasado se realizaron 350.000 intervenciones de este tipo. En España se factura anualmente 600 millones de euros. Como vemos un negocio muy rentable y por el momento imparable. Este es el verdadero argumento a tener en cuenta (Fuente datos estadísticos: www.diagonalperiodico.net).

Ahora no es extraño que los padres de niñas cuasi-adolescentes regalen a sus hijas una operación de aumento de pecho (entorno a 5.000 €). Lo que sí es raro, es que nos enteremos de que estos padres le están regalando a su hija, tres (como mínimo) visitas al quirófano (con sus correspondientes riesgos) a repartir el resto de su vida, porque la silicona caduca y ha de cambiarse cada ocho o diez años, y tampoco nos enteremos del resto de efectos secundarios que conlleva. Pero si hay un dato que nos debería hacer reflexionar es que cada vez son más las mujeres que se operan que son “normales”, es decir, que no lo necesitan aparentemente. Persiguen una quimera todavía más irreal, una carrera sin final. Además de ser una mujer “diez” tengo que parecerme a tal actriz o a tal otra mujer de éxito. En fin una locura.

¿Hasta cuándo nos vamos a creer todas estas mentiras?, ¿cuándo vamos a ser objetivas con nosotras mismas y a no dejarnos llevar por lo que opinen los/as demás? Tenemos que hacerlo, en primer lugar por nosotras, pero también por nuestras niñas e hijas, porque todavía estamos a tiempo para enseñarles a quererse tal y como son y para que sean felices, sean cuales sean sus rasgos físicos. Si echamos una simple mirada a los mensajes sobre el cuerpo que reciben las niñas y las adolescentes actualmente comprobaremos que nunca han tenido tanta presión y desde tan pequeñas. Mirad las muñecas con las que juegan, super delgadas, con atributos sexuales marcados, con los labios abultados y totalmente maquilladas (Muñecas Bratz, por ejemplo). Y que decir, de la ropa que venden para las niñas y las adolescentes, imitando la ropa sexy de mujeres maduras. Escuchad las preocupaciones sobre el peso de niñas de 5 o 6 años, o el rechazo social que siente una niña con un peso un poco por encima del modelo-tipo. Estos son algunos indicadores de esta tremenda realidad.

Como en casi todas las batallas a las que nos enfrentamos las mujeres la propuesta de “Entre Nosotras” es empezar por aliarnos y reconstruir todas juntas. Id pasando la voz de que no queremos ser todas 90-60-90. Y después de valorar los terribles efectos que sigue teniendo esta sinrazón en nuestras vidas, continuamos redefiniendo nuestro cuerpo, buscando nosotras mismas la forma y la importancia que querernos concederle, y sobre todo aprendiendo a mirarlo y valorarlo como hasta ahora nadie nos había propuesto. Como nosotras queremos.

Y seguimos soltando los lastres de nuestra educación machista (después del mito sobre el cuerpo nos queda la otra gran mentira, la del amor romántico que nos venden a las mujeres, y después la de ser buenas, sumisas y competentes, para beneficio de todo ser que nos rodee, y un largo etc.…). Sólo así podremos estar preparadas para la tarea de buscar la felicidad, que no es otra cosa que aprender a centrarnos en nosotras mismas, aceptarnos, ir descubriendo lo que deseamos como seres individuales e ir a por ello, día a día, sin olvidar que en este camino estamos todas las mujeres y que juntas podremos ir más deprisa y sin tanto peso.

Así podremos apreciar una arruga como la huella de una experiencia vivida, (¡y que bien poder vivir la vida!), o una estría como la vida que hubo dentro, o una cana como un hilo de plata que luce en nuestro pelo. Y sobre todo, aprenderemos a valorar las múltiples formas del cuerpo femenino como maravillosas diferencias que nos hacen ser únicas y verdaderas, tengamos la edad que tengamos.

Reivindicamos la imperfección y la diversidad como nuestro particular canon de belleza.

Ver en línea : Artículo extraido de "La Boletina" Nº XXVI-2007

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